Este lunes ha sido un dĂa de lo más especial en la rĂa de Vigo, donde se ha vivido un momento emocionante con la vuelta a casa de dos inquilinas muy queridas. Tras haber pasado un largo periodo de convalecencia, Noetiña y Tanxil han recuperado su libertad al ser liberadas desde la embarcaciĂłn Novo Ollo do Mar, demostrando que el esfuerzo conjunto por la fauna marina tiene una recompensa que merece la pena.
Estas dos tortugas comunes no lo han tenido nada fácil para llegar hasta aquĂ, ya que fueron rescatadas en condiciones bastante crĂticas el pasado invierno. Gracias al trabajo incansable de la Coordinadora para o Estudo dos MamĂferos Mariños, más conocida por sus siglas CEMMA, ambos ejemplares han completado su recuperaciĂłn en las instalaciones que la entidad gestiona en la localidad pontevedresa de Nigrán.
Un rescate marcado por los temporales en el litoral

El camino de estas tortugas suele empezar muy lejos de aquĂ, concretamente en las cálidas playas del Caribe, desde donde inician una migraciĂłn que las lleva a recorrer todo el Atlántico. No obstante, las costas de Galicia funcionan como un pasillo oceánico fundamental en sus rutas, y a veces el fuerte oleaje de las borrascas invernales les juega una mala pasada, arrastrándolas hacia los arenales cuando están más dĂ©biles.
Durante el pasado invierno, el tren de borrascas que azotĂł la comunidad fue especialmente duro, dejando a su paso casi una veintena de tortugas varadas y miles de aves marinas afectadas. En el caso de Tanxil, fue localizada a mediados de febrero en la playa de Rianxo con un cuadro de hipotermia y un peso muy bajo, similar a otros casos de tortugas marinas rescatadas tras un episodio de frĂo extremo, pues apenas alcanzaba los 565 gramos en el momento de su ingreso.
Por otro lado, la historia de Noetiña es todavĂa más impactante, ya que fue avistada por la tripulaciĂłn de un pesquero cerca de Fisterra mientras flotaba sin poder moverse. Al llegar al centro, los expertos comprobaron que le faltaba una de sus aletas posteriores, una lesiĂłn que pudo ser causada por el ataque de un depredador o por un desafortunado encuentro con aparejos de pesca abandonados.
El proceso de rehabilitaciĂłn en los centros especializados

Una vez que ingresan en la Unidad de Cuidados Intensivos, el equipo veterinario se pone manos a la obra para estabilizar su temperatura y asegurar que vuelvan a alimentarse por sĂ solas. Es un trabajo de hormiga en el que se vigila cada detalle, ya que alrededor del 70 % de los ejemplares que llegan a estas instalaciones logran recuperarse por completo para volver a nadar en mar abierto.
Un problema recurrente que se observa en estos animales es la ingesta de plásticos, algo que suelen expulsar durante las primeras semanas de tratamiento y que pone de relieve la contaminaciĂłn de nuestros mares. A pesar de esto, gracias a la alimentaciĂłn controlada y al seguimiento diario, estas tortugas han ganado el peso necesario para afrontar de nuevo las corrientes marinas del Atlántico con garantĂas.
Desde la coordinadora se hace hincapiĂ© en que la rapidez con la que se actĂşe tras encontrar a uno de estos animales es clave para que la historia termine bien. Si alguien ve a una tortuga varada o flotando inmĂłvil, lo mejor es llamar de inmediato al servicio 112 y no intentar devolver al animal al agua por cuenta propia, ya que el choque tĂ©rmico podrĂa ser fatal para ellas.
Todo el proceso de cuidado cuenta con el respaldo de voluntarios, pescadores y personal de emergencias que están siempre al quite para avisar de cualquier avistamiento en la costa. Este esfuerzo colectivo permite que, año tras año, podamos ser testigos de cómo animales que llegaron en un estado lamentable logran retomar su ruta migratoria tras haber superado con éxito todos los baches de salud que presentaban al ser encontrados.