
Ante esta emergencia ecológica, un equipo de la Universidad de Bolonia ha puesto en marcha una estrategia inédita: criar pulpos comunes en laboratorio y liberarlos en el mar Adriático para que actúen como depredadores naturales del cangrejo. El proyecto, bautizado como Octo-Blu, busca reforzar la población de un enemigo natural del crustáceo y frenar su expansión sin recurrir a métodos químicos.
El cangrejo azul, una plaga imparable en el Adriático
Las cifras oficiales reflejan la gravedad de la situación. La región de Emilia-Romaña, una de las principales productoras de almejas de Europa, ha declarado daños por casi 17 millones de euros desde 2022. La organización agrícola y pesquera Coldiretti eleva las pérdidas a unos 200 millones de euros en todo el país. El pescador Davide Sanulli, de 64 años, describe la devastación: ‘Se lo come todo, incluidas las almejas jóvenes que están en el fondo marino’. En las lagunas del delta del río Po, la invasión ha sido calificada de ‘masacre’.
El aumento de la temperatura del mar, asociado al cambio climático, ha favorecido la reproducción de esta especie. Una sola hembra puede poner millones de huevos, la mayoría de los cuales eclosionan con éxito. Esto convierte al cangrejo azul en un adversario casi imparable, con pocos depredadores naturales en el Mediterráneo.
El proyecto Octo-Blu: pulpos criados para devorar cangrejos
El proyecto Octo-Blu, financiado por la región de Emilia-Romaña y coordinado por la Universidad de Bolonia, se desarrolla en un laboratorio de acuicultura en Cesenatico. Allí, los investigadores crían paralarvas de pulpo común (Octopus vulgaris) en tanques de agua hasta que alcanzan un tamaño adecuado para sobrevivir en libertad. Desde junio, se han liberado decenas de miles de ejemplares frente a las costas de Cesenatico y Riccione, con la esperanza de que establezcan pequeñas comunidades estables.
Para aumentar sus posibilidades de supervivencia, los científicos han instalado refugios artificiales de cemento y arcilla cerca de arrecifes submarinos. Estos escondites ofrecen protección a los jóvenes pulpos durante sus primeras etapas de vida. El investigador Antonio Casalini explica que la elección del pulpo se debe a que es un formidable depredador de crustáceos en estado salvaje. ‘No estamos introduciendo una especie nueva, sino reforzando la población de una especie nativa‘, aclara.
Las cifras de liberación varían según las fuentes: mientras que algunas informaciones hablan de 80.000 pulpos, otras elevan la cifra a 130.000. El equipo espera duplicar el número antes de finales de agosto. La idea es crear una comunidad de depredadores que ejerza una presión constante sobre el cangrejo azul.
Limitaciones y alternativas
El proyecto, sin embargo, tiene limitaciones evidentes. El pulpo común no suele habitar las aguas cálidas, poco profundas y arenosas de las lagunas donde el cangrejo azul causa mayores daños. Esto podría reducir la eficacia de las liberaciones en algunas zonas. Los investigadores son conscientes de ello y estudian otras especies complementarias, como la lubina, que podría ser más eficaz en aguas someras, o la anguila, que devora huevos de crustáceos con voracidad.
A pesar de las dudas, los científicos defienden que cada captura de una hembra reproductora puede marcar una diferencia significativa. Pietro Emmanuele, otro investigador del proyecto, señala que si un pulpo captura incluso una sola hembra, se reduce desproporcionadamente la próxima generación de cangrejos. El objetivo no es eliminar por completo al invasor, sino controlar su población en combinación con otras estrategias de manejo.
Impacto en España
El problema no se limita a Italia. El cangrejo azul se ha expandido por humedales, estuarios y zonas costeras de España, desplazando especies autóctonas y afectando a la pesca artesanal. Comunidades como la valenciana, catalana y andaluza han encendido las alarmas, destacando el mapa del cangrejo azul en Andalucía. El caso italiano se observa ahora como un laboratorio natural para explorar soluciones, y el proyecto Octo-Blu podría servir de referencia para otras regiones mediterráneas.
La invasión del cangrejo azul en el Mediterráneo es un desafío ecológico y económico de primera magnitud. Italia ha respondido con una apuesta innovadora: reforzar la población de pulpos, un depredador natural, para frenar su avance. Aunque el proyecto es experimental y tiene limitaciones, representa un enfoque prometedor que combina ciencia y naturaleza. Mientras tanto, la expansión del crustáceo continúa, y la necesidad de soluciones efectivas se vuelve cada vez más urgente.

