La aparición de dos enormes peces remo, conocidos popularmente como «peces del fin del mundo», en la orilla de una playa de Cabo San Lucas (Baja California Sur, México) ha sorprendido a turistas y residentes y ha vuelto a poner el foco en uno de los animales más misteriosos del océano. Las escenas, grabadas por varias personas que paseaban por la zona, muestran a los gigantes marinos vivos pero claramente desorientados, moviéndose con dificultad muy cerca de la arena.
El episodio, ocurrido a finales de febrero de 2026 y difundido después en redes sociales y medios internacionales, ha generado un intenso debate. La presencia simultánea de dos ejemplares de una especie que vive habitualmente entre 200 y 1.000 metros de profundidad se considera algo muy poco frecuente, lo que ha disparado todo tipo de teorías, desde explicaciones científicas hasta interpretaciones apocalípticas.
Dónde y cómo se produjo el inusual hallazgo
Los hechos tuvieron lugar en la costa de Cabo San Lucas, en el extremo sur de la península de Baja California, un destino turístico muy conocido por sus playas del Pacífico. Según los testimonios difundidos en redes y recogidos por diversos medios, dos hermanas que caminaban por la orilla, identificadas como Monica y Katie Pittenger, fueron las primeras en percatarse de que algo no encajaba en el paisaje.
Mientras paseaban tranquilamente, notaron un brillo plateado inusual muy cerca de la superficie. Al acercarse para ver mejor, descubrieron el alargado cuerpo de un pez remo de gran tamaño, prácticamente pegado a la orilla y con evidentes dificultades para nadar. Poco después, y para sorpresa de todos, un segundo ejemplar apareció también en la zona, algo especialmente llamativo al tratarse de una especie que suele desplazarse en solitario.
En los vídeos que han circulado en plataformas como X (antes Twitter), Instagram o TikTok, se observa cómo varios bañistas y turistas se acercan a los animales e intentan empujarlos de nuevo hacia el mar para ayudarles a recuperar profundidades mayores. A diferencia de otros casos en los que estos peces son encontrados ya sin vida, en esta ocasión ambos seguían vivos y luchaban contra el oleaje, aunque claramente aturdidos.
La escena se volvió rápidamente viral, y cuentas dedicadas a noticias de última hora y sucesos llamativos compartieron las imágenes, acompañadas de mensajes que hablaban de «peces del fin del mundo» y posibles señales de terremotos o desastres naturales, reavivando viejas leyendas asociadas a esta especie.
Así es el pez remo, el misterioso gigante de las profundidades
El protagonista de este episodio es el pez remo u oarfish, también conocido como pez sable. Se trata de un animal marino que ha alimentado infinidad de leyendas por su aspecto y por lo poco que se deja ver. Los biólogos lo consideran uno de los peces óseos más largos del mundo: se han documentado ejemplares cercanos a los 11 metros de longitud y con pesos que pueden rondar los 200 kilos, e incluso existen reportes no confirmados que hablan de cuerpos de hasta 17 metros.
Su morfología resulta inconfundible. El pez remo presenta un cuerpo muy alargado y plano, de silueta cintiforme y color plateado brillante, que recuerda a una cinta o a una serpiente marina. A lo largo del lomo recorre una llamativa aleta dorsal rojiza o rosada, compuesta por centenares de espinas finas, que le otorga una apariencia casi fantasmal cuando se mueve en el agua.
Otra característica llamativa es que carece de escamas como las de otros peces. En su lugar, posee una capa plateada que recubre una piel viscosa, lo que le da ese aspecto metálico que tantas veces aparece en fotografías y vídeos virales. Para desplazarse, no realiza grandes movimientos laterales del cuerpo, sino que se impulsa mediante suaves ondulaciones de su larga aleta dorsal, lo que le permite mantenerse estable en aguas profundas.
Pese a su tamaño y a su apariencia, que puede impresionar a quienes se lo encuentran por sorpresa, no se trata de un animal peligroso para las personas. Su boca es prominente pero no presenta grandes dientes amenazadores. Se alimenta sobre todo gracias a sus branquiespinas, unas estructuras situadas en la parte posterior de las branquias que le permiten filtrar pequeños organismos y presas del agua.
