Los bosques marinos de las costas españolas están viviendo un momento decisivo. Lo que durante décadas ha sido un paisaje submarino abundante y lleno de vida se encuentra ahora sometido a una presión creciente, con pérdidas documentadas que en algunos lugares alcanzan ya cifras muy preocupantes. Aun así, estos ecosistemas siguen siendo aliados clave frente al cambio climático y refugio de una biodiversidad impresionante.
Al mismo tiempo, equipos científicos de distintos centros de investigación han decidido dar un paso más y abrir sus proyectos a la ciudadanía a través de la plataforma de ciencia ciudadana Observadores del Mar. Su objetivo es claro: recopilar la máxima información posible sobre estos bosques de algas en el Atlántico, el Cantábrico y el Mediterráneo para entender qué está ocurriendo y cómo frenar su deterioro. Y, para ello, necesitan que la gente que se mueve en el mar -sobre todo buceadores y personas que practican actividades acuáticas- se implique de forma activa.
Qué son los bosques marinos de algas y dónde se encuentran en España
Cuando hablamos de bosques marinos no nos referimos a corales ni a praderas de fanerógamas marinas, sino a grandes algas estructurales que forman auténticos “bosques bajo el agua”. Estas macroalgas generan un entramado tridimensional que recuerda mucho al de un bosque terrestre: hay zonas más densas, claros, ramas que se mecen con las corrientes y un sinfín de rincones donde se esconden y se alimentan multitud de especies.
En las costas españolas, estos ecosistemas están dominados principalmente por dos grandes grupos de algas. En el Atlántico y el Cantábrico destacan las laminariales, un conjunto de algas pardas de gran tamaño que pueden formar verdaderas “paredes” submarinas. En el Mediterráneo, en cambio, toman el relevo las especies del género Cystoseira (hoy en día, muchas reclasificadas en otros géneros emparentados), que cumplen un papel ecológico similar y estructuran amplias zonas rocosas del litoral.
Estos bosques de macroalgas se distribuyen a lo largo de gran parte del litoral español: desde el noroeste peninsular (Galicia y el resto de la fachada noratlántica) y toda la costa cantábrica, hasta numerosas zonas del Mediterráneo, incluyendo tramos de Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Murcia y Andalucía oriental. Suelen asentarse sobre fondos rocosos donde las algas pueden fijarse, en profundidades generalmente someras, aunque algunas especies se extienden a cotas mayores donde la luz aún llega con suficiente intensidad.
Desde un punto de vista biológico, las macroalgas que forman estos bosques pertenecen al reino Protista, distinto al de las plantas, los animales, los hongos o las bacterias. Se conocen alrededor de 15.000 especies de macroalgas en todo el mundo, verdes, rojas o pardas, y una parte de ellas son capaces de crecer hasta tamaños notables y construir estructuras complejas que dan lugar a estos bosques sumergidos.
Funciones ecológicas de los bosques marinos: mucho más que algas
Los científicos insisten en que los bosques marinos son tan importantes como los bosques terrestres. No es una exageración: su papel ecológico es múltiple y, en muchos casos, insustituible. Para empezar, ofrecen refugio, alimento y estructura a una enorme diversidad de organismos marinos: peces juveniles y adultos, invertebrados como crustáceos y moluscos, pequeños equinodermos, esponjas y muchas otras especies encuentran en estas algas un lugar idóneo para vivir.
Además, estos bosques actúan como auténticos motores de productividad en el océano. Gracias a la fotosíntesis, las macroalgas convierten la energía solar en biomasa, oxigenan el agua y alimentan de forma directa o indirecta a gran parte de la cadena trófica. Esa productividad se traduce en más vida, más recursos para peces de interés pesquero y una mayor estabilidad ecológica en las zonas donde estos bosques se encuentran bien conservados.
Otro aspecto clave es su función como sumideros de carbono. Al igual que los bosques terrestres, las macroalgas capturan CO2 de la atmósfera y lo almacenan en su biomasa y en los sedimentos asociados. Esta capacidad de secuestrar carbono convierte a los bosques de algas en aliados de primer orden en la lucha frente al cambio climático, y ejemplos como el cultivo de algas muestran vías complementarias para su valorización y manejo.
