El ajolote del Altiplano reaparece en Querétaro tras 15 años sin rastro

  • Investigadores de la UNAM localizaron hasta 50 ajolotes del Altiplano en un lago artificial de Amealco, Querétaro, tras 15 años sin registros en la zona.
  • La población fue hallada en una propiedad privada de uso agrícola, cuyo aislamiento ha favorecido la supervivencia de esta especie en peligro de extinción.
  • Se analizaron parámetros del agua y características de cada ejemplar para diseñar futuros planes de manejo y conservación del hábitat.
  • El sitio podría proponerse como Área Natural Protegida y servir de modelo para la protección de ecosistemas acuáticos en el centro de México.

Ajolote del Altiplano en lago artificial

Tras más de 15 años sin señales confirmadas, una población de ajolote del Altiplano ha vuelto a ser registrada en el estado de Querétaro, en el centro de México. El hallazgo, confirmado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), supone un importante punto de inflexión para la conservación de esta especie de salamandra en peligro de extinción.

El grupo de investigación localizó hasta medio centenar de ejemplares en un lago artificial del municipio de Amealco de Bonfil, dentro de una propiedad privada de uso agrícola. El relativo aislamiento del lugar, unido a las condiciones del agua, ha permitido que esta población se mantenga fuera del radar científico durante más de una década.

Un hallazgo inesperado en Amealco de Bonfil

Lago artificial con ajolote del Altiplano

La población de ajolote del Altiplano (Ambystoma velasci) fue detectada en un lago artificial usado para riego agrícola cercano a la comunidad de San Ildefonso, en Amealco de Bonfil. Se trata de un cuerpo de agua enclavado en una propiedad privada con acceso restringido, donde la presencia humana es limitada y las actividades se concentran en el cultivo.

Los primeros conteos realizados por el equipo de la UNAM apuntan a alrededor de 50 individuos, lo que confirma la existencia de una población estable en el sitio. Los ejemplares se localizan en un entorno que, aunque no es un lago natural, ha funcionado como refugio inadvertido para la especie en una región donde se la daba prácticamente por desaparecida.

El aislamiento geográfico del lago, sumado al uso del agua principalmente para la agricultura, ha reducido la presión directa sobre el ecosistema. Esto ha permitido mantener condiciones relativamente estables de temperatura, oxígeno y calidad del recurso hídrico, factores clave para que los ajolotes puedan completar su ciclo de vida.

Según los investigadores, la localización del hallazgo en una zona agrícola plantea un escenario delicado: por un lado, ha protegido a los animales de la presión urbana; por otro, obliga a compatibilizar prácticas de cultivo y conservación si se quiere garantizar la permanencia de la población en el tiempo.

Censo detallado de la población y estado de salud

Investigación sobre ajolote del Altiplano

El equipo científico llevó a cabo un censo biológico minucioso de los ejemplares encontrados. En cada ajolote se registraron parámetros como la edad aproximada, el sexo, el peso, las medidas corporales y el estado general de salud, con el fin de conocer la estructura de la población y su viabilidad a medio plazo.

Para evitar contar varias veces al mismo organismo, los investigadores recurrieron a un método de identificación individual basado en las manchas del costado izquierdo de cada animal. Estas marcas funcionan como una especie de “huella digital” que permite reconocer a los individuos sin necesidad de marcarlos físicamente, lo que reduce el estrés y el riesgo para los ejemplares.

Los científicos destacan que en el lago se han observado diferentes clases de edad, desde juveniles hasta adultos, lo que indica que existe reproducción activa en el lugar. Este dato es especialmente relevante porque sugiere que el cuerpo de agua no solo actúa como refugio temporal, sino como un hábitat funcional capaz de sostener todas las fases del ciclo de vida del ajolote.

Además, se han valorado aspectos relacionados con el comportamiento, la distribución de los animales dentro del lago y la posible presencia de depredadores o especies con las que comparten el ecosistema. Toda esta información servirá para diseñar estrategias de manejo adaptadas a la realidad del sitio.

Cómo se comprobó la calidad del agua y del hábitat

Hábitat acuático del ajolote del Altiplano

Tras confirmar la presencia de la especie, los especialistas realizaron un análisis detallado de las condiciones físico-químicas del cuerpo de agua. Se midieron parámetros como el oxígeno disuelto, la acidez (pH), la conductividad eléctrica, la temperatura y la cantidad de sólidos suspendidos y disueltos, además de la presencia de distintas bacterias.

Estos datos permiten entender qué factores han hecho posible la persistencia de la población durante años sin ser detectada. A diferencia de otros puntos del Altiplano donde se ha documentado una fuerte contaminación, en este lago los valores de calidad del agua resultan, en general, más favorables para la supervivencia de anfibios sensibles como el ajolote.

El equipo también evaluó la posible carga de bacterias coliformes totales y fecales, que en otros cuerpos de agua de la región han superado los límites normativos, dificultando la presencia de especies vulnerables. Estos análisis son clave para determinar el grado de presión que ejerce la actividad humana y para plantear medidas de saneamiento si fueran necesarias.

