El pasado lunes, un grupo de turistas que participaba en una salida de avistamiento de cetáceos organizada por Buceo Finisterre vivió un encuentro inolvidable: cuatro ballenas azules, el animal más grande del planeta, se acercaron a su embarcación en las inmediaciones del Cabo Fisterra, en la costa gallega.
No es habitual ver a estos gigantes marinos, y menos en grupo. De hecho, la empresa, que lleva años realizando estas excursiones, nunca había registrado un avistamiento de cuatro ejemplares juntos. La noticia ha generado expectación entre los amantes de la naturaleza y ha puesto de relieve la recuperación de esta especie en aguas del Atlántico.
Un encuentro a escasos metros
La expedición partió de Fisterra y se adentró en el mar. A unas seis millas de la costa, la tripulación divisó los soplos de los cetáceos. Uno de ellos se acercó a menos de diez metros de la embarcación, curioseando a los pasajeros. Fernando Carrillo Lago, gerente de Buceo Finisterre y buzo profesional, describió la escena: «Paramos la lancha y siempre se acercan porque son muy observadoras». Los turistas, un grupo de madrileños, no daban crédito: era la primera vez que veían ballenas en libertad.
Además de las cuatro ballenas azules, el grupo pudo observar una ballena aliblanca, más de cincuenta delfines y un pequeño tiburón. Todo ello al atardecer, pasadas las ocho de la tarde, lo que hizo que el momento fuera aún más mágico. La bióloga María Becerra, que viajaba a bordo, explicó que fue «un momento muy emotivo, que daba un poco de vértigo».
¿Por qué estaban allí?
Las ballenas azules migran cada verano a aguas gallegas para alimentarse de kril, su principal fuente de alimento. Según Alfredo López, biólogo y portavoz de la Coordinadora para el Estudio de los Mamíferos Marinos (CEMMA), estas son las primeras ballenas azules avistadas en la costa gallega en 2026. «Este año van retrasadas», señaló. Normalmente, estos cetáceos suelen viajar acompañados de rorcuales comunes, pero en esta ocasión no fue así.
María Becerra apunta a un fenómeno curioso: «Por el fenómeno de El Niño, que calentó mucho el agua superficial, el rorcual común se desplazó a aguas más profundas y varió su ruta. Las ballenas azules, en cambio, mantuvieron su ruta migratoria y vinieron igualmente». Esto explicaría por qué se las vio solas, algo poco frecuente.
Una señal de recuperación
La bióloga descarta que este avistamiento esté relacionado con el cambio climático. Al contrario, lo considera «una noticia esperanzadora». «Galicia está recuperando la población de ballenas después de que estuviesen al borde de la extinción por la caza», afirma. En el pasado, el Cabo Fisterra albergó una factoría ballenera que diezmó a estos animales. Ahora, con el cese de la caza, los datos indican que la especie se está recuperando.
Los expertos recuerdan que las ballenas azules pueden medir entre 25 y 30 metros y pesar hasta 100 toneladas. Se desplazan desde el norte de Europa hasta el norte de África en busca de alimento. Su presencia en Galicia es un indicador de la salud de las especies marinas y la biodiversidad del ecosistema marino.
En definitiva, este avistamiento de cuatro ballenas azules en Fisterra no solo ha sido un espectáculo para los afortunados que lo presenciaron, sino también un motivo de esperanza para la conservación de la especie. La combinación de factores como la recuperación de las poblaciones y la abundancia de kril en la zona ha convertido la costa gallega en un punto clave para la observación de estos gigantes del océano. Sin duda, una experiencia que quedará grabada en la memoria de todos los que tuvieron la suerte de vivirla.
