Un reciente trabajo científico ha puesto el foco en un rincón del Caribe que muchos consideraban casi intacto: las aguas que rodean la isla de Eleuthera, en Bahamas. Un equipo internacional ha detectado cocaína, cafeína, analgésicos y otros fármacos en la sangre de varios tiburones, una señal de hasta qué punto la actividad humana está dejando huella incluso en ecosistemas que parecen prístinos.
Lejos de ser una anécdota llamativa, los resultados apuntan a un nuevo frente de contaminación marina: la presencia de contaminantes emergentes, desde medicamentos de uso cotidiano hasta drogas ilícitas, que llegan al mar a través de aguas residuales, turismo y vertidos diversos. Aunque el estudio se ha realizado en Bahamas, los expertos advierten de que la situación podría ser comparable en otras zonas turísticas costeras del mundo, incluidas áreas de Europa, donde el vertido de aguas sin depurar sigue siendo un problema.
Un estudio pionero en tiburones de Eleuthera
La investigación, liderada por el Instituto de Cabo Eleuthera (Cape Eleuthera Institute) junto con colaboradores internacionales, se centró en la costa de esta isla, una de las más de 700 que forman el archipiélago de Bahamas. A pesar de su carácter remoto, los científicos comprobaron que la huella química de la actividad humana llega sin demasiadas dificultades a estas aguas.
Para el trabajo se tomaron muestras de sangre de 85 tiburones pertenecientes a cinco especies costeras: el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier), el tiburón de punta negra (Carcharhinus limbatus), el tiburón de arrecife del Caribe (Carcharhinus perezi), el tiburón nodriza del Atlántico (Ginglymostoma cirratum) y el tiburón limón (Negaprion brevirostris).
El equipo analizó el suero de los animales mediante técnicas avanzadas de química analítica, concretamente cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas en tándem (LC-MS/MS), una herramienta muy sensible que permite detectar contaminantes en concentraciones muy bajas. El objetivo era identificar la presencia de contaminantes de preocupación emergente (CEC), un grupo de sustancias que incluye fármacos, productos de cuidado personal y drogas recreativas.
Los resultados, publicados en la revista científica Environmental Pollution bajo el título “Drugs in paradise: caffeine, cocaine, and painkillers detected in sharks from The Bahamas”, han sido calificados por especialistas externos como una de las primeras evidencias directas de compuestos artificiales en tiburones salvajes de esta región.

Qué sustancias se encontraron en los tiburones
De los 85 tiburones estudiados, 28 dieron positivo en al menos uno de los compuestos analizados. Entre las sustancias detectadas se encontraban cafeína, cocaína, paracetamol (acetaminofén) y diclofenaco, todas ellas asociadas al consumo humano diario, ya sea como estimulantes, analgésicos o antiinflamatorios.
La sustancia más extendida fue la cafeína, presente en 27 de los 28 tiburones contaminados. El paracetamol se detectó en tres individuos, la cocaína en dos y el diclofenaco en tres. En algunos casos, un mismo tiburón presentaba varias sustancias simultáneamente, una combinación que, aunque se ha medido en cantidades reducidas, plantea dudas sobre posibles efectos combinados a largo plazo.
El estudio subraya que es la primera vez que se registran cafeína y paracetamol en tiburones en cualquier lugar del mundo. Además, se trata del primer registro de cocaína y diclofenaco en tiburones de Bahamas, lo que amplía la lista de especies marinas en las que se ha confirmado la presencia de estos compuestos.
Más allá de estas cuatro sustancias, el trabajo evaluó un amplio abanico de CEC, entre ellos antidepresivos, antibióticos, antiinflamatorios no esteroideos y otros analgésicos. En la lista figuraban compuestos como carbamazepina, ciprofloxacino, citalopram, fluoxetina, nimesulida, piroxicam, sertralina, sulfametoxazol, triclosán, trimetoprima o tramadol, todos ellos habituales en productos farmacéuticos y de cuidado personal.
