El fenómeno del cangrejo patudo en las playas de las islas Cíes

  • La llegada masiva de estos crustáceos pelágicos se ha repetido ya tres veces en lo que va de año en el archipiélago gallego.
  • Factores como el aumento de la temperatura del agua y los vientos del norte son determinantes en estos varamientos masivos.
  • El conocido como patexo es un eslabón fundamental en la cadena trófica, sirviendo de alimento a aves marinas y peces de interés comercial.
  • Antiguamente se empleaba como abono para el campo, mientras que hoy en día es un recurso muy valorado en la pesca deportiva.

Acumulación de cangrejos patudos en la costa de las Cíes

Quienes se han acercado estos días a los arenales del archipiélago gallego se han topado con una estampa que parece sacada de un documental de naturaleza extrema. Por tercera vez en este mismo año, las islas Cíes han amanecido cubiertas por miles de ejemplares de una especie de crustáceo que tiñe de un tono singular las zonas de costa y rocas, creando un impacto visual que no ha pasado desapercibido para visitantes ni para los gestores del Parque Nacional.

Esta especie, que los lugareños conocen de mil maneras como patexo, patelo o incluso patulate, es en realidad el Polybius henslowii. Aunque en castellano se le llama formalmente cangrejo patudo, es su nombre gallego el que resuena con más fuerza en los puertos y playas de la zona, dejando claro que es un viejo conocido de nuestras costas que, pese a no ser un fenómeno inédito, sigue sorprendiendo por la ingente cantidad de individuos que las mareas depositan en la orilla.

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¿Qué factores explican estos desembarcos masivos?

Desde el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia aclaran que no hay un solo culpable, sino una suma de circunstancias que empujan a estos animales a un final seco. Uno de los puntos clave es el incremento de la temperatura en la superficie del mar, algo que, unido a la persistencia de los vientos de componente norte durante los meses de primavera y verano, facilita que estos bancos de crustáceos acaben siendo arrastrados irremediablemente hacia la línea de costa.

A diferencia de otros parientes suyos que prefieren quedarse quietos en el fondo, el patexo es un excelente nadador de mar abierto. Sin embargo, su estructura corporal es bastante ligera y frágil, lo que los convierte en seres vulnerables ante las corrientes fuertes. Cuando se desplazan en grandes grupos pelágicos, basta un cambio en las condiciones oceanográficas para que terminen varados en las playas, incapaces de luchar contra la fuerza de las olas que los deposita en la arena.

Un pilar esencial para el ecosistema marino

Aunque ver a tantos animales muertos o moribundos en la orilla pueda dar una impresión negativa, lo cierto es que su papel en la naturaleza es de vital importancia. Estos cangrejos son, por así decirlo, un auténtico bufé libre para la fauna local y forman parte de diversas especies marinas y su conservación en España. Para especies de peces como las lubinas, los sargos o las maragotas, encontrarse con un banco de patexos es una oportunidad de alimentación inigualable que garantiza su desarrollo.

No solo los peces sacan provecho de esta situación. Las aves marinas, como las gaviotas y los cormoranes, dependen en gran medida de este recurso, especialmente cuando están en pleno período de cría de sus polluelos. De hecho, es muy común que los marineros localicen los bancos de este crustáceo en alta mar simplemente observando dónde se concentran las nubes de pájaros para alimentarse, funcionando como un indicador biológico natural de la salud de nuestras aguas.

De la agricultura tradicional a la pesca moderna

La relación de los gallegos con el patexo viene de lejos y ha ido evolucionando con el paso de las décadas. Antaño, como no tenía salida en las lonjas, era habitual ver cómo se recolectaba en grandes cantidades para ser utilizado como abono natural en las tierras de cultivo. Incluso hay quien recuerda su uso en la cocina tradicional, donde se empleaba para dar un sabor intenso y marino a caldos y guisos, a pesar de no ser una especie con mucha carne.

Hoy en día, su suerte ha cambiado y se ha convertido en un objeto de deseo para los aficionados al sedal. Se considera un cebo de primera categoría en la pesca deportiva y profesional, muy valorado por su efectividad para atraer a piezas de buen tamaño. Como detalle curioso, su nombre científico, Polybius henslowii, es un pequeño homenaje a John Stevens Henslow, quien fuera profesor de botánico y figura clave en la formación del mismísimo Charles Darwin.

Esta recurrente llegada de crustáceos a las islas Cíes es un recordatorio de la conexión total que existe entre el clima, las corrientes oceánicas y los ciclos de vida de las especies que habitan el litoral atlántico. Aunque visualmente resulte impactante encontrar la costa cubierta de estos pequeños nadadores, el fenómeno forma parte de un equilibrio natural que alimenta a la biodiversidad gallega y mantiene vivos procesos ecológicos esenciales que han definido la riqueza de estas aguas desde hace siglos.


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