En cuanto a su distribución, el pez remo es una especie prácticamente cosmopolita. Puede encontrarse en muchos mares del mundo, incluidos los que bañan Europa, siempre que la temperatura del agua se mantenga en un rango adecuado. Su presencia se ha documentado en numerosas zonas de alta mar, aunque suele evitar las regiones polares. Lo habitual es que viva a profundidades que pueden rondar los 1.000 metros, descendiendo o ascendiendo entre unos 20 y 1.000 metros según las necesidades de alimentación o refugio.
Por qué un pez de aguas profundas puede acabar en la orilla

Uno de los aspectos que más desconcierta a quienes contemplan estas imágenes es que un animal propio de grandes profundidades aparezca tan cerca de la superficie e incluso varado en la arena. Según explican los expertos, estos avistamientos en zonas costeras suelen tener detrás una combinación de factores biológicos y oceanográficos.
Por un lado, los ejemplares que salen a la luz en playas o puertos a menudo se encuentran enfermos, heridos, envejecidos o muy debilitados. El cuerpo extremadamente largo del pez remo no es precisamente el más hidrodinámico, de modo que, cuando su estado de salud empeora, les resulta mucho más difícil mantenerse en capas profundas del océano.
Además, los cambios en las corrientes marinas pueden jugar un papel clave. Fenómenos como tormentas intensas, alteraciones en la temperatura del agua o surgimientos de masas de agua profundas hacia la superficie pueden desplazar a estos peces fuera de su hábitat habitual, empujándolos hacia zonas poco profundas en las que pierden sus referencias.
En este contexto, no es raro que acabemos viéndolos cerca de puertos, playas o incluso flotando en la superficie. La mayor parte de los registros de pez remo corresponden precisamente a animales encontrados muertos o agonizantes en la costa, lo que indica que su aparición suele estar ligada a momentos en los que ya no pueden seguir manteniéndose en el entorno en el que viven normalmente.
En el caso concreto de Cabo San Lucas, diversos testimonios apuntan a que los dos ejemplares todavía respiraban y se movían, aunque con dificultad, cuando los turistas se acercaron. Las personas que estaban en la zona intentaron empujarlos de vuelta al mar para darles una oportunidad de regresar a aguas más profundas, en un intento de evitar que murieran varados en la arena.
El mito del «pez del fin del mundo» y su relación con los terremotos

Más allá del interés biológico, el hallazgo de estos animales ha encendido nuevamente las alarmas en redes sociales por la relación que muchas culturas establecen entre el pez remo y los desastres naturales. En Japón, por ejemplo, se le conoce como ryūgū no tsukai, expresión que suele traducirse como «mensajero del palacio del dios del mar» o «mensajero del dios del mar».
A lo largo del tiempo, se ha extendido la creencia de que la aparición de estos peces anuncia terremotos o tsunamis. La idea se popularizó todavía más después de algunos episodios concretos. Uno de los casos más citados es el de los numerosos ejemplares hallados por pescadores japoneses en fechas cercanas al terremoto de magnitud 8,8 que sacudió Chile en 2010. También tras el terremoto y el tsunami de Fukushima en 2011 se registraron diversos avistamientos en las costas japonesas, lo que alimentó las interpretaciones de tipo premonitorio.
Según esta visión, al vivir cerca del fondo marino, estos peces serían especialmente sensibles a las vibraciones y movimientos de las placas tectónicas. De acuerdo con esa lógica, abandonarían las profundidades y ascenderían a la superficie cuando detectan alteraciones en el subsuelo oceánico, lo que se interpreta como una suerte de aviso natural de que algo grave está a punto de suceder.
Algunos especialistas en sismología, como el japonés Kiyoshi Wadatsumi, han admitido que los animales que viven en el fondo del mar podrían notar cambios físicos o químicos asociados a la actividad sísmica. Sin embargo, esa hipótesis, planteada a nivel teórico, no ha pasado de ser una idea sugerente que aún no se ha comprobado con datos sólidos ni series largas de observaciones.
Con cada nuevo avistamiento llamativo, como el de Cabo San Lucas, las redes se llenan rápidamente de mensajes que hablan de «presagios» y «señales», y no han faltado usuarios que han vinculado de forma directa estos dos peces con la posibilidad de un gran terremoto en la región del Pacífico. Aun así, la comunidad científica insiste en ser prudente y en diferenciar claramente entre superstición y evidencias verificables.