Los tiburones nodriza y los tiburones de arrecife del Caribe destacaron entre las especies más afectadas, con varios ejemplares que presentaban múltiples compuestos en su sangre al mismo tiempo. También se detectaron restos de cocaína en al menos un tiburón limón juvenil, lo que indica que la exposición alcanza incluso a animales en etapas tempranas de su vida.
La huella del turismo y las aguas residuales
Uno de los puntos clave del trabajo es la relación entre los contaminantes hallados en los tiburones y la actividad humana en la zona de estudio. Las mayores concentraciones se detectaron en un área conocida como The Aquaculture Cage, un enclave muy popular entre operadores de buceo y excursiones turísticas para nadar con tiburones.
Los científicos apuntan a varias posibles vías de llegada de estos compuestos al mar. Por un lado, señalan la influencia de efluentes de aguas residuales urbanas, que pueden contener restos de medicamentos y drogas que no son completamente eliminados en las estaciones de tratamiento. Las corrientes marinas, según los investigadores, podrían transportar estos residuos desde otras partes de la isla hasta las áreas de presencia de tiburones.
Por otro lado, se menciona la contribución directa de la actividad turística. La bióloga Natascha Wosnick, autora principal del estudio, ha explicado que en zonas muy concurridas “la gente orina en el agua y vierte sus aguas residuales desde embarcaciones”, lo que introduce de forma continua pequeñas cantidades de fármacos y otras sustancias en el entorno marino.
A ello se suma el vertido de residuos sólidos y otros materiales al mar. Los tiburones, como es habitual en su comportamiento, muerden e investigan objetos extraños que encuentran en el agua, lo que puede aumentar su exposición a contaminantes adheridos a plásticos, envases o restos de basura.
Para los autores, el caso de Bahamas es especialmente llamativo porque el archipiélago se promociona como un destino de naturaleza casi virgen. Sin embargo, los datos indican que la contaminación química está mucho más extendida de lo que se creía, y que incluso las áreas consideradas “limpias” están recibiendo una mezcla compleja de compuestos artificiales.
¿Cómo afectan estas sustancias a la salud de los tiburones?
Uno de los aspectos que más interés ha despertado entre los especialistas es el impacto de estas sustancias en la fisiología de los tiburones. Aunque el estudio no encontró pruebas claras de daños físicos visibles o patologías evidentes derivados de la exposición, sí detectó diferencias en varios marcadores biológicos entre los individuos contaminados y los que no presentaban fármacos en sangre.
En concreto, los tiburones con presencia de cafeína, cocaína o analgésicos mostraron alteraciones en niveles de triglicéridos, urea y lactato. Estos parámetros están relacionados con el metabolismo energético y la respuesta al estrés, de modo que las variaciones podrían indicar cambios sutiles en la forma en que el organismo gestiona la energía o reacciona ante situaciones de esfuerzo.
Expertos consultados, como la oceanógrafa Tracy Fanara, han subrayado que lo realmente destacable no es solo detectar cocaína o fármacos en tiburones costeros, sino observar modificaciones asociadas en los marcadores metabólicos. Este tipo de cambios, aunque no se traduzcan de inmediato en enfermedad, podrían afectar al comportamiento, la capacidad de caza, la reproducción o la resistencia al estrés a medio y largo plazo.
La exposición a mezclas de contaminantes en bajas concentraciones es especialmente difícil de evaluar. Cada sustancia, por separado, puede estar por debajo de los umbrales considerados peligrosos, pero la combinación de varias puede producir efectos acumulativos o sinérgicos que aún se conocen poco.
Los autores del trabajo insisten en que, por ahora, no se puede establecer una relación causal directa entre la presencia de estos compuestos y problemas concretos de salud en los tiburones estudiados. Sin embargo, consideran que los datos justifican ampliar la investigación, incluyendo seguimientos a largo plazo, estudios de comportamiento y análisis en otras zonas geográficas, también en mares muy transitados de Europa.
Un problema global: del Caribe a las costas europeas
Aunque el estudio se ha desarrollado en Bahamas, se enmarca en una línea de investigación más amplia sobre cómo las drogas recreativas y los medicamentos de uso cotidiano llegan a ríos, estuarios y océanos. En los últimos años se han publicado trabajos que muestran efectos de estas sustancias en especies muy diversas.
