El tiburón blanco sigue dando quebraderos de cabeza a la ciencia: mientras su ADN nuclear es muy homogéneo a escala global, el material genético que heredan por vía materna muestra diferencias marcadas. En paralelo, el marcaje de un gran ejemplar frente a la costa este de EE. UU. permite observar en tiempo real cómo se desplaza este superdepredador.
Dos focos informativos convergen en la especie: por un lado, una investigación publicada en PNAS confirma tres grandes grupos genéticos; por otro, Ocearch ha instrumentado a un individuo de talla inusual con una etiqueta que ofrecerá datos de movimiento durante años. Juntos dibujan una foto más fina —y a la vez más enigmática— del gran blanco.
Un coloso marcado en EEUU: qué sabemos de Contender

El equipo de Ocearch ha capturado, medido y liberado a un tiburón blanco apodado Contender que alcanza 4,2 metros de longitud y alrededor de 750 kilos, cifras que lo sitúan como el mayor marcado por la organización hasta la fecha.
Para seguirlo con precisión, se le instaló una etiqueta SPOT, un dispositivo que transmite posiciones cuando el animal asoma la aleta dorsal. Esta tecnología puede aportar métricas en tiempo real durante unos cinco años y es clave para entender rutas, ritmos y estacionalidad de sus desplazamientos.
Desde su marcaje en invierno, los registros muestran que Contender ha realizado casi 500 kilómetros de viaje. Entre las últimas señales verificadas figuran áreas como Merritt Island (Florida) y pasos por Outer Banks (Carolina del Norte), un corredor migratorio habitual en la especie.
El mapa genético que divide al tiburón blanco en tres linajes

La investigación firmada por un consorcio internacional —entre ellos, especialistas como Romuald Laso-Jadart, Shannon L. Corrigan y Gavin J. P. Naylor— integró secuenciación genómica completa, captura dirigida de genes y simulaciones demográficas con muestras de 150 tiburones blancos procedentes de varios puntos del planeta.
El equipo ensambló un genoma de referencia de alta calidad a partir de un juvenil de California: unos 4.286 millones de pares de bases con un porcentaje de repeticiones cercano al 61,7%. Sobre este andamiaje se alinearon el resto de datos para explorar estructura y conectividad.
Los análisis resuelven tres linajes autosómicos con distribución geográfica definida: Pacífico Norte; Indo-Pacífico Occidental + Pacífico Sur; y Atlántico Norte + Mediterráneo. Es decir, poblaciones separadas, pero con cierta permeabilidad reciente entre ellas.
Al incorporar migración reciente, los modelos mejoran su verosimilitud, lo que sugiere que la separación entre linajes es relativamente joven y no excluye intercambios de genes —incluso entre Mediterráneo y Atlántico Norte—.
Por qué el ADN mitocondrial no encaja con el nuclear

El gran rompecabezas es la discordancia entre un ADN nuclear muy parecido en distintas regiones y un ADN mitocondrial con diferencias evidentes. La hipótesis clásica atribuía esta disparidad a la filopatría femenina, donde las hembras vuelven a su zona natal para reproducirse, conservando linajes maternos más aislados.
Tras analizarlo con múltiples escenarios —sin filopatría, con filopatría femenina extrema y con filopatría masculina—, los modelos sugieren que la fidelidad natal de las hembras se asemeja al patrón observado, aunque no lo explica por completo. Para ajustar la distribución de haplotipos mitocondriales, fue necesario asumir tasas de mutación más elevadas en la mitocondria.
Otras hipótesis, como una sesgada proporción de sexos o la deriva genética al azar, tampoco logran resolver este enigma. Los autores proponen que debe existir algún mecanismo evolutivo adicional que aún no ha sido identificado con claridad.
Con una población mundial estimada en torno a 20.000 ejemplares, la especie combina rareza, gran movilidad y ciclos vitales largos, lo que complica los estudios estadísticos. Por ello, la integración de genómica, etiquetado y modelización resulta crucial para entender mejor su biología.
A partir de estos hallazgos, se observa a un depredador con tres principales linajes conectados en diferentes momentos en el tiempo, y con herencias maternas que no del todo coinciden con esa historia. El seguimiento de ejemplares como Contender ofrece pistas valiosas para proteger rutas y hábitats críticos, en un esfuerzo por comprender y conservar esta especie enigmática.