Día Mundial de las Ballenas y los Delfines: un tercio de las especies, en peligro

  • La moratoria de la CBI en 1986 frenó la caza comercial, pero tres millones de ballenas ya habían sido capturadas.
  • Actualmente, una de cada cuatro especies de cetáceos está amenazada, y el 26% de ellas empeoró su estado en la última década.
  • Las principales amenazas son la captura accidental en redes, la contaminación acústica y plástica, y el cambio climático.
  • Las ballenas desempeñan un papel crucial en la captura de CO₂ y la producción de oxígeno a través del fitoplancton.

Cada 23 de julio se conmemora el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines, una fecha que recuerda la importancia de proteger a estos mamíferos marinos y los ecosistemas de los que dependen. La efeméride tiene su origen en la decisión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) que en 1982 aprobó una moratoria a la caza comercial de ballenas, medida que entró en vigor en 1986 y supuso un punto de inflexión en la conservación de estas especies.

Sin embargo, a pesar de los avances, la situación actual de los cetáceos sigue siendo preocupante. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), una de cada cuatro especies de ballenas, delfines y marsopas está amenazada de extinción, y el 20% de ellas ha visto empeorar su estado de conservación entre 2008 y 2021. Solo tres especies lograron mejorar su categoría en ese periodo.

Día Mundial de las Ballenas y los Delfines

ballenas
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Una moratoria histórica que salvó a muchas ballenas

La caza comercial llevó a las ballenas al borde de la desaparición. Se estima que cerca de tres millones de ballenas fueron capturadas antes de que la comunidad internacional actuara. Organizaciones como Greenpeace fueron fundamentales para lograr la moratoria de la CBI, que permitió que especies icónicas como la ballena jorobada regresaran del borde de la extinción y se restablecieran en varias de sus rutas históricas. No obstante, países como Japón, Islandia y Noruega continuaron con las capturas bajo programas científicos cuestionados.

En el hemisferio sur, la ballena franca austral es un ejemplo de recuperación: de unos 450 ejemplares en la década de 1950 ha pasado a miles en la actualidad, gracias a la protección en zonas como la Península Valdés, en Argentina. Sin embargo, nuevas amenazas como la prospección sísmica y la explotación de hidrocarburos ponen en riesgo su sistema auditivo y pueden provocar desorientación y varamientos.

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Amenazas actuales: más allá de la caza

Hoy los peligros son múltiples. La captura incidental en redes de pesca industrial, conocida como bycatch, provoca la muerte de unas 300.000 ballenas y delfines al año a nivel global, destacando el grave impacto de las redes de deriva en la fauna marina. A esto se suman la contaminación acústica generada por prospecciones sísmicas y el tráfico marítimo, las colisiones con embarcaciones, la ingestión de microplásticos y desechos plásticos, y los efectos del cambio climático sobre la temperatura y la disponibilidad de alimento.

La UICN advierte que el 11% de las especies evaluadas carece de datos suficientes para determinar su estado real, por lo que el número de cetáceos amenazados podría ser aún mayor. En América Latina, especies como el delfín de Lahille (Tursiops truncatus gephyreus) no superan los 300 ejemplares en aguas argentinas, y la franciscana (Pontoporia blainvillei) es especialmente vulnerable a las redes de pesca.

Delfines nadando

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Especies en situación crítica

Cinco especies se encuentran en Peligro Crítico, la categoría más grave antes de la extinción. Entre ellas destacan la vaquita marina del Golfo de California, de la que quedan menos de 10 ejemplares, y la ballena franca del Atlántico Norte, con menos de 250 individuos. También están en esta situación el delfín del río Yangtze, posiblemente extinto en la naturaleza, la ballena de Rice y el delfín jorobado del Atlántico.

Las especies de agua dulce son las más vulnerables: el 100% de los cetáceos que viven en ríos está amenazado. En Sudamérica, el delfín del Amazonas y el tucuxi figuran como “En Peligro” debido a la deforestación y la contaminación de los sistemas fluviales.

El papel clave de las ballenas en el equilibrio del planeta

Más allá de su valor ecológico, las ballenas son aliadas contra el cambio climático. A lo largo de su vida, un solo ejemplar puede capturar hasta 33 toneladas de CO₂, que al morir se fijan en el fondo marino, formando a veces un cementerio de ballenas natural. Además, sus rutas de alimentación favorecen el crecimiento del fitoplancton, responsable de producir el 50% del oxígeno de la atmósfera y de absorber dióxido de carbono. Proteger a las ballenas y los delfines no solo es una cuestión de conservación, sino también de salud planetaria. La efeméride del 23 de julio nos recuerda que cuidar los océanos es cuidar la vida en la Tierra, y que cada acción cuenta para reducir la contaminación, apoyar la pesca sostenible y preservar los corredores biológicos que estos animales recorren cada año.

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