Qué dice la ciencia sobre estos animales y los desastres naturales

Los institutos oceanográficos y los especialistas en fauna marina consultados en los últimos años coinciden en un punto clave: no existe evidencia científica que demuestre una relación directa entre la aparición del pez remo y la ocurrencia de terremotos o tsunamis. Aunque los relatos tradicionales resulten llamativos y sean parte del folclore de muchos lugares, las investigaciones no han podido confirmar esa supuesta capacidad predictiva.
Estudios que han tratado de cruzar datos de avistamientos de peces de aguas profundas con registros sísmicos no han encontrado patrones claros que permitan afirmar que haya un vínculo consistente entre ambos fenómenos. La mayoría de los científicos se inclina por explicaciones más sencillas, como problemas de salud, cambios en el medio marino o condiciones oceanográficas adversas que empujan a estos animales hacia la costa.
En el caso de Cabo San Lucas, fuentes citadas por medios locales apuntan precisamente en esa línea: los ejemplares podrían estar debilitados, desorientados o afectados por alteraciones en corrientes y temperatura del agua. Sin un seguimiento previo de esos individuos y sin datos oceanográficos detallados de la zona en el momento exacto del suceso, es difícil ir más allá de la conjetura, pero nada apunta a un mecanismo predictivo probado.
Los investigadores recuerdan además que el océano está sometido continuamente a cambios de temperatura, salinidad, corrientes y disponibilidad de alimento. Esos factores afectan directamente al comportamiento y a la distribución de muchas especies marinas, desde pequeños peces hasta grandes depredadores. En ese contexto, no resulta extraño que algunos ejemplares de especies poco conocidas aparezcan ocasionalmente fuera de su entorno habitual sin que eso tenga necesariamente una lectura catastrófica.
Desde el punto de vista de la gestión de riesgos, los expertos insisten en que los sistemas de alerta temprana de terremotos y tsunamis deben basarse en instrumentación geofísica y en modelos científicos, y no en interpretaciones de fenómenos aislados por muy llamativos que sean. El pez remo, subrayan, es una criatura fascinante, pero no una herramienta de predicción fiable.
Un fenómeno que también despierta interés en España y Europa

Aunque este episodio ha tenido lugar en México, el impacto mediático del hallazgo ha llegado rápidamente a España y al resto de Europa, donde cada vez que se habla de peces de las profundidades se despierta una mezcla de curiosidad y respeto. Los medios europeos han recogido las imágenes de Cabo San Lucas y han recordado que el pez remo no es exclusivo del Pacífico, sino que puede aparecer también en otras latitudes.
En aguas cercanas al continente europeo, incluidos el Atlántico nororiental y el Mediterráneo, se han registrado en el pasado algunos varamientos esporádicos de grandes peces de aspecto similar, que suelen generar titulares por lo inusual del suceso. Son casos poco frecuentes, pero suficientes para que biólogos marinos y redes de varamientos mantengan protocolos de actuación cuando se avista un ejemplar extraño en la costa.
En España, organizaciones científicas y administraciones costeras suelen aprovechar este tipo de episodios para divulgar información sobre la biodiversidad marina y la importancia de respetar a los animales, incluso cuando su aspecto pueda resultar inquietante. Ante el hallazgo de un pez de gran tamaño o de una especie desconocida, los expertos recomiendan mantener cierta distancia, avisar a las autoridades competentes y, si las circunstancias lo permiten, colaborar siguiendo sus indicaciones.
El caso de Cabo San Lucas ha servido además para que muchos ciudadanos europeos se interesen por cómo influyen los cambios en el clima y en los océanos en la fauna marina. Las alteraciones en las corrientes, las temperaturas extremas o fenómenos como El Niño tienen consecuencias en la distribución de muchas especies, un tema que la comunidad científica sigue de cerca y que también afecta a pesquerías y ecosistemas próximos a Europa.
Al final, la visión de dos «peces del fin del mundo» luchando por regresar al océano resume bien el choque entre mito y ciencia que rodea a estos animales. Mientras en redes sociales se multiplican las teorías sobre catástrofes inminentes, los investigadores recuerdan que, detrás de la leyenda, lo que hay es una especie poco conocida que ofrece una valiosa oportunidad para entender mejor las profundidades marinas y el estado real de nuestros océanos.
