El pasado fin de semana, las playas de Dénia se convirtieron en el escenario de un espectáculo natural que llevaba semanas gestándose. Más de un centenar de tortugas bobas (Caretta caretta) nacieron y emprendieron su camino hacia el mar, en un evento que ha movilizado a voluntarios, biólogos y curiosos. La eclosión de los nidos, custodiados por el Campamento Tortuga, ha sido todo un éxito, con dos episodios destacados: uno en la playa de Les Albaranes y otro en Les Deveses.
El Campamento Tortuga, una iniciativa impulsada por el Ayuntamiento de Dénia con la colaboración de la asociación Eucrante y otras entidades, ha sido el centro de operaciones. Desde hace semanas, un equipo de más de 200 voluntarios se turna para vigilar los nidos de Diana y Mona, dos tortugas que han elegido este litoral para desovar. En total, se custodiaban 396 huevos en cuatro nidos, aunque la aparición de un quinto nido en Les Deveses ha elevado la cifra>. Además, veinte huevos fueron trasladados al Oceanogràfic de València para su incubación controlada.
Primera eclosión en el Campamento Tortuga
El viernes por la tarde, la espera terminó. Una primera tortuguita asomó la cabeza y dio la señal. Poco después, una treintena de crías siguieron su ejemplo. En total, 31 neonatos salieron del nido en la playa de Les Albaranes>. De ellos, diez fueron llevados al Oceanogràfic para su seguimiento, mientras que los 21 restantes fueron liberados directamente en el mar.
Pero la jornada no acabó ahí. Horas más tarde, el mismo nido produjo otras 17 tortugas, que también fueron liberadas. Así, el primer nido sumó 48 crías en un solo día>. Una de las novedades de este año fue la participación de dos buceadores voluntarios, Alfredo y Micaela, que se sumergieron para grabar la suelta desde el agua, ofreciendo una perspectiva única.

Un segundo nido sorprende en Les Deveses
La noche del sábado trajo una sorpresa. Un aviso de unos particulares alertó de la presencia de crías en la playa de Les Deveses, un nido que no había sido detectado previamente. El equipo de coordinación del Campamento Tortuga se desplazó rápidamente, junto a la Unidad de Zoología Marina de la Universitat de València y el Oceanogràfic>. Tras localizar el nido, ayudaron a las tortugas a completar su recorrido hasta la orilla.
En esta ocasión, se contabilizaron unas 80 crías. Diez de ellas fueron trasladadas al Oceanogràfic, mientras que las aproximadamente 70 restantes fueron liberadas en el mar>. Con este hallazgo, Dénia suma ya cinco nidos de tortuga boba en la temporada, un récord que consolida a la ciudad como un punto clave para la reproducción de esta especie en el Mediterráneo.

El papel del voluntariado y la colaboración
Detrás de este éxito hay un gran trabajo de coordinación. La concejala de Transición Ecológica, Sandra Gertrúdix, ha destacado la importancia del voluntariado: ‘El voluntariado es lo más importante’, afirmó. Este año se inscribieron 230 personas, que vigilan los nidos en turnos de tarde y noche>. La concejalía les facilita comida, bebida e incluso talleres nocturnos para hacer más llevaderas las horas de espera.
La asociación Eucrante, con Blanca Feliu al frente, ha sido pieza fundamental en la coordinación. Feliu explicó que la primera eclosión estaba calculada para finales de semana y auguró un agosto ‘lleno de actividad’. Además, se ha establecido una alianza con el parque natural Tortuguero de Costa Rica, que ha permitido mejorar la gestión del voluntariado y conocer mejor los ciclos lunares para predecir las puestas.
El alcalde de Dénia, Rafa Carrió, calificó la eclosión de ‘histórica’, comparable al eclipse solar del 12 de agosto. Desde 2023, se han localizado 14 nidos en Dénia, algo excepcional>. Carrió agradeció el trabajo de todos los implicados y recordó que la protección de estas tortugas es una responsabilidad compartida.
En definitiva, el balance del fin de semana es muy positivo. Más de 120 tortugas llegaron al mar gracias a la colaboración entre voluntarios, científicos y administraciones>. La eclosión de los nidos de Dénia no solo es un espectáculo natural, sino un ejemplo de cómo la implicación ciudadana puede marcar la diferencia en la protección de las tortugas marinas en el litoral. Las playas alicantinas se consolidan como un santuario para la tortuga boba, y todo apunta a que este verano dará más sorpresas.