Además del agua, se estudiaron características del entorno inmediato: la cobertura vegetal, el tipo de suelos, la intensidad de uso agrícola y la existencia de fuentes potenciales de contaminación. Toda esta información forma parte de una base de datos que servirá para comparar este refugio con otros sitios históricos donde vivía la especie y que hoy presentan un deterioro más acusado.

Quiénes están detrás de la investigación

El proyecto está liderado por especialistas del Laboratorio de Microbiología Ambiental de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (UNAM), encabezados por el científico Diego de Jesús Chaparro Herrera. El equipo integra biólogos especializados en herpetología, ecología de humedales y calidad del agua, que han unido esfuerzos para documentar el redescubrimiento.

Durante la expedición se emplearon métodos de observación directa combinados con técnicas de muestreo en cuerpos de agua del Altiplano donde se sospechaba la presencia del ajolote. Aunque en este caso el hallazgo se produjo en un lago artificial, forma parte de una estrategia más amplia de prospección en distintas zonas del centro del país.

Los resultados obtenidos no solo permiten confirmar la existencia de esta población, sino también replantear el mapa de distribución de la especie, que en los últimos años se consideraba muy restringida a ciertas áreas de los estados de México e Hidalgo. La reaparición en Querétaro demuestra que aún quedan núcleos que habían pasado desapercibidos durante los monitoreos anteriores.

La investigación tiene una planificación de al menos cuatro años de trabajo continuado. En una primera fase se priorizará la recopilación de datos ecológicos y sanitarios; en etapas posteriores, el objetivo será poner en marcha acciones concretas de conservación y restauración del hábitat, aprovechando la experiencia acumulada en otros proyectos con ajolotes en México.

Un anfibio emblemático y amenazado

El ajolote del Altiplano es una salamandra endémica del centro de México, asociada históricamente a ambientes de agua fría en bosques templados, pastizales y arroyos de montaña. Se le ha registrado en entidades como Querétaro, Hidalgo, Puebla, Guanajuato, Morelos y Veracruz, aunque en las últimas décadas su presencia se fue reduciendo a unos pocos enclaves.

La especie está catalogada como en peligro de extinción, principalmente por la degradación de su hábitat. Entre las amenazas más frecuentes destacan la deforestación, la expansión urbana, la contaminación de ríos y lagos, la sobreexplotación del agua y el cambio en el uso de suelo, especialmente en los ecosistemas de montaña del centro del país.

Su nombre científico, Ambystoma velasci, rinde homenaje al naturalista y pintor mexicano José Velasco Gómez, figura clave en el estudio de la biodiversidad. Además de su importancia ecológica, el ajolote del Altiplano tiene un fuerte componente cultural y científico, al tratarse de un organismo modelo para investigaciones sobre regeneración de tejidos y desarrollo embrionario.

En muchos lugares donde antaño habitaban estas salamandras, los análisis recientes del agua han revelado niveles elevados de bacterias y contaminantes, así como la presencia de especies introducidas que compiten por alimento o se alimentan de los ajolotes. Por ello, la permanencia de una población viable en un entorno agrícola relativamente aislado resulta especialmente significativa.

Retos pendientes y posibles medidas de protección

A pesar de la buena noticia, los especialistas insisten en que el ajolote del Altiplano sigue en una situación crítica. El hallazgo de estos ejemplares no significa que la especie esté fuera de peligro, sino que aún queda margen para actuar si se protegen los pocos refugios que persisten en la región.

Una de las propuestas sobre la mesa es impulsar que la zona donde se ubica el lago artificial sea reconocida como Área Natural Protegida. Este tipo de figura permitiría destinar recursos públicos y establecer reglas claras sobre el uso del agua, el tipo de cultivos y las actividades que pueden desarrollarse en los alrededores sin comprometer al ecosistema.

Los investigadores señalan que esta población podría funcionar como especie «sombrilla», es decir, servir de argumento para proteger no solo al ajolote, sino también a otras plantas y animales que comparten el mismo hábitat. De este modo, las políticas de conservación tendrían un efecto más amplio sobre la biodiversidad local.

Entre las medidas planteadas se incluyen el control de contaminantes, la mejora en el manejo del agua de riego, la reducción de vertidos al lago y la puesta en marcha de programas de educación ambiental dirigidos a agricultores y comunidades cercanas. La participación de autoridades municipales, estatales y federales se considera imprescindible para que estas acciones tengan continuidad.

Lo ocurrido en Amealco de Bonfil muestra que, incluso tras años sin registros, algunas especies amenazadas pueden seguir resistiendo en rincones discretos del paisaje. La reaparición del ajolote del Altiplano en Querétaro se interpreta como una llamada de atención sobre la fragilidad de los ecosistemas de montaña y, al mismo tiempo, como una ventana de oportunidad para reforzar la colaboración entre ciencia, administraciones y población local en la protección de los últimos refugios acuáticos del centro de México.

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