La Rugulopteryx okamurae, conocida como alga asiática o japonesa, no da tregua al litoral español. Originaria del Mar de China, lleva más de una década asentada en Andalucía y desde el verano pasado ha irrumpido con fuerza en la cornisa cantábrica. Lo que comenzó como un problema localizado en el Estrecho se ha convertido en una invasión imparable que afecta a ecosistemas, economía y turismo en varias comunidades autónomas.
En el País Vasco, la alga fue localizada por primera vez en 2024 en el Puerto de Bilbao, pero este verano ha colonizado fondos marinos enteros en playas como Meñakoz (Barrika), el puerto de Mutriku y el muelle de Castro Urdiales. Según Jon Hidalgo, de la Fundación Lurgaia, en apenas un año ha pasado de ser casi invisible a tapizar por completo la roca a partir de los cinco metros de profundidad, desplazando a las algas nativas como las Gelidium y dejando el fondo marino prácticamente desierto.
Impacto ecológico y económico en el Cantábrico
Los investigadores del centro Azti han confirmado la presencia de la especie en las costas guipuzcoanas, entre Orio y Hondarribia, y también en Muskiz y cerca del Nervión. Aunque de momento no forma una alfombra continua como en el Mediterráneo, su rápida expansión preocupa. Iñigo Muxika, ecólogo bentónico de Azti, explica que el declive de las praderas de algas rojas por el aumento de la temperatura del mar y la mayor insolación está facilitando que la invasora ocupe su lugar.
Las consecuencias son graves: desaparecen los peces bentónicos (julias, karraspios, cabrillas) que se alimentan de las algas autóctonas, y con ellos los depredadores que dependen de ellos. Además, las matas de Gelidium servían de refugio a los alevines, por lo que la pérdida de hábitat reduce la biodiversidad. En el Puerto de Bilbao, la variedad de algas pasó de 40-49 especies a solo 12-16. Los pescadores andaluces ya han denunciado la reducción drástica de caladeros y los daños en las redes, que se rompen con facilidad al quedar atrapadas en las masas de alga.
Arribazones masivas y costes de limpieza
En Andalucía, la situación es especialmente crítica en la provincia de Cádiz. Playas de Rota, Chipiona, El Puerto de Santa María y la capital gaditana han tenido que retirar miles de toneladas de biomasa esta temporada. Solo en Rota, el Ayuntamiento ha recogido 3.407 toneladas, y el 1 de junio se batieron récords con 217.620 kilos en una sola jornada en la playa del Chorrillo. La Diputación de Cádiz ha destinado 605.000 euros en ayudas para los municipios afectados, pero los consistorios reclaman más implicación de la Junta y del Gobierno central.
El olor a putrefacción cuando las algas se descomponen bajo el sol veraniego ahuyenta a los bañistas y perjudica la imagen turística. En localidades como Mutriku, los vecinos alertan de que el hedor será insoportable si no se retiran a tiempo. La erradicación es inviable con los medios actuales, según los expertos, por lo que los esfuerzos se centran en la gestión de los arribazones.
De residuo a recurso: investigaciones en marcha
Frente a la amenaza, la ciencia busca alternativas. Un equipo de la Universidad de Málaga ha demostrado que la Rugulopteryx okamurae puede transformarse en pienso para peces de acuicultura. Tras un tratamiento para eliminar su toxicidad, la biomasa mejora el perfil nutricional de las lisas: aumenta el omega 3, reduce las grasas totales y refuerza el sistema inmunitario de los animales. Este hallazgo, publicado en el Journal of Applied Phycology, abre la puerta a un modelo de economía circular que reduce la dependencia de harinas de pescado.
Por otro lado, la Universidad de Cádiz ha puesto en marcha el proyecto RUGULOMICS, financiado con fondos europeos, que aplica herramientas moleculares para detectar el alga de forma temprana y estudiar su biología. La iniciativa, coordinada por Almudena Escobar-Niño, incluye la secuenciación del genoma y la búsqueda de proteínas de interés biotecnológico. También se investiga el uso de la biomasa para fabricar bioplásticos, como apuntan desde Azti.
La expansión del alga invasora no muestra signos de remitir. Mientras los científicos avanzan en soluciones, los ayuntamientos de la costa vasca y andaluza siguen librando una batalla diaria contra las toneladas de algas que llegan a sus playas, con un futuro incierto para los ecosistemas marinos y las economías locales que dependen del mar.