También desempeñan un papel importante en la protección de la costa. Su estructura densa y flexible atenúa la energía de las olas, reduce la erosión del litoral y contribuye a estabilizar los fondos. Al disminuir la intensidad del oleaje sobre las zonas más expuestas, estos bosques ayudan a que playas y acantilados sufran menos el impacto de temporales y marejadas, algo cada vez más relevante en un contexto de cambio global.
Por último, los bosques de algas incrementan la resiliencia de los ecosistemas marinos. Al generar hábitats complejos y refugios para multitud de especies, aumentan la capacidad del sistema para resistir y recuperarse de perturbaciones, ya sean naturales (tormentas, episodios de fuerte oleaje) o de origen humano (contaminación local, impactos puntuales). Su presencia suele ser sinónimo de buena salud ecológica en la franja costera.
Un retroceso alarmante: pérdidas de hasta el 80 % en algunas zonas
El panorama actual, sin embargo, dista mucho de ser ideal. Los datos recopilados por diversos equipos científicos e integrados en la plataforma Observadores del Mar indican que los bosques marinos españoles están sufriendo un declive muy acusado en las últimas décadas. Lo que antes era un paisaje habitual bajo el agua, en muchos puntos se ha convertido en zonas empobrecidas, con algas de menor tamaño o incluso roca desnuda.
En el Mediterráneo, los estudios señalan que, en apenas medio siglo, se ha perdido o degradado hasta el 80 % de los bosques de algas. Esto significa que amplias áreas donde antes dominaban las Cystoseira han visto desaparecer estas formaciones o las mantienen en un estado muy deteriorado. Las consecuencias para la biodiversidad y el funcionamiento del ecosistema son profundas y, en muchos casos, aún se están tratando de cuantificar.
La situación en el litoral noratlántico y cantábrico no es mucho mejor. En el noroeste peninsular, incluyendo las costas gallegas y otras zonas del Atlántico y el Cantábrico, se ha comprobado que los bosques formados por laminariales han desaparecido en más de la mitad de las localidades estudiadas en los últimos 25 años. En otras palabras: en más de un 50 % de los puntos analizados, donde antes había bosques densos de estas macroalgas, hoy ya no están o se encuentran muy mermados.
Esta tendencia se describe como un retroceso claro y significativo de los bosques de algas en prácticamente todo el litoral español. El caso de Galicia es ilustrativo: ahí, como en otros tramos del Atlántico, el retroceso de las algas estructurales se está dejando notar de forma especialmente acusada, con impactos sobre la biodiversidad local y sobre actividades ligadas al mar, tanto pesqueras como recreativas.
Los informes científicos y las observaciones recogidas en los diferentes proyectos de seguimiento coinciden en que no se trata de cambios puntuales, sino de una tendencia a largo plazo, que en algunos lugares se ha acelerado en los últimos años. Esa pérdida de cobertura y complejidad estructural de los bosques marinos es uno de los motivos principales por los que se ha lanzado un llamamiento urgente a la sociedad.
Causas del declive: cambio climático y presiones humanas
El deterioro de los bosques marinos no tiene una única causa. Los investigadores señalan un conjunto de presiones de origen humano y factores ambientales que, combinados, están alterando la distribución, la salud y la capacidad de regeneración de estas algas estructurales en las costas españolas.
En primer lugar, destaca el aumento de la temperatura del mar asociado al cambio climático. Muchas de estas macroalgas están adaptadas a rangos térmicos relativamente concretos. Cuando el agua se calienta de manera sostenida, las especies más sensibles se ven obligadas a desplazarse hacia latitudes más frías o a mayor profundidad, donde las condiciones son algo más adecuadas. Este corrimiento de distribución no siempre es posible de forma rápida ni completa, y deja tras de sí zonas donde el bosque se adelgaza o desaparece.
