Confirman cómo el alga asiática invade el litoral mediante reproducción asexual

  • Investigadores andaluces confirman que Rugulopteryx okamurae se expande casi solo de forma asexual y vegetativa.
  • La macroalga puede generar más de medio millón de nuevos individuos por metro cuadrado de pradera de posidonia en un año.
  • La invasora se asienta en ecosistemas protegidos del litoral andaluz, alterando la biodiversidad y afectando a la pesca y al turismo.
  • Conocer sus estrategias reproductivas permite planificar controles selectivos en las épocas más críticas de reproducción.

Alga asiática invasora en el mar

Las aguas del litoral andaluz, especialmente frente a la costa granadina y el Estrecho, viven una transformación silenciosa. Lo que hace unos años eran densas praderas de posidonia y bosques de algas típicas del Mediterráneo se está viendo sustituido por mantos casi continuos de una macroalga parda llegada del Pacífico occidental.

Esta especie, identificada como Rugulopteryx okamurae, se ha consolidado ya como una de las peores invasoras del medio marino andaluz. Un conjunto de estudios recientes impulsados por universidades de Andalucía confirma que su éxito se basa en una estrategia clara: se propaga sobre todo mediante reproducción asexual y vegetativa, formando auténticos ejércitos de clones capaces de colonizar rápidamente nuevos fondos.

alga invasora
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Un proyecto andaluz para descifrar la invasión del alga asiática

Detrás de estos resultados hay un trabajo coordinado de especialistas en Botánica, Fisiología Vegetal, Geología y Ecología de la Universidad de Málaga (UMA), junto con el Departamento de Botánica de la Universidad de Granada (UGR). El proyecto cuenta con financiación de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía, fondos Feder y apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica.

El equipo se propuso entender cómo esta macroalga exótica consigue mantener y expandir sus poblaciones en un medio que no es el suyo. Para ello, centraron sus esfuerzos en un territorio ya invadido: una pradera de Posidonia oceanica en la costa de Granada, un ecosistema marino especialmente protegido por la normativa europea debido a su enorme biodiversidad.

Los resultados se han publicado en la revista científica Marine Pollution Bulletin bajo el título «Reproductive performance and propagule pressure: Key drivers of Rugulopteryx okamurae (Ochrophyta, Dictyotales) invasion of a Posidonia oceanica meadow», donde se detalla cómo la reproducción asexual se ha convertido en la pieza clave de esta invasión.

Ceuta 2015: el inicio de una expansión fulgurante

La historia reciente de Rugulopteryx okamurae en nuestras aguas comienza en Ceuta, en 2015. Fue allí donde la investigadora de la Universidad de Málaga María Altamirano detectó por primera vez la presencia de esta macroalga procedente del Pacífico occidental, zona de la que es originaria.

Desde esa primera observación, el avance ha sido rápido y continuo. En menos de una década, la especie ha colonizado amplias zonas del litoral andaluz, especialmente en el Estrecho y la costa granadina, desplazando a gran parte de la flora marina autóctona. Sus densos tapices compiten con la posidonia y con otras algas nativas, modificando de forma profunda el paisaje submarino que muchos buceadores conocieron hace apenas unos años.

Este cambio no solo tiene consecuencias ecológicas. La acumulación masiva de biomasa en playas y puertos genera un problema logístico y económico: las administraciones locales se ven obligadas a organizar costosas campañas de retirada y acopio, mientras que la pesca de artes menores y otras actividades profesionales se ven dificultadas por la presencia de grandes masas de alga en redes y aparejos.

La combinación de impactos ambientales y socioeconómicos ha llevado a la comunidad científica y a las administraciones a considerar a Rugulopteryx okamurae como la especie invasora más problemática en el medio marino andaluz en estos momentos.

