El Impacto de las Redes de Deriva en el Ecosistema Marino

  • Funcionamiento de las redes de deriva y su alta capacidad de captura indiscriminada de especies.
  • Consecuencias ambientales graves, incluyendo la pesca fantasma y la muerte de cetáceos y tortugas.
  • Medidas legislativas internacionales y el conflicto entre la pesca industrial y la artesanal.

Redes de deriva

Cuando hablamos de pesca, a veces nos olvidamos de que existen métodos que son auténticos rodillos compresores para la fauna marina. Las redes de deriva son precisamente eso: una herramienta tan eficaz que termina siendo peligrosa para la sostenibilidad de nuestros océanos. Estas redes, que básicamente flotan dejándose llevar por las corrientes, actúan como muros invisibles que atrapan todo lo que se cruza en su camino, sin importar si es la especie que el pescador busca o un animal en peligro de extinción.

Aunque parezcan la solución ideal para algunos pescadores debido a su bajo coste y sencillez de manejo, la realidad es que el daño colateral es desorbitado. Desde pequeñas embarcaciones familiares hasta flotas industriales que despliegan kilómetros de nailon, el impacto es global. En este artículo vamos a desgranar cómo funcionan exactamente, por qué generan tanta polémica y qué se está haciendo para frenar esta carnicería silenciosa bajo el agua.

¿Cómo funcionan realmente estas redes?

El principio es bastante básico: se trata de una barrera pasiva que se despliega verticalmente en la columna de agua. Para que se mantengan así, llevan una relinga de flotadores arriba y una de plomos abajo. Los peces, al intentar atravesarlas, quedan enganchados por las branquias, un proceso conocido como enmalle. Dependiendo de cómo se armen, pueden ser más selectivas o actuar como una red de enredo, donde el pez simplemente queda envuelto en el tejido.

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La elección del material ha cambiado las reglas del juego. Antiguamente se usaba algodón o cáñamo, pero la llegada del nailon de monofilamento lo cambió todo. Este plástico es casi invisible bajo el agua y mucho más resistente, lo que permite fabricar redes con hilos más finos que los peces no detectan, aumentando así la potencia de captura de forma alarmante.

Existen diferentes variantes según el objetivo. Por ejemplo, las redes de trasmallo usan tres capas para crear una especie de bolsa que hace casi imposible la escapatoria. También están las redes de cerco, que son activas y rodean el banco de peces, o las de arrastre, que forman un embudo cónico. Sin embargo, las de deriva se distinguen por su naturaleza pasiva y su capacidad de extenderse durante kilómetros en mar abierto.

La pesadilla de las capturas incidentales

El gran problema de este método es la falta de selectividad. Es lo que técnicamente llaman captura incidental o bycatch. Imagina una red de varios kilómetros: es imposible que solo atrape la especie deseada. Como resultado, miles de animales que no tienen valor comercial o que están protegidos terminan muertos. En el Mediterráneo y el Cantábrico, las cifras son escalofriantes, con miles de cetáceos y tiburones perdiendo la vida cada año.

  • Cetáceos: Delfines rayados, comunes y cachalotes son víctimas frecuentes, especialmente en la pesca del pez espada.
  • Tortugas marinas: Las tortugas laúd sufren bajas constantes al quedar atrapadas en las mallas.
  • Aves marinas: Almacenes de pardelas y albatros mueren al intentar pescar en la superficie.
  • Tiburones y rayas: Especies vulnerables que quedan atrapadas sin posibilidad de escape.

Otro fenómeno devastador es la llamada pesca fantasma. Ocurre cuando una red se pierde accidentalmente o es abandonada deliberadamente. Como el nailon no se biodegrada, la red sigue flotando y siguiendo la captura de animales enredados durante años, convirtiéndose en una trampa mortal sin nadie que recoja el pescado, lo que supone un despilfarro de recursos y una tragedia ecológica.

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Conflictos económicos y sociales en el mar

No todo es ecología; también hay peleas por el dinero. La eficiencia de las redes de deriva hace que sean mucho más rentables que otros métodos, como el palangre. Esto provoca que los pescadores que usan artes más sostenibles no puedan competir, ya que las redes de deriva permiten capturar especies con densidades de población bajas que serían antieconómicas de pescar de otra manera.

Además, existe un conflicto de intereses cuando estas redes capturan especies de altísimo valor para otras pesquerías. El caso del salmón en el Pacífico Norte es paradigmático: las redes destinadas al calamar acaban atrapando salmones, lo que genera fuertes tensiones entre las flotas. A esto se suma el riesgo de agotamiento rápido de las poblaciones, ya que el bajo coste de despliegue permite un esfuerzo de pesca desproporcionado.

Lucha legal y alternativas sostenibles

Ante este escenario, la comunidad internacional ha tenido que reaccionar. Desde los años 90, la ONU y diversas convenciones regionales han intentado prohibir las redes de gran longitud (normalmente más de 2,5 km). En el Mediterráneo, el Convenio Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (CICAA) ha sido clave para limitar estas prácticas. Sin embargo, la ley no siempre se cumple; en zonas como Marruecos, se ha detectado un incumplimiento sistemático donde se sigue pescando ilegalmente para alimentar la demanda de pez espada en Europa.

Para solucionar esto, se están impulsando transiciones hacia artes más selectivas, como el uso de palangres o el apoyo a la conversión de la flota hacia el turismo. También se investigan redes inteligentes con sensores que avisen al pescador sobre qué especies hay en la red antes de izarla, y el desarrollo de polímeros biodegradables que eviten la pesca fantasma al disolverse tras cierto tiempo en el agua.

La supervivencia de la biodiversidad marina depende de que dejemos de ver el océano como un supermercado infinito. El uso de materiales avanzados como el HMPE puede reducir el consumo de combustible, pero la verdadera solución pasa por abandonar los métodos indiscriminados y adoptar una gestión basada en la ciencia y el respeto a los ciclos naturales de las especies, asegurando que la pesca de hoy no sea la causa de la esterilidad de los mares mañana.

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