Ballenas que se ayudan en el parto: el sorprendente apoyo entre cachalotes

  • Un grupo de cachalotes hembras fue grabado colaborando activamente en el parto de una cría frente a Dominica en 2023.
  • Las ballenas sostuvieron al recién nacido en la superficie y coordinaron sus movimientos mediante complejas vocalizaciones.
  • El caso aporta una de las primeras pruebas sólidas de asistencia al parto en mamíferos no primates.
  • Los datos, publicados en Scientific Reports y Science, abren nuevas líneas de investigación sobre la vida social y la comunicación de los cetáceos.

Ballenas ayudando al parto de una cría

El mundo científico cuenta desde hace poco con una de las escenas más íntimas y difíciles de documentar del océano: un grupo de cachalotes hembras ayudando de forma coordinada al parto de una cría. Lo que hasta ahora eran sobre todo relatos sueltos de marineros y observaciones anecdóticas, se ha convertido en un registro detallado que permite asomarse a la compleja vida social de estos gigantes marinos.

La secuencia, captada en 2023 cerca de la isla caribeña de Dominica, muestra a varias ballenas alineadas, zambulléndose y emergiendo al unísono para sostener tanto a la madre como al recién nacido en los momentos más delicados. Para los especialistas en comportamiento animal, esta cooperación en pleno parto sitúa a los cachalotes en un grupo muy reducido de mamíferos que asisten activamente a otros individuos durante el nacimiento, algo descrito hasta ahora casi solo en primates, incluidos los humanos.

Un nacimiento excepcional frente a Dominica

Ballenas colaborando en el parto de una cría

El episodio fue registrado por un equipo internacional de investigadores vinculado al Proyecto CETI (Cetacean Translation Initiative), una iniciativa que busca descifrar la comunicación de los cachalotes. Los científicos navegaban cerca de un grupo de 11 ejemplares cuando detectaron un comportamiento inusual: los animales se concentraron en una pequeña zona, con las cabezas orientadas hacia el interior y fuertes chapoteos en la superficie.

La protagonista del parto fue una hembra identificada como Rounder, de 19 años, que se disponía a alumbrar a su segunda cría rodeada por su clan. La escena, que a simple vista podía pasar por una agitación más del océano, se transformó ante los ojos de los investigadores en un raro testimonio: varias hembras, algunas emparentadas y otras no, se turnaban para apoyar a la madre y elevar al bebé hacia la superficie para que pudiera respirar.

El alumbramiento en sí se prolongó alrededor de 30-34 minutos, desde que asomaron las aletas caudales del pequeño hasta la expulsión completa. Sin embargo, el operativo de apoyo duró mucho más: durante varias horas, parejas de cachalotes sostuvieron al recién nacido, presionando su cuerpo contra el propio, guiándolo y manteniéndolo a flote hasta que comenzó a nadar con cierta autonomía.

Los científicos aprovecharon la oportunidad para desplegar drones y micrófonos submarinos, además de registrar todo desde el barco. En total, pudieron seguir el comportamiento del grupo durante unas cinco horas y media, una ventana de observación muy poco común en este tipo de escenas, especialmente en una especie que pasa gran parte de su tiempo en profundidad.

El material visual y sonoro recopilado se ha analizado posteriormente con software específico, lo que ha permitido reconstruir con bastante precisión quién hacía qué en cada momento del parto y cuáles eran los patrones de interacción entre los distintos individuos del grupo.

Cómo se organizan las ballenas para ayudar en el parto

Grupo de ballenas asistiendo a una cría

Uno de los aspectos que más ha llamado la atención a los expertos es el nivel de cooperación entre hembras de distintas edades y vínculos familiares. Las imágenes muestran a madres, hermanas, hijas e incluso hembras sin parentesco directo participando activamente en la asistencia, rotando posiciones en torno a la parturienta y al recién nacido.

Durante las contracciones más intensas, varias ballenas se situaban bajo la aleta dorsal de Rounder, a menudo boca arriba y con la cabeza orientada hacia la zona genital, como si se colocaran estratégicamente para sostener y proteger el cuerpo de la madre mientras la cría avanzaba hacia el exterior.

Una vez producido el nacimiento, el comportamiento del grupo cambió de forma brusca. Los adultos y los jóvenes se volvieron mucho más activos, rodeando a la cría. Los investigadores describen cómo los cachalotes apretaban el cuerpo del bebé contra los suyos, lo tocaban con la cabeza y lo empujaban con el morro, ya fuera bajo el agua o hacia la superficie, para asegurarse de que pudiera respirar.

Este empuje constante no respondía a un movimiento caótico: el análisis posterior sugiere una coordinación muy afinada, con individuos que se relevaban en el papel de “soporte” y otros que vigilaban el entorno. Todo ello encaja con lo que se sabe de los cachalotes, que viven en sociedades matriarcales muy cohesionadas, donde las hembras adultas comparten tareas de cuidado de las crías del grupo.

Que incluso animales sin parentesco directo se impliquen en esta tarea es uno de los puntos que los estudios subrayan como más novedosos. Para investigadores como Shane Gero o David Gruber, miembros clave del proyecto, se trataría de una de las primeras pruebas sólidas de asistencia al parto en mamíferos no primates, lo que sitúa a los cachalotes en un nivel de complejidad social que hasta hace poco se reservaba casi exclusivamente a los grandes simios y a los humanos.

La importancia de mantener a flote a la cría

Cría de ballena sostenida por el grupo

Detrás de esta escena de apoyo colectivo hay fuertes presiones evolutivas. Los cetáceos son mamíferos que regresaron al mar tras un periodo de adaptación a la vida terrestre hace millones de años. Ese retorno al medio acuático obligó a desarrollar estrategias muy específicas para que los recién nacidos, que necesitan respirar aire, no se ahoguen nada más llegar al mundo.