Un año siguiendo al alga en una pradera de posidonia

Para entender qué hay detrás de esta capacidad de expansión, el equipo de la UMA y la UGR eligió como laboratorio natural una población de Rugulopteryx okamurae que invade una pradera de posidonia en la Cala de Cambriles, en la costa de Granada. Esta zona alberga uno de los ecosistemas submarinos más valiosos del litoral andaluz, por lo que resulta ideal para estudiar el choque entre la especie invasora y la vegetación marina protegida.

Durante un año completo, un grupo de buceadores científicos realizó inmersiones periódicas cada dos meses para recoger muestras del alga sin causar daños adicionales a la pradera de Posidonia oceanica. El protocolo consistía en retirar cuidadosamente fragmentos representativos de la población invasora, que posteriormente se analizaban en el laboratorio.

Una vez en las instalaciones científicas, los investigadores examinaban los talos —la parte estructural del alga, equivalente al “cuerpo” vegetal— y los clasificaban en diferentes categorías de tamaño. El objetivo era comprobar en qué proporción presentaban estructuras reproductivas y cuántas unidades reproductoras generaba cada individuo en las distintas épocas del año.

Este seguimiento pormenorizado permitió cuantificar la intensidad con la que el alga se multiplica y estimar su potencial real de expansión en un hábitat ya ocupado por una especie clave como la posidonia.

Reproducción asexual: clones, fragmentos y esporas

En su área de origen, en el Pacífico occidental, se sabía que Rugulopteryx okamurae podía reproducirse tanto de forma sexual como asexual. En condiciones naturales allí se han descrito gametos, tetrasporas —que aportan variación genética a las poblaciones—, propágulos y distintos tipos de esporas.

Sin embargo, en el territorio invadido analizado en la costa de Granada el patrón cambia de manera radical. A lo largo del año de muestreo, los investigadores apenas encontraron estructuras de reproducción sexual: los gametos no llegaron a detectarse y las tetrasporas aparecieron de manera meramente anecdótica.

En cambio, la presencia de estructuras relacionadas con la reproducción asexual fue masiva. El equipo identificó, prácticamente en toda la superficie de los talos y durante gran parte del año, abundantes propágulos y esporas asexuales, responsables de la multiplicación clónica de la especie.

Los propágulos son pequeños fragmentos o talos diminutos capaces de desprenderse del individuo principal y, una vez liberados, crecer hasta convertirse en un nuevo ejemplar. Estas unidades se detectaron prácticamente en todas las estaciones, lo que indica una capacidad continua de generar nuevos clones.

Las esporas asexuales, por su parte, se concentraron sobre todo en primavera y verano, periodos que se identifican como las épocas de mayor actividad reproductiva de la invasora. Son células especializadas que, al germinar, originan individuos completos sin necesidad de fecundación sexual.

Más de medio millón de individuos por metro cuadrado

Con la información recogida sobre el número de propágulos y esporas producidos por talos de distintos tamaños, los científicos calcularon la llamada presión de propágulos, un indicador que estima cuántos nuevos individuos puede generar una población de Rugulopteryx okamurae en un área determinada de pradera invadida.

Los resultados son llamativos: según las estimaciones, en un solo año la macroalga sería capaz de producir más de medio millón de ejemplares potenciales por metro cuadrado de posidonia ocupada. Es decir, en una superficie similar a la de una mesa grande podría originarse una cantidad de individuos comparable a la población de una ciudad como Málaga.

Evidentemente, no existe fondo marino suficiente para que todos esos individuos lleguen a asentarse y crecer sobre el sustrato. Esta desproporción lleva al equipo a plantear que una parte importante de esos nuevos organismos permanece en la columna de agua, viviendo y desplazándose sin necesidad de fijarse al fondo.

Este comportamiento encaja con la presencia cada vez más frecuente de grandes masas flotantes de alga en el litoral andaluz. Los fragmentos y clones que no encuentran espacio donde establecerse se desplazan con las corrientes, alcanzando otras zonas costeras y facilitando la colonización de nuevos enclaves, a menudo a muchos kilómetros del núcleo original.

