La convivencia entre la actividad pesquera y la fauna marina siempre ha tenido sus mĆ”s y sus menos, siendo la captura accidental uno de los problemas mĆ”s peliagudos a los que se enfrentan nuestros ocĆ©anos. Cuando los delfines o las marsopas se quedan enredados en artes de pesca que no iban dirigidos a ellos, el desenlace suele ser fatal, lo que supone un autĆ©ntico quebradero de cabeza para la biodiversidad marina y la sostenibilidad de las pesquerĆas en toda Europa y el resto del mundo.
Para intentar atajar este drama de una forma que no arruine a los pescadores, un equipo internacional de investigadores se ha sacado de la manga una idea que parece de MacGyver pero que funciona de maravilla. El plan consiste en aprovechar materiales de desecho, concretamente botellas de plĆ”stico y vidrio, para que actĆŗen como avisadores acĆŗsticos. Es una solución de economĆa circular que busca proteger a los cetĆ”ceos sin que suponga un gasto inasumible para las flotas artesanales, algo que mola bastante dada la situación actual.
El ingenioso truco de las botellas como espejos acĆŗsticos

La ciencia detrĆ”s de este invento es tan sencilla como efectiva. Los delfines se orientan mediante el sonido, lanzando chasquidos que rebotan en los objetos, lo que conocemos como ecolocalización. Las redes de nailon convencionales son, a efectos prĆ”cticos, invisibles para sus Ā«radaresĀ» naturales, lo que hace que choquen contra ellas sin darse cuenta. Al atar botellas de plĆ”stico vacĆas con aire en su interior a las redes, estas funcionan como espejos sonoros que reflejan los pulsos del animal con mucha claridad, permitiĆ©ndoles esquivar el obstĆ”culo a tiempo.
El profesor Per Berggren, una eminencia en la conservación de megafauna marina en la Universidad de Newcastle, ha sido el principal impulsor de este proyecto. No solo se han usado botellas de plĆ”stico; las de vidrio tambiĆ©n han tenido su papel protagonista. En este caso, se les aƱaden tornillos en el interior para que, con el balanceo del agua, generen un tintineo metĆ”lico que pone en alerta a los delfines antes de que se acerquen demasiado a la zona de peligro. Vaya tela con lo que se puede conseguir con un poco de ingenio y residuos que de otro modo acabarĆan contribuyendo a la contaminación marina.
Lo mejor de todo es que este sistema no es algo que se haya quedado en el laboratorio, sino que se ha testado codo con codo con los trabajadores del mar. Se organizaron talleres para que los propios pescadores aprendieran a montar estos dispositivos en sus aparejos, ajustando las distancias y los lastres para que la maniobrabilidad de la red no se viera comprometida durante la faena. Es fundamental que estas medidas sean prƔcticas, porque si molestan al trabajar, al final no se usan.
Ćxito rotundo en la pesca de fondo

Los datos recogidos en diversas investigaciones, publicadas en revistas de prestigio como Fisheries Research y Marine Mammal Science, son bastante esperanzadores. En las pruebas realizadas en redes de enmalle de fondo, se registró una caĆda del 88% en la captura incidental de delfines. Es una cifra brutal que demuestra que, a veces, las soluciones mĆ”s simples son las que mejor funcionan. AdemĆ”s, un punto clave es que la cantidad de pescado comercial capturado se mantuvo intacta, por lo que el bolsillo del pescador no sufre lo mĆ”s mĆnimo.
Sin embargo, el invento tiene sus matices dependiendo de dónde se coloque la red. En entornos de superficie, como los probados en zonas de PerĆŗ o ZanzĆbar, la efectividad no fue tan alta. Parece ser que el ruido ambiental cerca de la superficie, provocado por el oleaje y otros factores, hace que los delfines no distingan tan bien el eco de las botellas. Aun asĆ, en aguas brasileƱas la reducción de capturas accidentales fue casi total, lo que abre una puerta enorme para aplicar esta tecnologĆa en las costas europeas donde la pesca de fondo es habitual.
Esta iniciativa no solo salva vidas animales, sino que tambiĆ©n da una segunda oportunidad a los plĆ”sticos que inundan nuestras costas. Se han utilizado botellas de diferentes tamaƱos, desde los 250 ml hasta el litro y medio, demostrando que cualquier envase bien sellado puede convertirse en un salvavidas. La idea es que este mĆ©todo se extienda a nivel global, fomentando una colaboración real entre la comunidad cientĆfica y los pescadores para cuidar el ecosistema de una forma barata y accesible para todo el mundo.
Al final, lo que queda claro es que la tecnologĆa puntera no siempre tiene que ser cara ni compleja. Gracias a estos estudios, se ha comprobado que con algo tan cotidiano como una botella de refresco se puede mitigar uno de los mayores peligros para los mamĆferos marinos sin perjudicar la actividad económica de las familias que viven del mar. Es un avance que demuestra que, con voluntad y materiales reciclados, es posible proteger nuestros mares de forma efectiva y equilibrada para que las futuras generaciones sigan disfrutando de la presencia de los delfines en nuestras costas.