Una medusa gigantesca, con una longitud estimada de unos 11 metros, ha sido grabada en aguas profundas frente a la costa de Argentina, convirtiéndose en uno de los registros más espectaculares de la vida marina del Atlántico Sur en los últimos años. El animal, perteneciente a la especie Stygiomedusa gigantea, es tan grande que los científicos lo comparan con un autobús escolar moviéndose en la oscuridad del océano.
El avistamiento se produjo durante una amplia campaña científica en el talud y la plataforma continental argentina, en la que participan equipos del CONICET, universidades del país y el Schmidt Ocean Institute. Gracias a un vehículo submarino operado a distancia, los investigadores pudieron filmar a la enigmática “medusa fantasma gigante” en su hábitat natural, en una zona del océano donde la luz prácticamente no llega.
Así se produjo el hallazgo de la medusa de 11 metros
La medusa fue grabada a unos 250 metros de profundidad durante un descenso del ROV SuBastian, el robot submarino del buque de investigación R/V Falkor (too), del Instituto Oceanográfico Schmidt. Aunque esta especie suele vivir mucho más abajo, entre los 1.000 y los 3.000 metros, el ejemplar apareció en una cota relativamente “superficial” dentro del océano profundo, lo que sorprendió al equipo.
Los pilotos del ROV exploraban la pared del cañón submarino Colorado-Rawson, frente a la costa de Argentina, cuando la silueta del animal emergió de la oscuridad ante las cámaras de alta definición. En las imágenes se aprecia claramente la campana casi transparente de la medusa y sus cuatro larguísimos brazos orales, que se extienden como sábanas flotando en el agua.
De acuerdo con los científicos, la Stygiomedusa gigantea ha sido vista poco más de un centenar de veces en más de un siglo, pese a que fue descrita por primera vez en 1899. Su rareza no se debe necesariamente a que existan pocos ejemplares, sino a que habita en zonas muy profundas y de difícil acceso, donde solo pueden llegar vehículos altamente especializados.
Durante la expedición, el buque R/V Falkor (too) recorrió prácticamente toda la plataforma continental argentina, desde Buenos Aires hasta Tierra del Fuego. Esta campaña permitió cartografiar cañones submarinos, montes y zonas de filtraciones frías, al tiempo que se registraban imágenes en alta resolución y se tomaban muestras de agua, sedimentos y organismos.

Una criatura casi imposible de ver en el océano profundo
La Stygiomedusa gigantea es una de las medusas más singulares del planeta. Su campana puede rondar el metro de diámetro, pero lo que realmente impresiona son sus brazos orales, que pueden superar los 10 metros de largo y en ocasiones alcanzar proporciones comparables al largo de un autobús escolar. En el caso del ejemplar argentino, la longitud total se estima en unos 11 metros.
A diferencia de otras medusas más conocidas, no cuenta con tentáculos urticantes. En su lugar, dispone de cuatro grandes brazos sedosos, con aspecto de velos o cintas, que utiliza para envolver lentamente a sus presas, atrapando plancton y pequeños peces. Este modo de alimentarse, más pausado y casi hipnótico, contribuye a la imagen de “fantasma” que le da su nombre común.
Su coloración, de un rojo muy oscuro que se vuelve prácticamente invisible en las profundidades, es otro de sus secretos. En la llamada “zona de medianoche” del océano, donde la luz solar no llega, los tonos rojos se absorben por completo, de modo que un animal de este color se vuelve casi imposible de distinguir, incluso a corta distancia.
Todos estos factores explican por qué, pese a su tamaño colosal, esta medusa sigue siendo una gran desconocida para la ciencia. Cada nuevo avistamiento aporta datos valiosos sobre su comportamiento, su distribución y su papel en las cadenas tróficas del océano profundo.
En el vídeo grabado frente a Argentina, se observa a la Stygiomedusa desplazándose con movimientos lentos y precisos, balanceando sus brazos como si fueran telas al viento, mientras explora la pared del cañón submarino. Para la comunidad científica, estas imágenes son un material excepcional que permitirá estudiar con más detalle la biomecánica y la ecología de la especie.