El estudio también confirma que los talos de mayor tamaño son los que producen un número más elevado de unidades reproductivas, de modo que los individuos grandes actúan como centros de emisión de propágulos y esporas, alimentando de forma constante la invasión.

Impacto sobre posidonia, fauna marina y sectores económicos

La expansión de Rugulopteryx okamurae tiene un efecto directo sobre las praderas de Posidonia oceanica, uno de los hábitats marinos más importantes del Mediterráneo. Estas praderas actúan como refugio y zona de cría para numerosas especies, ayudan a estabilizar los sedimentos y desempeñan un papel fundamental en la oxigenación y calidad del agua.

Al colonizar estos enclaves, el alga asiática compite con la posidonia por el espacio y la luz, dificultando su desarrollo y alterando la estructura del ecosistema. Donde antes predominaban hojas de posidonia y un mosaico de algas nativas, ahora se observan extensos tapices dominados por la invasora, lo que se traduce en cambios en la comunidad de peces, invertebrados y otros organismos asociados.

El impacto se deja notar también en la actividad pesquera. Los bancos de peces y mariscos se ven afectados por la transformación del hábitat y, además, las grandes cantidades de alga en redes, nasas y otros artes suponen un problema añadido para los profesionales del sector, que deben invertir más tiempo y esfuerzo en limpiar sus equipos.

En las playas, la llegada masiva de arribazones de Rugulopteryx okamurae obliga a los ayuntamientos y otras administraciones a destinar recursos económicos significativos a la retirada y gestión de esta biomasa. A ello se suma la preocupación por la imagen turística de las zonas costeras, donde la presencia de grandes montones de algas puede generar rechazo entre los visitantes.

Ante este panorama, distintos grupos de investigación están explorando también posibles aprovechamientos de la biomasa retirada, desde usos industriales hasta aplicaciones en nuevos materiales o procesos biotecnológicos, con la idea de revalorizar al menos una parte del problema generado por la invasora.

Claves científicas para mejorar la gestión y el control

Conocer en detalle la forma en que Rugulopteryx okamurae se reproduce y se dispersa no es solo una cuestión académica. La información obtenida permite diseñar estrategias de gestión más eficaces frente a esta invasión marina, ajustando las actuaciones a los momentos del año y a las características de las poblaciones.

Los investigadores señalan que la erradicación total de una especie con esta capacidad de expansión es viable únicamente cuando se detecta muy pronto y se actúa con rapidez y de manera sostenida. En el caso del litoral andaluz, donde la macroalga ya está firmemente asentada en muchos puntos, el enfoque pasa por controles de población y medidas que limiten su impacto.

Entre las opciones planteadas figura la eliminación selectiva de biomasa en las épocas de máxima actividad reproductiva —principalmente primavera y verano—, de modo que se reduzca el número de propágulos y esporas generados y, con ello, la presión de propagación sobre nuevas áreas.

Estas intervenciones, señalan los expertos, deberían acompañarse de acciones que favorezcan el desarrollo de las especies nativas, en particular de la posidonia y de otras algas propias del Mediterráneo, permitiendo que recuperen parte del espacio que hoy ocupan los mantos de Rugulopteryx okamurae.

La información detallada sobre ciclos reproductivos, densidad de propágulos y comportamiento de las masas flotantes aporta a las administraciones y gestores costeros una base científica sólida para planificar campañas de retirada y otras medidas de mitigación con mayor precisión, priorizando zonas y momentos en los que la intervención puede ser más efectiva.

A medida que se acumulan datos sobre esta macroalga, el reto pasa por traducir ese conocimiento en decisiones concretas que permitan contener su expansión y minimizar el daño sobre los ecosistemas marinos y las actividades humanas que dependen de ellos. El trabajo coordinado entre universidades, administraciones y sectores afectados será clave para que, pese a la presencia de esta invasora, el litoral andaluz conserve el mayor grado posible de diversidad y funcionalidad ecológica.