La contaminación costera es otro factor crítico. Aportes de nutrientes (eutrofización), vertidos químicos, metales pesados o episodios de mala calidad del agua pueden debilitar a las macroalgas, favorecer la aparición de especies oportunistas y reducir la capacidad de los bosques para mantenerse estables. En áreas próximas a grandes núcleos urbanos, puertos o zonas industriales, estos efectos suelen ser más acusados.
A ello se suma la destrucción directa de hábitats por infraestructuras costeras, dragados, obras en el litoral o actividades que alteran el sustrato rocoso donde las algas se fijan. Cuando la base física desaparece o se modifica en exceso, los bosques de algas lo tienen muy difícil para volver a asentarse en las mismas condiciones que antes.
Otro elemento de preocupación es la expansión de especies invasoras que compiten con las macroalgas nativas o cambian la dinámica del ecosistema. Algunas algas exóticas pueden colonizar rápidamente espacios antes ocupados por laminariales o Cystoseira, formando mantos menos estructurados que no ofrecen los mismos servicios ecológicos.
Por último, la sobrepesca y la alteración de las redes tróficas también entran en juego. La reducción de ciertas especies de peces y de grandes invertebrados puede favorecer el aumento de herbívoros que se alimentan de las macroalgas, intensificando la presión de pastoreo sobre los bosques marinos. Si este desequilibrio se mantiene en el tiempo, las algas pierden capacidad de regenerarse y las formaciones se van raleando hasta desaparecer en algunos puntos.
El papel de Observadores del Mar y el proyecto “Bosques Marinos”
Ante este escenario, distintos centros de investigación españoles han apostado por fortalecer la ciencia ciudadana como herramienta clave para mejorar el conocimiento sobre los bosques marinos. Aquí entra en juego la plataforma Observadores del Mar, un portal que reúne proyectos de seguimiento marino abiertos a la participación de cualquier persona interesada.
Dentro de esta plataforma se ha puesto en marcha el proyecto “Bosques Marinos”, específicamente orientado a estudiar el estado de estos ecosistemas dominados por grandes algas en las costas noratlánticas y mediterráneas de España. La idea es recopilar observaciones de campo realizadas por buceadores, centros de buceo y personas que practican actividades en el mar (snorkel, apnea, pesca recreativa, navegación, etc.), para complementar los datos obtenidos directamente por los equipos científicos.
El proyecto está coordinado por investigadoras de la Universidad de Girona (IEA-UdG) y del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), en el marco de iniciativas como el proyecto FECYT “Un mar de bosques” y CAMBIOMED. También participan investigadoras del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), la Universidad del País Vasco y la Universidad de A Coruña, lo que refleja una colaboración amplia a escala estatal.
Según explica la investigadora Lara Arroyo, del Instituto Español de Oceanografía y una de las coordinadoras del proyecto, los bosques marinos funcionan como refugios de vida, motores de productividad y aliados frente al cambio climático. Para avanzar en el conocimiento de su distribución y de las amenazas que los ponen en riesgo, considera crucial implicar a la ciudadanía, que puede aportar información valiosa desde lugares y momentos en los que los científicos no siempre están presentes.
Su colega Sònia de Caralt, investigadora del Instituto de Ecología Acuática de la Universidad de Girona y del CEAB-CSIC, subraya que todas las observaciones que envíen buceadores y otras personas activas en el mar serán validadas por personal científico. De este modo, los datos ciudadanos se integran con los obtenidos mediante campañas científicas, generando un conjunto de información más robusto y útil para orientar estrategias de conservación y recuperación.
Cómo puede colaborar la ciudadanía en el seguimiento de los bosques marinos
El proyecto “Bosques Marinos” no está pensado solo para especialistas. Al contrario, se ha diseñado para que cualquier persona con acceso al mar pueda contribuir de forma sencilla. Durante una sesión informativa en línea dirigida a centros de buceo y a usuarios habituales del mar, se explicaron los pasos básicos para participar y los criterios que hay que seguir para que la información sea realmente útil.
Una de las recomendaciones principales es realizar fotografías de los bosques de algas, indicando siempre la fecha y la localización de la imagen. Estas fotos sirven como registro visual del estado del hábitat en un lugar y momento concretos, y permiten, con el tiempo, comparar la evolución de la cobertura y la salud de las algas.