Una expedición que destapa una biodiversidad impresionante

El hallazgo de la medusa gigante es solo la punta del iceberg de todo lo que reveló esta expedición en el Atlántico Sur. Durante semanas de trabajo continuo, el equipo científico identificó 28 posibles nuevas especies, que incluyen gusanos, corales, anémonas, erizos de mar y caracoles marinos. Muchas de ellas proceden de hábitats extremos, donde la presión es enorme y la luz inexistente.
Entre los descubrimientos más destacados se encuentra el mayor arrecife conocido de Bathelia candida, un coral de aguas frías que forma estructuras complejas capaces de albergar una gran cantidad de vida. En el sur del país, el ROV documentó extensas formaciones de este coral, repletas de invertebrados y peces adaptados a la oscuridad.
Los investigadores también localizaron zonas de filtraciones frías ricas en vida, lugares donde emanan fluidos cargados de compuestos químicos que sirven de base para comunidades especializadas. Estos enclaves funcionan como oasis biológicos en medio del fondo marino, ofreciendo refugio y alimento a multitud de organismos.
Uno de los momentos más impactantes de la misión fue el registro de una “caída de ballena” a 3.890 metros de profundidad, la primera documentada en aguas argentinas. Se trata de un cuerpo de ballena que, tras morir, se hunde hasta el fondo y se convierte en un auténtico banquete para pulpos, cangrejos, tiburones y otros carroñeros, generando un ecosistema temporal que puede mantenerse activo durante años.
Según explicó la científica jefa de la expedición, María Emilia Bravo, del CONICET y la Universidad de Buenos Aires, la campaña ha permitido “abrir una ventana a la biodiversidad de nuestro país” y constatar que el océano profundo argentino está “mucho más lleno de vida de lo que se pensaba”. La cantidad de información recogida servirá para numerosos estudios en los próximos años.
Importancia del hallazgo para España y Europa
Aunque la medusa de 11 metros se ha avistado en la costa de Argentina, el hallazgo tiene un impacto directo en la investigación marina de España y del resto de Europa. La Stygiomedusa gigantea se distribuye por distintos océanos del planeta, y cualquier información nueva sobre su biología y su hábitat ayuda a comprender mejor los ecosistemas profundos también presentes en el Atlántico Norte y el Mediterráneo.
En Europa, la exploración del océano profundo es una de las grandes prioridades científicas, con proyectos impulsados por la Unión Europea y por organismos como el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC). Los datos que aporta esta campaña en el Atlántico Sur complementan las investigaciones que se llevan a cabo en cañones submarinos frente a Galicia, el Cantábrico o el mar de Alborán, donde también se sospecha la presencia de fauna poco conocida.
Además, la documentación de arrecifes de coral de aguas frías y “caídas de ballena” en Argentina aporta paralelismos con estructuras similares registradas en el margen continental europeo. Comprender cómo funcionan estos ecosistemas extremos en el hemisferio sur permite comparar su dinámica con la de los del norte, algo muy útil para evaluar su vulnerabilidad ante la pesca de arrastre, la minería submarina o el cambio climático.
Para países como España, con una amplia fachada atlántica y mediterránea, estudios de este tipo refuerzan la necesidad de proteger zonas marinas profundas, incluso cuando están lejos de la costa y no son visibles para la ciudadanía. El hecho de que una medusa tan rara y espectacular haya sido filmada en un área hasta ahora poco estudiada demuestra que aún quedan muchos secretos por descubrir bajo la superficie.
En conjunto, la observación de esta medusa de 11 metros, sumada al hallazgo de nuevas especies y hábitats singulares, subraya el enorme valor científico y ecológico de las profundidades oceánicas, tanto en el Atlántico Sur como en los mares que rodean a Europa. Cada nueva expedición abre un poco más esa ventana al mundo oculto del fondo marino y recuerda que, aunque hablemos de un planeta muy explorado, el océano profundo sigue siendo uno de sus grandes territorios desconocidos.