En el caso de los cachalotes, las crías nacen generalmente de cola, y no de cabeza como la mayoría de mamíferos terrestres. Se cree que este tipo de parto contribuye a reducir el riesgo de asfixia durante la expulsión, pero añade otra dificultad: los recién nacidos tienden a hundirse de manera natural nada más separarse del cuerpo de la madre.

Por eso, los científicos interpretan que la elevación activa de la cría por parte del grupo es esencial para facilitar sus primeras respiraciones y evitar que se vaya al fondo antes de tener fuerza suficiente para nadar. Aunque en cuestión de horas los cachalotes jóvenes se convierten en buenos nadadores, esos primeros minutos y las primeras inmersiones controladas son críticos para su supervivencia.

Los datos también confirman que los cachalotes soportan largos periodos de gestación, entre 14 y 16 meses, uno de los más prolongados del reino animal. Al nacer, las crías pueden alcanzar unos 4 metros de longitud y dependen de la leche materna durante al menos dos años, una fase en la que siguen siendo el centro de las interacciones sociales del grupo.

Con el tiempo, los pequeños pasan a ser el eje de la actividad diaria del clan: mientras las madres realizan inmersiones profundas para alimentarse, otras hembras, e incluso individuos de generaciones anteriores, asumen el papel de cuidadoras. Este sistema de “crianza compartida” encaja con lo observado en el parto de Rounder y su cría, donde la comunidad completa se implicó desde el primer minuto.

Vocalizaciones y coordinación social

Además de las imágenes, las grabaciones acústicas han revelado un elemento clave de este comportamiento cooperativo: los cambios en el tipo de sonidos que emitían las ballenas en los distintos momentos del proceso. Los cachalotes se comunican mediante chasquidos y patrones sonoros muy complejos, y durante el parto se detectaron secuencias de clics más largos y lentos en los instantes sensibles.

Los investigadores plantean que estos ajustes en el “estilo vocal” podrían servir para coordinar los movimientos del grupo, ya sea para apoyar la expulsión de la cría, mantenerla en la superficie o reaccionar ante la presencia de otros cetáceos que se acercaban a la zona. En uno de los tramos del registro, por ejemplo, se aprecia cómo las vocalizaciones cambian cuando se aproxima un grupo de calderones.

Este uso tan flexible del sonido encaja con los objetivos del Proyecto CETI, que busca desentrañar, con ayuda de herramientas de inteligencia artificial y análisis masivo de datos, hasta qué punto los “clics” de los cachalotes constituyen un sistema de comunicación complejo. El parto observado ofrece un contexto muy claro en el que relacionar determinadas estructuras acústicas con acciones concretas.

Expertas como la bióloga Susan Parks, de la Universidad de Syracuse, que no participó directamente en la investigación, han destacado que este tipo de hallazgos abre puertas para comprender mejor la vida social de los cetáceos. La combinación de vídeo, sonido y análisis informático permite ir más allá de la simple descripción y empezar a proponer hipótesis sobre las “conversaciones” que se producen bajo el agua.

No obstante, los propios autores del trabajo recuerdan que las grabaciones de nacimientos en estado salvaje siguen siendo muy escasas. En los últimos sesenta años apenas se habían documentado unos pocos casos de partos de cachalotes, y casi todos procedían de relatos de barcos balleneros o de observaciones breves sin apoyo tecnológico.

Un caso raro en el conjunto de los cetáceos

El valor de estas imágenes se entiende mejor si se pone en contexto: de las 93 especies de cetáceos conocidas (ballenas, delfines y marsopas), solo en nueve se han comprobado nacimientos en libertad de manera documentada. Y dentro de esos pocos registros, los casos en los que otras hembras ayudan activamente a la madre son todavía más raros.

En el episodio de Dominica, no solo se observó esa asistencia, sino que además participaron hembras que no tenían lazos familiares directos con la parturienta, lo que añade una capa extra a la idea de cooperación. Para los investigadores, se trata de un ejemplo claro de apoyo intergeneracional y entre individuos no emparentados, algo muy poco habitual fuera de los primates.

Las sociedades de cachalotes están lideradas por hembras adultas y parecen estar configuradas en torno a clanes estables con culturas propias, definidas por patrones de vocalización y costumbres compartidas. El hecho de que el nacimiento se desarrollara dentro de este contexto matriarcal refuerza la idea de que la transmisión de conocimientos —incluida la forma de asistir en un parto— podría estar muy arraigada.

Tras el registro de 2023, el grupo de Rounder desapareció de la vista de los investigadores durante más de un año, algo lógico dado el amplio rango de movimientos de estos animales. Cuando volvieron a avistarlo, comprobaron que la cría continuaba con vida y se movía junto a otros jóvenes miembros del clan, como Acra y Aurora, un indicio positivo de que había superado la etapa más delicada.

Para el equipo de CETI, que la cría haya sobrevivido al primer año es una señal alentadora de que el esfuerzo cooperativo observado durante el parto —y probablemente en los meses posteriores— ha cumplido su función: garantizar que un nuevo cachalote se incorpore con éxito a la compleja red social de su grupo.

Este nacimiento asistido, con ballenas trabajando codo con codo para sacar adelante a la cría, se ha convertido ya en un caso de referencia para entender cómo la cooperación, la comunicación y la estructura social de los cachalotes se entrelazan en los momentos más vulnerables de su vida, y ha abierto nuevas preguntas sobre hasta dónde llega la sofisticación social de estos gigantes del océano.