También se pide a los participantes que registren la presencia y características del bosque, acompañando la observación con datos básicos del entorno: tipo de fondo, profundidad aproximada, nivel de cobertura de las algas, presencia de herbívoros visibles, etc. No hace falta que sea un informe técnico, pero sí que siga unos mínimos recogidos en los protocolos del proyecto.
Para quienes tengan más experiencia o interés, se sugiere la realización de seguimientos sistemáticos mediante censos o transectos. Por ejemplo, recorrer un tramo definido y anotar, cada cierta distancia (cada 25 centímetros u otra unidad establecida), si hay bosque bien desarrollado, algas más pequeñas o roca desnuda. Este tipo de datos cuantitativos son oro puro para detectar cambios a medio y largo plazo.
Todo el material recogido -fotografías, descripciones, datos de seguimiento- debe subirse a la plataforma Observadores del Mar siguiendo los protocolos establecidos. Desde allí, el equipo científico revisa y valida las observaciones, integra la información en las bases de datos del proyecto y la utiliza para elaborar mapas de distribución, analizar tendencias y proponer medidas de gestión y conservación.
La primavera se considera el momento más favorable para colaborar, ya que es cuando los bosques de algas alcanzan su máximo desarrollo y resultan más visibles. En esta época, las estructuras son más densas y fáciles de identificar incluso para ojos menos entrenados, lo que aumenta la calidad de las observaciones y facilita que más gente se anime a participar.
Quién está detrás de la plataforma Observadores del Mar
Observadores del Mar no es un proyecto aislado, sino una plataforma consolidada de ciencia ciudadana marina coordinada por diversos centros de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y otros organismos colaboradores. Su objetivo general es implicar a la sociedad en el seguimiento de la salud de los mares, poniendo en contacto directo a ciudadanos y científicos.
Entre las instituciones que coordinan la plataforma se encuentran el Instituto de Ciencias del Mar (ICM), el Instituto Español de Oceanografía (IEO), el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB), el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), el Sistema de Observación Costera de las Baleares (SOCIB) y el Instituto de Investigaciones Marinas (IIM). Cada uno de estos centros aporta experiencia, infraestructura y personal investigador para dar soporte a los distintos proyectos activos.
Además, Observadores del Mar es socia del proyecto LIFE INTEMARES, que trabaja en la gestión eficaz de la red de espacios marinos protegidos, y forma parte de la iniciativa OCEAN+, orientada a mejorar el conocimiento y la protección del medio marino. La plataforma también colabora con entidades regionales como la Fundación Marilles en Baleares y RedPromar en Canarias, ampliando su alcance territorial y social.
Esta red de alianzas permite que la información recogida por la ciudadanía tenga una proyección real en la toma de decisiones sobre conservación marina. Los datos generados por proyectos como “Bosques Marinos” pueden integrarse en diagnósticos nacionales y europeos, apoyar la creación o mejora de áreas marinas protegidas y guiar acciones concretas frente a amenazas como la pérdida de hábitats, la contaminación o la sobrepesca.
La estructura de Observadores del Mar facilita, además, que las personas que participan en el proyecto no se limiten a subir datos, sino que puedan seguir de cerca los resultados, acceder a información actualizada, consultar mapas y aprender más sobre los ecosistemas que están ayudando a estudiar. Esta retroalimentación es clave para mantener el interés y consolidar una comunidad activa de observadores marinos.
El panorama que dibujan los datos sobre los bosques marinos en las costas españolas es exigente, con pérdidas muy importantes en el Mediterráneo y en el litoral atlántico-cantábrico, pero también abre una puerta a la acción: cuanto mejor sepamos dónde quedan estos bosques, en qué estado se encuentran y qué amenazas les afectan, más posibilidades habrá de protegerlos y, en algunos casos, de impulsar su recuperación. La combinación de ciencia profesional y ciencia ciudadana, articulada a través de Observadores del Mar y del proyecto “Bosques Marinos”, convierte a cualquier persona que se acerque al mar en un posible aliado para la conservación de estos auténticos bosques bajo el agua.