Alerta por el colapso masivo de anfibios en los Andes colombianos según una investigación española

  • Un estudio liderado por el CSIC revela la desaparición del 67% de las especies de anfibios en la Reserva Natural La Planada.
  • El hongo Batrachochytrium dendrobatidis se identifica como el principal responsable de este declive poblacional.
  • La comparación con datos de hace cuatro décadas evidencia una pérdida de diversidad sin precedentes a pesar de la buena conservación del hábitat.
  • El cambio climático y el aumento de las temperaturas están agravando la vulnerabilidad de las especies supervivientes.

Anfibios en peligro de extinción en la reserva natural

Un grupo de expertos vinculados al Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) de Madrid ha dado la voz de alarma tras constatar un colapso biológico de gran magnitud en una de las zonas más biodiversas de Sudamérica. Tras años de trabajo de campo, los datos son bastante claros y preocupantes: casi siete de cada diez especies de anfibios que habitaban la Reserva Natural La Planada han desaparecido del mapa, dejando un ecosistema mucho más pobre de lo que se recordaba.

Esta investigación ha sido posible gracias a la labor de los investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales, quienes decidieron contrastar la situación actual con los registros obtenidos hace ya cuarenta años. Lo que se han encontrado es un escenario que pocos querían imaginar, donde la variedad de ranas y salamandras ha caído en picado, pasando de un entorno vibrante y lleno de vida a uno donde apenas unas pocas especies logran salir adelante a duras penas.

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El hongo asesino que no necesita deforestación

Lo más llamativo de este desastre ambiental es que no se debe a la tala de árboles ni a la contaminación directa de los suelos. Los científicos han señalado con el dedo al verdadero culpable: un microorganismo llamado Batrachochytrium dendrobatidis. Se trata de un hongo patógeno responsable de la quitridiomicosis, una enfermedad que está haciendo estragos a nivel mundial y que parece haberse ensañado con especial fuerza en este rincón de los Andes colombianos.

Resulta bastante inquietante ver cómo el hongo ha logrado diezmar las poblaciones incluso en áreas donde el bosque está aparentemente intacto. Según los expertos, el patógeno llegó a la zona probablemente a finales de los años ochenta, y desde entonces no ha dejado de propagarse. A día de hoy, la prevalencia de la infección ronda el 30% en los animales que aún resisten, lo que demuestra que la amenaza sigue estando muy presente en el ecosistema.

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Una comparativa histórica demoledora

El valor de este estudio reside en que no se basa en suposiciones, sino en una comparativa real con un inventario realizado en 1986. En aquel entonces, antes de que los conflictos sociales dificultaran el acceso a la reserva, se contabilizaron hasta 39 especies distintas. Sin embargo, las expediciones más recientes apenas han logrado identificar trece tipos de anfibios diferentes, lo que supone un recorte drástico en la historia evolutiva de la región.

Esta situación ha provocado lo que en ciencia se llama homogeneización biológica. Básicamente, esto significa que se pierden las funciones únicas que cada especie cumplía en el bosque, simplificando el entorno y haciéndolo mucho más frágil ante cualquier contratiempo. Es una pérdida de resiliencia ambiental alarmante que pone en jaque la capacidad del bosque nublado para adaptarse a los retos del futuro.

  • Desaparición de familias enteras de anfibios con estrategias de vida únicas.
  • Dominio de unas pocas especies que logran convivir con el patógeno.
  • Efecto acumulativo del calentamiento global en la propagación del hongo.

El clima como aliado de la enfermedad

No podemos olvidar que el entorno también está cambiando y no precisamente para ayudar a los animales. Desde los años ochenta, la temperatura media en la región ha subido aproximadamente un grado y las lluvias han escaseado más de lo habitual. Estas condiciones climáticas favorecen al patógeno mientras que, al mismo tiempo, generan un estrés adicional en los anfibios, que ven cómo su sistema inmunológico se debilita frente a la infección.

Incluso las especies que todavía se ven con frecuencia están actuando, sin quererlo, como reservorios de la enfermedad. Estos ejemplares son capaces de portar el hongo sin morir de inmediato, lo que facilita que el problema se mantenga activo y se siga transmitiendo a otros individuos más vulnerables. Es un ciclo de contagio persistente y difícil de romper que complica cualquier intento de recuperación natural de la biodiversidad perdida.

La realidad actual de la Reserva Natural La Planada nos muestra la fragilidad de nuestros ecosistemas frente a las enfermedades emergentes y cómo el registro histórico es vital para no normalizar paisajes ya degradados. A pesar de la crudeza de los datos, el estudio abre una puerta al optimismo científico, ya que entender cómo sobreviven las especies restantes podría darnos las claves para futuras estrategias de conservación más eficaces, tanto en el continente americano como en las zonas amenazadas de Europa.

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