Las aulas del Colegio Público Rey Pelayo, en Gijón, se han convertido estos días en un pequeño acuario científico donde los tiburones son los protagonistas. El centro participa en un proyecto educativo que lleva un tanque móvil con huevos de tiburón directamente a las clases, permitiendo a los escolares seguir de cerca todo el proceso de desarrollo embrionario.
Esta iniciativa, bautizada como “BioAcuario de tiburones”, combina divulgación, ciencia y participación social en un entorno escolar. Durante varias semanas, los alumnos observan cómo evolucionan los huevos de tiburón pintarroja, realizan experimentos y trabajan con materiales didácticos específicos, siempre bajo supervisión docente y con apoyo técnico y científico especializado.
Un BioAcuario de tiburones en plena aula

El colegio Rey Pelayo cuenta desde hace unos días con un tanque móvil acondicionado como BioAcuario, instalado directamente en el aula por el equipo técnico del Bioparc Acuario de Gijón. En su interior se mantienen huevos de tiburón pintarroja en condiciones ambientales controladas, respetando los estándares de bienestar animal en todo momento.
El alumnado puede comprobar en tiempo real cómo se desarrollan los embriones dentro de los huevos. Gracias a una iluminación de apoyo y a la disposición del acuario, los niños y niñas observan movimientos, cambios de tamaño y distintas fases hasta llegar al momento de la eclosión, uno de los instantes más esperados en el centro.
La expectación en el Rey Pelayo es alta porque, según explican desde el colegio, algunos huevos están muy cerca de eclosionar. En el momento en que eso sucede, el protocolo está perfectamente establecido: el profesorado debe avisar de inmediato al Acuario de Gijón para garantizar que el pequeño tiburón reciba la atención adecuada y minimizar cualquier riesgo.
La experiencia convierte al aula en una especie de laboratorio vivo con vocación divulgativa, donde la ciencia se practica de forma directa, sin quedarse únicamente en los libros o en fichas teóricas. El propio ritmo del desarrollo embrionario marca el día a día y genera nuevas preguntas entre los escolares.
Desde la dirección del centro subrayan que la propuesta ha sido acogida con entusiasmo. Los estudiantes comentan la forma peculiar de los huevos de tiburón y el impacto de ver moverse a los embriones, una vivencia que, según el profesorado, es difícil de describir solo con palabras y que anima a seguir profundizando en la vida marina.
Un proyecto conjunto entre el Acuario de Gijón y la Universidad de Oviedo

El BioAcuario del Rey Pelayo forma parte de una línea de acción del proyecto de investigación The.SHARK-RAY.Map, coordinado por la Universidad de Oviedo y en el que participa activamente el Bioparc Acuario de Gijón. Este plan de trabajo apuesta por estudiar y conservar tiburones y rayas, especialmente aquellos vinculados a pesquerías artesanales y a los ecosistemas del Cantábrico.
Dentro de este marco, el objetivo del BioAcuario es acercar la conservación de los elasmobranquios autóctonos (tiburones y rayas) al público escolar. La propuesta combina investigación y divulgación, y se apoya en la colaboración de entidades científicas nacionales e internacionales ligadas a la protección de la biodiversidad marina.
El Bioparc Acuario de Gijón actúa, además, como coordinador de la Red de Escuelas Azules asturiana, de la que forma parte el Rey Pelayo. Desde este marco se diseñan proyectos que conectan al alumnado con el medio marino y promueven una cultura de conservación desde edades tempranas, aprovechando la cercanía del litoral cantábrico.
La colaboración con la Universidad de Oviedo asegura el respaldo científico del proyecto: se definen protocolos de seguimiento de los embriones, se ofrecen materiales revisados por especialistas y se integran los resultados en iniciativas de investigación más amplias sobre tiburones y rayas en Europa, con especial énfasis en el contexto español.
Además del apoyo permanente del equipo técnico del acuario, el proyecto incluye visitas de profesionales al centro. Veterinarias y personal de educación del Bioparc Acuario se desplazan al colegio para impartir talleres, resolver dudas y acercar al alumnado la realidad del trabajo diario con tiburones en instalaciones especializadas.
Ciencia, método científico y competencias clave en primaria

