El Aquarium Finisterrae despide a Gastón, el icónico tiburón toro de A Coruña

  • Gastón ha fallecido a los 30 años de edad, superando con creces la esperanza de vida media de su especie en libertad.
  • El ejemplar llegó a la ciudad herculina en 2006 procedente de Francia, tras haber nacido en aguas sudafricanas.
  • Se convirtió en el principal símbolo de la sala Nautilus, donde convivía con otras especies en un tanque de cinco millones de litros.
  • El Ayuntamiento de A Coruña ya explora la posibilidad de encontrar un relevo, aunque el proceso técnico y económico resulta muy complejo.

Tiburón toro en un acuario

La ciudad de A Coruña se ha levantado con una noticia que ha tocado la fibra de muchos vecinos. El Aquarium Finisterrae ha confirmado el fallecimiento de Gastón, el tiburón toro que durante dos décadas se convirtió en el auténtico rey de la sala Nautilus. El animal, que ya era considerado un veterano de los mares, ha dejado un vacío importante en una institución donde no solo era una atracción, sino una pieza fundamental de la memoria colectiva de los gallegos.

La propia alcaldesa de la ciudad, Inés Rey, fue la encargada de dar la triste noticia a través de sus canales oficiales, resaltando que el escualo fue capaz de despertar la fascinación de miles de coruñeses a lo largo de varias generaciones. El fallecimiento se produjo un viernes por la mañana, después de que los cuidadores del centro científico notasen que el animal ya no tenía la misma energía de siempre y comenzaba a mostrar signos evidentes de debilidad debido a su avanzada edad.

tiburón toro del Aquarium Finisterrae cumple 20 años
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Gastón nadando en el Aquarium Finisterrae

La historia de este ejemplar es de las que merecen ser contadas con calma. Gastón no nació cerca de nuestras costas, sino en las frías aguas de Sudáfrica, desde donde fue trasladado siendo aún muy joven. Su periplo europeo comenzó en el acuario Oceanópolis de Brest, en la Bretaña francesa, donde vivió sus primeros años hasta que unos problemas de convivencia con otros compañeros de tanque obligaron a buscarle un nuevo hogar donde pudiera estar más tranquilo.

Fue en febrero de 2006 cuando este pasajero tan especial aterrizó en A Coruña. En aquel momento, el operativo fue de lo más delicado, ya que el animal pesaba unos 120 kilos y medía cerca de tres metros. Tras pasar un periodo de cuarentena necesario para aclimatarse a las temperaturas del agua atlántica, Gastón se integró perfectamente en su nuevo domicilio, ganando peso rápidamente y demostrando que el cambio de aires le había sentado de maravilla.

El guardián de la sala Nautilus

Silueta de tiburón toro

Durante estos veinte años, Gastón se convirtió en la estrella indiscutible del gran tanque del acuario, una mole de cinco millones de litros de agua que emula el camarote del capitán Nemo. Allí compartía espacio con otras especies como musolas y pargos, aunque él siempre era el centro de todas las miradas. Su nado pausado y su imponente dentadura, que a veces asomaba más de la cuenta, le daban un aire de respeto que cautivaba a niños y adultos por igual.

No todo fue siempre calma en su vida bajo el agua. En alguna ocasión, su instinto de depredador salió a relucir, protagonizando momentos muy comentados como cuando decidió merendarse un pargo de tamaño considerable ante la mirada atónita del personal. Pese a estos episodios puntuales, los biólogos del centro siempre destacaron su excelente estado físico y cómo su presencia ayudaba a que la gente perdiera el miedo irracional a estos animales para empezar a respetarlos.

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Un adiós marcado por la longevidad

Acuario de A Coruña

Llegar a los 30 años es toda una hazaña para un tiburón toro. En libertad, lo habitual es que vivan entre 15 y 20 años, por lo que Gastón se había convertido en un auténtico anciano de las profundidades. En sus últimas semanas, los responsables del Aquarium Finisterrae decidieron trasladarlo a un tanque de aislamiento para evitar que otros peces pudieran molestarlo, ya que se le veía algo flojo y presentaba algunas rozaduras típicas de cuando pierden la agilidad al nadar.

El director técnico del acuario, Fran Armesto, ha explicado que se intentó que el animal se marchara con la mayor dignidad posible. Verlo apagarse después de tantos años de convivencia ha sido un trago amargo para los trabajadores, quienes destacan que el escualo mantuvo una calidad de vida envidiable hasta prácticamente el final. Su partida supone el fin de una era en la Casa de los Peces, dejando huérfana la sala que él mismo se encargó de custodiar durante dos décadas.

¿Habrá un sucesor para el trono de Gastón?

Detalle de un tiburón toro

La pregunta que muchos se hacen ahora es si volveremos a ver a un ejemplar de este tamaño en A Coruña. La alcaldesa ha admitido que no será una tarea sencilla ni barata. En el pasado ya se intentó traer una pareja desde Canadá, pero entre el coste desorbitado y la llegada de la pandemia, los planes se quedaron en un cajón. Actualmente, los presupuestos municipales ya reservan una partida cercana a los 13.000 euros para la compra de un nuevo ejemplar, aunque el transporte y los permisos legales son el verdadero quebradero de cabeza.

Además, existe un debate sobre si el acuario debe centrarse exclusivamente en fauna local. Aunque Gastón era un embajador de lujo, el centro apuesta cada vez más por mostrar la biodiversidad de las costas gallegas. Sea como sea, encontrar un animal con el carisma y la historia de nuestro tiburón sudafricano será casi imposible, ya que los ejemplares disponibles en otros acuarios europeos suelen ser también de edad avanzada y su traslado conlleva riesgos muy altos.

Tiburón en tanque de agua

La huella que deja este animal va mucho más allá de su imponente tamaño. Gastón ha servido para que millones de personas comprendan la importancia de proteger los océanos y miren con otros ojos a los grandes depredadores. Su vida en el acuario coruñés ha sido un ejemplo de conservación y divulgación, permitiendo que chavales de toda Galicia se educaran en el respeto por el medio marino mientras observaban, casi sin respirar, cómo aquel gigante pasaba lentamente al otro lado del cristal.


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