Una medusa gigante, del tamaño aproximado de un autobús escolar, ha sido grabada en vídeo frente a la costa de Argentina, a cientos de metros de profundidad, convirtiéndose en uno de los avistamientos más llamativos de la fauna oceánica reciente. El animal, identificado como Stygiomedusa gigantea, es tan raro que solo se ha registrado poco más de un centenar de veces en más de un siglo, pese a que se distribuye en distintos océanos del planeta.
El hallazgo se produjo en el marco de una gran expedición científica en el Atlántico Sur, en la que especialistas argentinos y del Schmidt Ocean Institute exploraron la plataforma continental y los cañones submarinos del país. Más allá del espectáculo visual que supone esta medusa de unos 11 metros, la misión ha sacado a la luz una biodiversidad de aguas profundas mucho más rica de lo que se pensaba, con nuevos ecosistemas y posibles especies aún por describir, información relevante también para Europa y España a la hora de entender y proteger sus propios fondos marinos.
Una medusa de 11 metros en la «zona de medianoche» del Atlántico Sur
La protagonista del avistamiento es la llamada medusa fantasma gigante, cuyo nombre científico es Stygiomedusa gigantea. Se trata de una especie de aguas profundas que habita, en condiciones normales, entre los 1.000 y los 3.000 metros de profundidad, en la llamada «zona de medianoche» del océano, donde la luz del sol no llega y la oscuridad es casi absoluta.
En esta ocasión, sin embargo, la medusa fue grabada a unos 250 metros de profundidad durante un descenso de un vehículo remoto (ROV) en el cañón submarino Colorado-Rawson, frente a la costa argentina. Este comportamiento algo inusual, al encontrarse más cerca de la superficie de lo habitual, llamó la atención de los investigadores, que pudieron filmarla en alta calidad.
La especie destaca por su aspecto singular: su campana mide alrededor de un metro de diámetro, pero lo más impresionante son sus cuatro enormes brazos orales, que pueden extenderse hasta los 10 o 11 metros, alcanzando una longitud similar a la de un autobús escolar. Lejos de los típicos tentáculos finos de otras medusas, estas estructuras parecen sábanas o velos flotantes que se mueven lentamente en la columna de agua.
El color del animal también resulta llamativo: presenta una tonalidad rojo oscuro, un pigmento que, paradójicamente, lo vuelve casi invisible en las profundidades, ya que la luz roja no penetra a esas capas del océano. Este camuflaje natural, unido a la dificultad de explorar el fondo marino, explica por qué se trata de una criatura tan pocas veces observada, pese a su tamaño descomunal.

Un hallazgo excepcional: solo 118 avistamientos en más de 100 años
Según los datos compartidos por el Instituto Oceanográfico Schmidt, la medusa fantasma gigante es una de las especies más raras del océano profundo. Se estima que, en los últimos 110 años, se ha registrado un número muy limitado de avistamientos, en torno a 118, repartidos por distintos océanos del mundo.
El ejemplar captado en Argentina se suma así a una lista muy corta de observaciones directas de esta especie, lo que convierte al vídeo en un material de alto valor científico. Para los expertos, cada registro de Stygiomedusa gigantea ofrece información clave sobre su comportamiento, su hábitat preferente y su papel en la cadena trófica de las profundidades.
Los pilotos del vehículo operado a distancia, el ROV SuBastian, grabaron a la medusa a 253 metros de profundidad mientras recorrían la pared del cañón Colorado-Rawson. En las imágenes se aprecia la campana sedosa y los largos brazos bucales ondeando de forma lenta, casi hipnótica, en un entorno de penumbra constante.
Lejos de la imagen clásica de medusa peligrosa, esta especie carece de tentáculos urticantes. En lugar de eso, utiliza sus amplios brazos para envolver pequeñas presas, como plancton y peces, desplazándose con calma por la columna de agua. El movimiento pausado y su aspecto etéreo han alimentado su fama de «fantasma» de las profundidades.
La expedición: del talud continental a los cañones submarinos
El avistamiento de la medusa forma parte de una expedición científica de gran alcance a bordo del buque R/V Falkor (too), promovida por el Schmidt Ocean Institute en colaboración con instituciones argentinas como la Universidad de Buenos Aires y el CONICET.
Durante la campaña, el equipo de investigadores recorrió la plataforma y el talud continental argentino, desde la zona de Buenos Aires hasta las proximidades de Tierra del Fuego, cubriendo una franja extensa del Atlántico Sur. A lo largo de este recorrido se exploraron cañones, paredes submarinas, filtraciones frías y arrecifes de profundidad, muchos de ellos apenas documentados hasta ahora.
Gracias al uso del ROV SuBastian, un vehículo operado de forma remota preparado para trabajar donde ya no llega la luz solar, fue posible inspeccionar zonas que normalmente permanecen ocultas a la investigación tradicional. El robot no solo captó el vídeo de la medusa fantasma, sino que también tomó imágenes, muestras y datos físicos y químicos del entorno marino.