Uno de los pilares del BioAcuario es que el alumnado no se limita a mirar el tanque como si fuera una pecera cualquiera, sino que asume un papel activo. Bajo la supervisión del profesorado, los estudiantes llevan a cabo pequeñas observaciones sistemáticas, anotan cambios y formulan hipótesis sobre lo que sucederá en los huevos.
Este enfoque permite que niños y niñas apliquen el método científico en un entorno real: plantean preguntas, registran datos, comparan resultados y reflexionan sobre las causas de lo que están viendo. Todo ello favorece el desarrollo de competencias clave, como la capacidad de observación, el pensamiento crítico y la conciencia ambiental.
El aula se transforma así en un espacio de experimentación cotidiana. A lo largo de las semanas, el BioAcuario se integra en distintas asignaturas, desde Ciencias Naturales hasta Lengua, pasando por actividades de expresión oral en las que los alumnos cuentan cómo avanza el proceso o elaboran pequeños informes sobre los tiburones del Cantábrico.
Los responsables del proyecto destacan que este tipo de actividades ayuda a conectar mejor los contenidos curriculares con la realidad. En lugar de estudiar la biodiversidad marina de manera abstracta, los escolares la ven materializada en los huevos de tiburón y en los recursos que manejan a diario en el aula.
El BioAcuario también tiene una dimensión emocional y social. Compartir la evolución de los embriones, esperar juntos la eclosión o debatir sobre la importancia de cuidar los océanos refuerza el trabajo en equipo y la participación, generando un clima de curiosidad compartida que, según el profesorado, se nota incluso en los recreos y conversaciones informales.
Materiales didácticos y recursos para un aprendizaje completo
Para que la experiencia no se quede solo en mirar el acuario, el proyecto pone a disposición del centro un amplio conjunto de materiales educativos diseñados específicamente. Entre ellos destacan unidades como “Conociendo a los tiburones” y “Tiburones del mar Cantábrico”, que profundizan en la biología, la clasificación y las características de las especies de la zona.
El alumnado trabaja también contenidos sobre ecosistemas marinos, áreas marinas protegidas y pesca sostenible. Se analizan las principales amenazas a las que se enfrentan tiburones y rayas, así como la relación entre las actividades humanas y la conservación del medio marino, poniendo el foco en el contexto del Cantábrico y del litoral asturiano.
El profesorado dispone de fichas de seguimiento del acuario y cuadernillos de experimentación adaptados al nivel de los grupos. Estos documentos ayudan a estructurar las observaciones, orientar las prácticas y evaluar lo que van aprendiendo los estudiantes a lo largo del proyecto.
Entre los recursos complementarios sobresale el llamado “Cofre del tesoro”, una colección de restos biológicos relacionados con el mar (como conchas, piezas óseas u otros elementos naturales) que permite una exploración directa. Este material se utiliza para actividades de manipulación, observación con lupa y comparación con lo que se ve en el BioAcuario.
La propuesta se completa con vídeos explicativos sobre el mantenimiento del BioAcuario, sesiones formativas específicas para el profesorado y bibliografía especializada. Todo ello busca que la experiencia sea rigurosa, segura para los animales y plenamente integrable en la programación de aula sin perder de vista la calidad científica.
Desmitificar a los tiburones y fomentar la conservación marina
Además de su componente estrictamente educativo, el BioAcuario persigue un objetivo muy claro: cambiar la percepción social de los tiburones. Desde el colegio y desde el acuario recuerdan que estos animales suelen estar rodeados de mitos y temores, en buena parte por su representación en el cine y en algunos medios de comunicación.
Al ver los huevos, los embriones y conocer mejor su biología, el alumnado empieza a entender el papel de los tiburones en los ecosistemas marinos y a percibirlos como especies vulnerables que necesitan protección. Esta mirada más informada contribuye a “quitarles el miedo” y a comprender que muchas poblaciones de tiburones y rayas se encuentran amenazadas en distintos mares y océanos.
El proyecto se enmarca en una apuesta más amplia por promover una cultura de conservación desde edades tempranas. Se trabaja la idea de que las decisiones cotidianas, como el consumo responsable de pescado o el respeto por las áreas protegidas, tienen impacto real en la salud de los mares, también en el entorno europeo y español.
Al mismo tiempo, la experiencia escolar se conecta con otras iniciativas del Bioparc Acuario de Gijón, como la divulgación sobre ejemplares emblemáticos de su colección. Entre ellos destacan los tiburones toro “Curro” y “Elisa”, dos grandes escualos procedentes de la costa de Florida que se han convertido en uno de los principales reclamos del acuario gijonés.
Estos animales, con más de dos décadas de vida y alrededor de 200 kilos de peso, se utilizan como ejemplo para hablar de biología, comportamiento y manejo responsable de grandes tiburones. Su rutina de alimentación, limitada a dos días a la semana, sirve para ilustrar la planificación que requieren estos animales en cautividad y las responsabilidades asociadas a su cuidado.
Una red de centros implicados en el proyecto azul
El Rey Pelayo no es el único centro educativo que ha incorporado el BioAcuario a sus aulas. El proyecto ya se ha implantado también en el IES Padre Feijóo, otro centro de Gijón que forma parte de la misma dinámica de trabajo impulsada desde la Red de Escuelas Azules asturiana.
Esta red, coordinada por el Acuario de Gijón, busca tejer una conexión estable entre escuelas, mar y comunidad científica. A través de distintos programas, se promueven salidas al litoral, actividades de ciencia ciudadana, seguimiento de especies y proyectos que integran a familias y alumnado en iniciativas de conservación.
En el caso concreto del BioAcuario de tiburones, la instalación del tanque y las visitas de especialistas marcan el inicio, pero el impacto se prolonga más allá del periodo en el que los huevos permanecen en el colegio. Los conocimientos adquiridos se mantienen en el tiempo y suelen dar pie a nuevos proyectos, trabajos de investigación escolar y propuestas de participación en actividades externas.
La combinación de ciencia, educación y participación social que plantea The.SHARK-RAY.Map se alinea con las tendencias actuales de educación ambiental en Europa, que abogan por experiencias inmersivas, contacto directo con la naturaleza y colaboración entre centros educativos y entidades científicas.
En el Rey Pelayo, el paso del BioAcuario está dejando una huella clara: el alumnado habla con naturalidad de elasmobranquios, áreas marinas protegidas y pesca sostenible, conceptos que hace unos años apenas aparecían en las conversaciones de primaria. Para el profesorado, es una muestra de cómo la ciencia puede “latir” dentro del aula cuando se le da espacio y recursos adecuados.
Así, el colegio gijonés vive estos días como si fuera un pequeño acuario de barrio, pero con una diferencia importante: son los propios estudiantes quienes asumen el papel de cuidadores y observadores. Entre la curiosidad por ver nacer a un tiburón y las ganas de saber más sobre el mar que les rodea, el BioAcuario se ha convertido en una herramienta pedagógica que acerca la investigación marina a la vida cotidiana del aula y siembra, paso a paso, una mayor conciencia sobre la conservación de los océanos.