Los peces Betta son uno de los peces más fáciles de reproducir en acuario doméstico, por lo que si eres inexperto en este proceso, no debes alarmarte: con una buena preparación del acuario y una elección adecuada de la pareja, este tipo de peces hace el proceso de cría bastante sencillo y muy interesante de observar.
Cómo elegir correctamente al macho y la hembra Betta

Lo primero que debes hacer es saber elegir el macho y la hembra que quieres juntar para que se reproduzcan. Es fundamental escoger dos ejemplares con gran vitalidad, buena actividad diaria y aletas íntegras, sin desgarros ni signos de enfermedad.
Te recomiendo que escojas dos peces que hayas estado alimentando con alimento vivo (artemia, larvas de mosquito, daphnia) y vegetales, durante por lo menos dos semanas antes de realizar el proceso de apareamiento. Esta alimentación de calidad ayuda a que los reproductores desarrollen mejor sus gónadas y que las crías sean más fuertes.
De esta manera, las especies que nazcan de ellos serán casi una réplica muy fiel de ambos padres, tanto en la forma y longitud de las aletas como en la intensidad y distribución de los colores del cuerpo, siempre que el linaje genético también acompañe. Si buscas características muy específicas (tipo de cola, color sólido, bicolor, mariposa, etc.) conviene conocer y mantener un linaje controlado de machos y hembras.
Cabe destacar que los peces Betta machos alcanzan la madurez sexual entre los tres meses y medio y los cinco meses de vida aproximadamente, dependiendo de la línea de cría y de la calidad del mantenimiento. A partir de ese momento empiezan a construir los característicos nidos de burbujas en la superficie como señal de que se encuentran listos para aparearse. Más adelante, las hembras utilizarán este tipo de nidos para almacenar sus huevos.
Preparación del acuario para la cría de Bettas

Una vez que tienes elegidos ambos peces, el macho y la hembra, debes preparar el acuario para la cría. Este tipo de estanque o pecera específica para reproducción no debe pasar de los 20 litros y la altura del agua debe estar por debajo de los 15 centímetros. Esta poca profundidad facilita que el macho recoja los huevos que caen y que las crías recién nacidas puedan llegar con facilidad a la superficie para tomar aire.
De igual manera, el acuario no deberá tener ningún tipo de sustrato en el fondo. Un fondo desnudo permite observar mejor los huevos, evitar que se pierdan entre la grava y mantener una limpieza más sencilla durante todo el proceso. La temperatura deberá encontrarse entre los 26 y 28 grados centígrados de manera estable (si te hace falta un calentador puedes comprarlo aquí).
Por otro lado, debes tener en cuenta la dureza del agua, que no deberá encontrarse por encima de los 8 dGH. Un agua ligeramente blanda y bien acondicionada reduce el estrés de la pareja y mejora la viabilidad de los huevos. También es muy importante mantener una buena calidad del agua (sin amonio ni nitritos) y realizar cambios parciales suaves si es necesario.
Si tienes un filtro de agua que produce algún tipo de corriente, es mejor que lo elimines o lo sustituyas por un filtro de esponja con caudal muy suave, ya que las corrientes podrían llegar a destruir el nido que el macho tratará de construir. La superficie debe permanecer lo más tranquila posible para que las burbujas se mantengan compactas.
Es muy importante también que dividas el estanque en dos partes: una para el macho y otra para la hembra, utilizando por ejemplo un separador transparente perforado. De esta forma, ambos pueden verse y reconocerse sin entrar en contacto directo al principio, lo que estimula la conducta de cortejo pero evita peleas serias.
Debes asegurarte de poner, en la parte del macho, una planta flotante o un soporte ligero (como un trozo de poliestireno o una hoja grande) para que le ayudes a tu pez a preparar el nido más rápido. El macho soplará burbujas de aire en la superficie, una a una, mezcladas con saliva, hasta formar un espeso nido de burbujas. Este comportamiento puede durar horas.
Conducta de cortejo y baile del apareamiento

