
Un avistamiento poco habitual ha puesto en el mapa, una vez más, al suroeste de Tenerife: guías y observadores de la compañía Bonadea II registraron el paso de una tortuga laúd (Dermochelys coriacea), considerada la tortuga marina más grande del planeta.
El ejemplar, descrito como un coloso oceánico, podría superar los dos metros de longitud y rebasar con holgura los 600 kilos. El encuentro se produjo en una zona reconocida por su extraordinaria diversidad marina, donde las condiciones pelágicas favorecen la presencia de grandes migradores.
Un gigante poco habitual en Canarias

La tortuga laúd se distingue por un caparazón flexible, oscuro y con textura de cuero, atravesado por varios surcos longitudinales. A diferencia de las tortugas con caparazón rígido, esta anatomía le aporta agilidad y resistencia para cruzar miles de kilómetros a través del Atlántico.
Su presencia en las islas es poco frecuente pero conocida: el archipiélago funciona como punto estratégico de paso durante sus rutas migratorias de largo alcance, en las que alterna grandes travesías con momentos de alimentación.
La dieta de la especie se centra casi por completo en medusas, por lo que actúa como un regulador natural del ecosistema. Este papel resulta crucial en escenarios de aumento de proliferaciones gelatinosas relacionadas con cambio climático y sobrepesca.
Para los equipos que trabajan en el mar, citas como esta aportan información valiosa sobre el estado del Atlántico nororiental y los patrones de migración. La comunidad científica local celebra el hallazgo con cautela, consciente de que estas apariciones también reflejan la vulnerabilidad de la especie.
Estado de conservación y respuestas en marcha

La tortuga laúd figura En Peligro en la Lista Roja de la UICN, no en la máxima categoría de amenaza. Entre los factores que más la afectan destacan la captura accidental en artes como palangres o redes de deriva, la ingestión de plásticos que confunde con presas y la pérdida de playas de anidación por la presión costera.
En Canarias se refuerzan las medidas de pesca sostenible y la colaboración con el sector, se aplican protocolos para reducir el bycatch y se desarrollan acciones de sensibilización sobre residuos marinos. Los centros de recuperación de fauna atienden casos de varamientos y liberan ejemplares en condiciones seguras.
Las recomendaciones para navegantes y usuarios del litoral pasan por mantener distancias prudentes ante cualquier avistamiento, no intentar manipular al animal y avisar a los servicios de emergencias o a la red de varamientos en caso de observar una tortuga herida o enredada.
Con más de 100 millones de años de historia evolutiva, la laúd es un auténtico icono de los grandes viajeros del mar y un indicador del estado de los ecosistemas oceánicos. Su conservación requiere iniciativas coordinadas a escala regional y global.
El avistamiento en el suroeste de Tenerife, documentado por Bonadea II, pone el foco en un visitante excepcional y recuerda la importancia de proteger sus rutas, contener las amenazas que enfrenta y seguir reforzando la ciencia y la gestión que permiten que estos gigantes continúen cruzando nuestros mares.