La playa de Muchavista, en El Campello, ha sido escenario esta madrugada de uno de esos espectáculos que la naturaleza regala de vez en cuando y que confirman que la recuperación de las tortugas marinas en el Mediterráneo es una realidad. Un total de 45 crías de tortuga boba han salido del nido que un grupo de voluntarios protegía desde finales de julio, y tras ser examinadas por los expertos, emprendieron su primer viaje hacia el mar en plenas condiciones de salud.
El nacimiento se produjo pasadas las 1:20 de la madrugada, y para las 4:00 horas ya habían emergido casi medio centenar de ejemplares de los 61 huevos que componían la puesta. Los responsables del dispositivo, coordinados por la asociación Ágoras Climáticas y Xaloc con el respaldo del Ayuntamiento de El Campello, esperan que a lo largo de la jornada puedan completarse el resto de eclosiones, ya que en el nido todavía permanecen algunos huevos cuyo desarrollo sigue bajo supervisión.
Un operativo impecable de custodia ciudadana
La eclosión pone fin a semanas de espera y de trabajo incansable. El nido fue localizado el pasado 29 de julio en un tramo de arenal muy frecuentado por bañistas, lo que llevó a los técnicos de la Universitat de València y del Oceanogràfic a recomendar su traslado a una zona más tranquila, el Rincón de la Zofra. Allí, un grupo de voluntarios levantó un campamento de vigilancia que ha funcionado durante más de 44 días, con turnos que se intensificaron hasta cubrir las 24 horas del día en los últimos diez días, ante la cercanía de la eclosión.
Un fenómeno que gana presencia en las costas mediterráneas
El de El Campello no es un caso aislado. El incremento de nidificaciones de tortuga boba en el litoral mediterráneo se viene observando en los últimos años, un fenómeno que los expertos relacionan con el calentamiento de las aguas y que obliga a los municipios costeros a estar preparados para actuar con rapidez y eficacia. De ahí que el Ayuntamiento de El Campello, junto a Ágoras Climáticas y Xaloc, organizara hace unas semanas una jornada técnica y ciudadana sobre estos episodios, en la que el investigador de la Unidad de Zoología Marina del Instituto Cavanilles de la Universitat de València, Jesús Tomás, explicó los protocolos de rescate, protección y supervisión de nidos.
La presencia de Jesús Tomás en la playa durante los días previos a la eclosión no fue casualidad. El experto, que se desplazó hasta Muchavista el martes al considerar que el nacimiento podía producirse en cuestión de horas, es una pieza clave en este tipo de operativos. La colaboración entre administraciones, entidades científicas y voluntariado se ha revelado como la fórmula más eficaz para asegurar la supervivencia de estas crías en un entorno tan humanizado como la costa alicantina.
Más que un nacimiento: una labor de concienciación
El campamento instalado junto al nido no solo ha cumplido una función de vigilancia. Durante las últimas semanas, se convirtió en un punto de encuentro para vecinos y visitantes, y en un aula al aire libre para los más pequeños. Los voluntarios han organizado actividades semanales orientadas a menores y adolescentes, a quienes, mediante juegos y dinámicas participativas, han enseñado a respetar la naturaleza, además de explicar el ciclo de vida de las tortugas marinas y las amenazas a las que se enfrentan por la contaminación y el cambio climático.
La concejalía de Turismo del Ayuntamiento de El Campello, dirigida por Marisa Navarro, y la de Medio Ambiente, a cargo de Marcos Martínez, han prestado su colaboración a las asociaciones responsables de la vigilancia. Un respaldo institucional que se suma al de entidades como Fundación Reale y Sea Shepherd España, que han patrocinado el dispositivo y han hecho posible la continuidad del campamento durante todo este tiempo.

La tortuga boba: una especie vulnerable que necesita protección
La Caretta caretta o tortuga boba es la tortuga de caparazón duro más grande del mundo. Los adultos pueden alcanzar un peso de entre 80 y 200 kilogramos y una longitud de 70 a 95 centímetros, pero al nacer apenas miden 4,6 centímetros y pesan unos 20 gramos, según precisan fuentes municipales. La especie está catalogada como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y figura en el catálogo internacional de especies amenazadas, por lo que su conservación exige esfuerzos de cooperación a todos los niveles.
Afortunadamente, la caza de estas tortugas ha disminuido de manera notable gracias a la legislación internacional que las protege, aunque todavía se consume su carne y sus huevos en algunos países donde las leyes no se cumplen con rigor. La falsa creencia de que los huevos de tortuga tienen propiedades afrodisíacas, absolutamente desmentida por la ciencia, sigue siendo una de las principales amenazas para la especie en otras latitudes.
En España, y concretamente en la Comunidad Valenciana, se ha avanzado mucho en los últimos años. Desde hace siete años, municipios como El Campello participan en campañas de divulgación con cartelería en los arenales y charlas informativas sobre cómo actuar ante una nidada. La llegada de tortugas bobas a playas del litoral se ha convertido en un evento cada vez menos excepcional, y la ciudadanía está respondiendo con una implicación que los expertos califican de ejemplar.