Cuando el macho ha construido un nido de burbujas lo suficientemente denso y amplio, está listo para atraer a la hembra. Al principio, el macho se muestra cortés, exhibiendo sus aletas abiertas y ensanchando sus branquias (flareo) para lucir sus colores y demostrar su fortaleza. Esta exhibición visual forma parte importante del cortejo.
Cuando el macho y la hembra tienen su primer encuentro directo, él mostrará su dominio y puede llegar a ser agresivo con la hembra. No te preocupes, es una reacción normal dentro de ciertos límites, pero debes cerciorarte de que ninguno de los dos resulte herido de gravedad. Si la hembra no está receptiva, el macho puede morder su cola y aletas en exceso, por lo que es esencial vigilar la interacción.
Cuando la hembra está lista para aparearse, su cuerpo suele mostrar el vientre más redondeado, con la zona del ovopositor visible, y puede presentar barras verticales de estrés o receptividad dependiendo de la línea de color. En ese momento, la hembra acepta al macho y ambos inician el llamado “baile del amor”, en el que se persiguen suavemente, se rodean y se empujan bajo el nido de burbujas.
Tiempo después, cuando la hembra está lista para desovar, pasará mucho tiempo alrededor del nido construido por el macho, mientras él tratará de envolver su cuerpo con el de ella, como si la abrazara. El macho finalmente curva su cuerpo alrededor de la hembra, le da la vuelta y en ese abrazo característico se produce la liberación de huevos y la fertilización externa.
Después de cada abrazo, la hembra permanece unos segundos como en trance, suspendida boca arriba, y libera varios huevos fertilizados, normalmente de tres a siete a la vez, que comienzan a caer hacia el fondo. Este proceso se repite decenas de veces hasta que se producen cientos de huevos.
Papel del macho en el cuidado de los huevos y las crías

Una vez la hembra empieza el desove, el macho fertiliza los huevos liberando esperma en el agua durante cada abrazo. Inmediatamente después, el macho recoge los huevos en su boca mientras se hunden y, antes de colocarlos en el nido, los cubre con una fina capa de moco protector que ayuda a fijarlos a las burbujas y protege su superficie.
El macho va colocando uno a uno los huevos en el nido de burbujas, reparación que puede durar bastante tiempo, y continúa añadiendo burbujas nuevas para reforzarlo. Generalmente, es el macho quien guarda y ventila los huevos hasta que los pececitos nacen, retirando aquellos que parecen no viables y recolocando los que se caen.
Durante esta fase, el betta macho protege el nido de cualquier posible amenaza, incluida la propia hembra, que con frecuencia tratará de comerse los huevos. Por este motivo, una vez finalizado el desove y cuando el macho comienza a mostrarse muy agresivo hacia la hembra, es recomendable retirar a la hembra del acuario de cría para evitar daños y la pérdida de puestas.
El periodo de incubación de los huevos suele durar entre 24 y 48 horas, dependiendo de la temperatura del agua. Después de este tiempo, los huevos eclosionan y aparecen las pequeñas larvas de Betta, que permanecerán colgando del nido de burbujas, alimentándose del saco vitelino durante los primeros días. El macho seguirá cuidando de ellas, devolviendo al nido a las crías que se desprenden y asegurando que se mantengan cerca de la superficie.

Una vez que las crías empiezan a nadar de forma libre y ya no dependen del nido ni del saco vitelino, es el momento adecuado para retirar al macho del acuario de cría. A partir de ese punto, las pequeñas crías necesitarán una alimentación muy específica a base de infusorios, microgusanos o artemia recién eclosionada, así como una calidad de agua excelente con cambios parciales frecuentes pero suaves.
Dominar todas estas fases del apareamiento de los peces Betta, desde la elección de la pareja y la preparación del acuario hasta el baile de cortejo, la fertilización y el cuidado de huevos y crías, te permitirá disfrutar de una de las conductas reproductivas más llamativas del acuarismo y aumentar mucho las probabilidades de lograr camadas saludables y vigorosas.