En Europa, por ejemplo, se han descrito casos de peces expuestos a metanfetamina u otros compuestos que modifican su comportamiento, y episodios de mortalidad como nuevos restos de peces muertos en Telde. En experimentos controlados, algunos individuos mostraban preferencia por el agua que contenía la droga, incluso después de ser trasladados a depósitos limpios, un patrón que recuerda a mecanismos de adicción observados en vertebrados superiores.
Otros estudios, realizados en Estados Unidos, han analizado el efecto de sustancias psicoactivas como la MDMA en invertebrados marinos como los pulpos. Aunque en este caso se trató de ensayos de laboratorio, los resultados mostraron cambios sorprendentes en su conducta social, lo que sugiere que ciertos mecanismos neuronales son muy antiguos y se comparten entre grupos animales muy distintos.
En el contexto europeo, la preocupación se centra en el vertido de efluentes urbanos insuficientemente tratados al mar Mediterráneo, el Atlántico o el mar del Norte. Informes sobre calidad de aguas han detectado la presencia de antidepresivos, analgésicos, antibióticos y restos de drogas recreativas en ríos que desembocan en estas cuencas, lo que abre la puerta a situaciones similares a las descritas en Bahamas, aunque todavía no se hayan documentado de forma tan llamativa en grandes depredadores como los tiburones.
La experiencia caribeña sirve así como un aviso para otras regiones con fuerte presión turística, incluidas las costas españolas, donde la alta densidad de población en verano, la navegación recreativa y los vertidos puntuales pueden contribuir a un cóctel químico comparable, aunque menos visible que el de los plásticos o los vertidos de hidrocarburos.
La necesidad de actuar sobre los contaminantes emergentes
Los llamados contaminantes emergentes (CEC) engloban un abanico muy amplio de sustancias que hasta hace relativamente poco apenas se tenían en cuenta en la gestión de la calidad del agua. En este grupo entran productos farmacéuticos, cosméticos, repelentes, desinfectantes, antiinflamatorios, analgésicos y drogas recreativas, entre otros.
Muchos de estos compuestos no están regulados de forma específica en la normativa sobre vertidos, o lo están de manera muy limitada. Los sistemas de depuración convencionales, presentes tanto en Europa como en América, no siempre son capaces de eliminarlos por completo, de modo que acaban en ríos, lagos y mares tras pasar por las plantas de tratamiento.
El trabajo realizado en Eleuthera pone de relieve que, incluso cuando las concentraciones son bajas, estos contaminantes pueden llegar a integrarse en la cadena trófica marina y terminar en grandes depredadores como los tiburones. Se trata de una situación que, según los científicos, puede repetirse en otros puntos del planeta con características similares, especialmente allí donde coinciden turismo intensivo, vertidos de aguas residuales y ecosistemas de alto valor ecológico.
Organismos internacionales y agencias ambientales europeas vienen reclamando desde hace años mejoras en el tratamiento de aguas residuales, incorporando tecnologías más avanzadas (como la ozonización o la filtración con membranas) que permitan reducir la presencia de fármacos y otros CEC. Sin embargo, la implantación de estas soluciones no es homogénea y depende de la inversión pública y de la regulación y casos judiciales de cada país.
En el ámbito de la investigación, el caso de los tiburones de Bahamas refuerza la idea de que se necesitan estudios integrados que combinen química ambiental, biología marina y análisis de riesgos. Solo así, apuntan los expertos, se podrá evaluar con mayor precisión qué implica para la fauna marina estar expuesta durante años a un “cóctel” de compuestos, incluso cuando cada uno de ellos aparece en dosis aparentemente bajas.
El hallazgo en Eleuthera, con tiburones que transportan en su sangre restos de cafeína, cocaína y analgésicos, se ha convertido en un símbolo de esta nueva fase de la contaminación oceánica: menos visible que el plástico o el petróleo, pero igual de ligada a nuestros hábitos cotidianos y al modo en que gestionamos los residuos en todo el planeta.