La científica jefa de la expedición, María Emilia Bravo (CONICET-UBA), describió la campaña como una auténtica «ventana» a la biodiversidad del país, subrayando que lo observado en estas semanas de trabajo es solo una parte de lo que todavía queda por descubrir en las profundidades del Atlántico Sur.

Un tesoro oculto: arrecifes, nuevas especies y una caída de ballena
Más allá del impacto mediático de la medusa de 11 metros, la expedición dejó al descubierto un mosaico de ecosistemas de aguas profundas mucho más diverso de lo imaginado. Entre los hallazgos destaca el arrecife de coral de Bathelia candida más grande conocido hasta la fecha, localizado en el sur de Argentina, donde se congrega una gran variedad de invertebrados y peces.
En distintas zonas del recorrido, los científicos documentaron también filtraciones frías ricas en vida, con comunidades especializadas que aprovechan compuestos químicos que emanan del subsuelo marino. Estos lugares suelen albergar especies muy particulares y, a menudo, desconocidas para la ciencia, lo que los convierte en áreas de interés prioritario para la biología marina.
Uno de los episodios más llamativos fue la observación de una «caída de ballena» a casi 3.900 metros de profundidad, la primera registrada en aguas argentinas. Se trata del cuerpo de una ballena muerta que, al hundirse hasta el fondo, se transforma en un ecosistema temporal capaz de alimentar a multitud de organismos, desde tiburones y cangrejos hasta pulpos y gusanos especializados.
En paralelo, el equipo identificó al menos 28 posibles nuevas especies, entre las que figuran gusanos, corales, erizos de mar, caracoles y anémonas. Todas estas observaciones deberán ahora ser analizadas en detalle en laboratorio para confirmar si se trata efectivamente de especies nunca descritas.
Importancia global: lo que enseña este hallazgo a Europa y España
Aunque el escenario del descubrimiento se sitúa frente a la costa de Argentina, las conclusiones tienen un alcance que va más allá del Atlántico Sur. Los ecosistemas de aguas profundas presentan similitudes en distintas cuencas oceánicas, incluido el Atlántico Norte y el entorno europeo, por lo que lo aprendido en esta expedición aporta pistas valiosas sobre lo que podría estar ocurriendo también en otras regiones, como el Golfo de Cádiz, el mar de Alborán o los cañones submarinos frente a la costa cantábrica.
Europa y España mantienen desde hace años programas de seguimiento y protección de hábitats de profundidad, especialmente en áreas Natura 2000 marinas y reservas pesqueras. Sin embargo, el grado de conocimiento de los fondos abisales sigue siendo limitado. Hallazgos como el de la medusa fantasma gigante subrayan que, incluso cerca de regiones ampliamente estudiadas, pueden existir organismos espectaculares y ecosistemas complejos aún casi invisibles para la ciencia.
Para los expertos, este tipo de campañas refuerza la necesidad de invertir en tecnología de observación remota, desde ROVs hasta vehículos autónomos, que permitan cartografiar y monitorear los fondos marinos. En un contexto de cambio climático, expansión de ciertas pesquerías y potencial desarrollo de actividades como la minería en aguas profundas, disponer de información detallada resulta clave para tomar decisiones de gestión prudentes sobre amenazas de los invertebrados marinos.
El mensaje de fondo, compartido tanto por investigadores sudamericanos como europeos, es claro: cuanto más se explora el océano profundo, más evidencia aparece de su fragilidad y de su enorme valor ecológico, lo que obliga a extremar las precauciones a la hora de explotar recursos en estas zonas.
Una ventana al futuro de la investigación de aguas profundas
Los responsables de la expedición destacan que se ha recopilado una cantidad sin precedentes de datos químicos, físicos y biológicos, que serán analizados durante años. Esta información ayudará a entender mejor las conexiones entre distintos ecosistemas de profundidad y a evaluar su vulnerabilidad ante las actividades humanas.
La investigadora Melisa Fernández Severini, del Instituto Argentino de Oceanografía y el CONICET, subrayó que las muestras recogidas representan una oportunidad única para estudiar cómo funcionan estos entornos extremos y qué grado de resiliencia presentan ante posibles impactos. El objetivo es disponer de una base científica sólida que sirva de referencia tanto en Sudamérica como en Europa.
Para la comunidad científica internacional, el vídeo de la medusa fantasma gigante es, en cierto modo, la cara visible de un trabajo mucho más amplio: una exploración sistemática de fondos marinos profundos, históricamente ignorados. Cada nueva expedición de este tipo no solo suma especies al catálogo global, sino que también revela interacciones ecológicas, procesos de reciclaje de nutrientes y dinámicas que afectan al conjunto del océano.
Lejos de ser un simple espectáculo visual, la presencia de una medusa de 11 metros en la costa de Argentina sirve como recordatorio de que buena parte de la vida marina permanece todavía fuera del foco. El avance de las tecnologías de observación está permitiendo, poco a poco, iluminar esa «zona de medianoche» y mostrar un océano profundo repleto de criaturas extraordinarias, ecosistemas delicados y preguntas científicas que aún esperan respuesta.