Tras las últimas lluvias y movimientos de agua en la presa de La Boca, han aumentado los avisos vecinales sobre la presencia del llamado pez diablo, un pleco de origen sudamericano que preocupa a quienes usan y disfrutan estos ecosistemas.
La especie, conocida en acuariofilia por su papel “limpiador”, se ha asentado en distintos puntos de Nuevo León; trabajadores y pescadores locales sostienen que no es un caso aislado y que cada temporada se observan más ejemplares.
Avistamientos recientes en Nuevo León

En redes sociales, un aficionado a la pesca compartió imágenes de un ejemplar capturado en la presa de La Boca, generando una cascada de comentarios que pedían intensificar su extracción para proteger a las especies nativas.
Medios locales realizaron recorridos por el área y detectaron al menos dos peces tras los recientes desagües; en los vídeos se aprecian las placas óseas y las franjas oscuras que caracterizan a estos loricáridos.
Personal que trabaja en embarcaciones de recreo apuntó que los plecos suelen moverse a mayor profundidad y lejos de los malecones, lo que explica que no siempre se vean a simple vista.
De acuerdo con testimonios recogidos en la zona, su ritmo de reproducción contribuiría a que cada año aparezcan más reportes, algo que ya se había señalado en 2022 y 2023 en el mismo embalse.
Zonas afectadas: La Boca, La Silla y Ramos

Además de la presa santiaguense, en el río La Silla (Guadalupe) se grabaron varios ejemplares entre zonas de piedra a la altura de La Pastora, confirmando su presencia en cauces urbanos.
En Montemorelos, vecinos han reportado avistamientos en el río Ramos, mientras que en la presa El Cuchillo (China, NL) se han documentado capturas esporádicas de esta misma especie.
La coincidencia de registros en ríos y embalses sugiere que, si ya colonizan tramos urbanos, el salto a otras presas del estado puede ser solo cuestión de tiempo.
Efectos sobre el ecosistema y la pesca

El pez diablo compite por recursos con peces nativos y puede consumir huevos y alevines de especies de interés ecológico y pesquero, como lobina, tilapia o mojarra.
Su hábito de excavar galerías para anidar erosiona las riberas y puede comprometer infraestructuras hidráulicas; además, al remover sedimentos, incrementa la turbidez del agua, afectando a especies que requieren aguas claras.
En sistemas donde la especie se expande, hay reportes de descenso en capturas de peces comerciales, añadiendo presión económica sobre comunidades que dependen de la pesca recreativa o de sustento.
Identificación, origen y factores de expansión

Son plecos de la familia Loricariidae, originarios de las cuencas del Amazonas y del Orinoco. Con el tiempo pueden superar los 50–60 cm y su piel está recubierta de placas con espinas.
Presentan coloraciones pardas con manchas o franjas y suelen tener hábitos nocturnos. Aunque no suelen ser agresivos, defienden su territorio frente a otros peces.
Resisten condiciones adversas: hay registros de supervivencia de hasta 14 horas fuera del agua gracias a adaptaciones para obtener oxígeno del aire, lo que favorece su persistencia.
Una vía de introducción habitual es la liberación de ejemplares de acuario cuando crecen demasiado. Sin depredadores naturales y con alta fecundidad, sus poblaciones se disparan con rapidez.
Las recomendaciones de especialistas y autoridades pasan por la prevención: no soltar peces exóticos en ríos o presas, reportar avistamientos, limpiar y desinfectar equipos antes de cambiar de cuerpo de agua y atender la normativa vigente.
En caso de captura durante actividades permitidas, se aconseja no reintroducir el pez y seguir las indicaciones de gestión locales; colectivos vecinales promueven acciones informativas para reducir nuevas liberaciones.
Con registros en La Boca, La Silla, Ramos y El Cuchillo, el avance del pez diablo en Nuevo León se perfila como un desafío ambiental que requiere vigilancia, educación y medidas de manejo sostenidas por parte de instituciones y ciudadanía.