La ciudad de Gijón no se entiende sin el rugido del Cantábrico y, desde hace ya un tiempo, tampoco sin la labor divulgativa de uno de sus edificios más emblemáticos. El BIOPARC Acuario de Gijón sopla ahora las velas de su vigésimo cumpleaños, una cifra que marca su madurez como institución dedicada a la protección de los ecosistemas marinos. Esta efeméride no es casual, pues se ha hecho coincidir con el Día Mundial de los Océanos para subrayar el papel de estas instalaciones en la sensibilización de grandes y pequeños sobre el futuro del planeta azul.
Echando la vista atrás, parece que fue ayer cuando aquel 9 de junio de 2006 las autoridades cortaban la cinta inaugural, permitiendo que al día siguiente el público general descubriese los secretos que escondían sus tanques. Sin embargo, lo que comenzó como un equipamiento turístico al uso ha sabido transformar su identidad por completo, especialmente en la última etapa, situándose hoy día como un centro de vanguardia donde la ciencia y el cuidado de los animales son los pilares que sostienen cada actividad diaria.
Dos décadas de evolución y compromiso ambiental

El verdadero punto de inflexión para este rincón asturiano se produjo en 2018. Con la llegada del Grupo Rain Forest, el ahora denominado BIOPARC Acuario de Gijón inició una ambiciosa modernización que ha dado sus frutos en términos de afluencia y prestigio. De hecho, se ha pasado de los 158.000 visitantes de aquel entonces a superar con creces los 208.000 usuarios anuales, lo que demuestra que el interés por la naturaleza local e internacional no deja de crecer en la región.
En la actualidad, recorrer sus pasillos es sumergirse en una biodiversidad asombrosa que incluye más de 480 especies distintas. Con cerca de 5.400 ejemplares viviendo en 12 ecosistemas recreados al detalle, el centro gestiona más de dos millones de litros de agua dulce y salada repartidos en 60 acuarios y una veintena de terrarios. No obstante, no todo ha sido sumar; el equipo técnico tomó en su día la valiente decisión de dejar de albergar especies icónicas como nutrias o pingüinos al entender que sus necesidades de manejo requerían otros enfoques, priorizando siempre el estricto cumplimiento del bienestar animal por encima del espectáculo.
Aprovechando este aniversario, se ha inaugurado «Microclimas», una exposición permanente de reptiles, anfibios e invertebrados que pone el foco en los grandes olvidados. Esta muestra busca concienciar sobre las especies más amenazadas de nuestro entorno y de territorios lejanos. Además, el recinto sigue sacando pecho por su zona dedicada a los ríos asturianos y el Cantábrico, un espacio que es único en todo el mundo por su exclusividad a la hora de mostrar la fauna que habita nuestras propias costas y cauces fluviales.
Reconocimiento internacional y rigor científico
El prestigio del acuario ha traspasado nuestras fronteras con fuerza. Tras su incorporación en 2025 a la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA), Gijón ha sido elegida para acoger el prestigioso Directors’ Day en 2028, un evento que reunirá a los máximos responsables del sector en Europa. A esto se le suman acuerdos de peso, como la reciente colaboración con la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco para impulsar la economía azul y el desarrollo sostenible, así como la alianza con el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, que ya permitió traer exposiciones de calado internacional sobre tiburones.
En el plano científico, la labor de profesionales como la doctora Susana Acle ha sido fundamental. Su participación en el Congreso de los Diputados para hablar sobre la situación del salmón atlántico en los ríos de Asturias es solo un ejemplo del posicionamiento del centro en la investigación aplicada. Este rigor se complementa con la actividad del CRAMA, el centro dedicado a la recuperación de tortugas y focas heridas que aparecen en el litoral, conectando la labor del acuario directamente con la salud de nuestra biodiversidad marina real.
Para que los vecinos se sientan parte de este éxito, el próximo 29 de junio se ha organizado una jornada muy especial. Bajo el lema de «paga lo que quieras», el público podrá acceder a las instalaciones aportando la cantidad que considere oportuna, sabiendo que cada céntimo irá destinado íntegramente a los proyectos de conservación que lidera la Fundación BIOPARC. Es una forma redonda de cerrar estas celebraciones, devolviendo a la ciudadanía parte del cariño recibido durante estas dos décadas de vida junto al mar.
Este periodo de veinte años ha servido para que el equipamiento gijonés deje de ser un simple lugar de paso para convertirse en un actor indispensable en la protección de los océanos. Con una trayectoria avalada por auditorías externas de bienestar y una proyección que mira de tú a tú a las grandes instituciones europeas, el centro encara su tercera década con la intención de seguir siendo ese puente necesario entre la sociedad y la naturaleza, recordándonos que el futuro de los mares empieza por el conocimiento y el respeto que les brindamos desde nuestra propia casa.