El estudio, publicado en la revista Palaeontologia Electronica, está liderado por Kenshu Shimada, de la Universidad DePaul en Chicago, y cuenta con la participación de investigadores daneses. La vértebra, que mide 23 centímetros de diámetro, es la más grande jamás registrada en un pez, ya sea vivo o fósil. A partir de ella, los científicos han estimado que el ejemplar pudo alcanzar unos 24,3 metros de longitud y un peso cercano a las 94 toneladas, lo que lo sitúa entre los mayores depredadores marinos de todos los tiempos.
Un fósil perdido durante décadas

La historia de este hallazgo es casi de película. A finales de los 70, una excavación en la Formación Gram, en el sur de Dinamarca, sacó a la luz unas veinte vértebras pertenecientes a un mismo ejemplar de megalodón. Entre ellas destacaba una pieza excepcional, de mayor tamaño que cualquier otra conocida. El material se guardó en el Museo Geológico de Copenhague, pero en 1989, durante un traslado entre almacenes, la caja con los fósiles se perdió por completo. Durante años, los investigadores solo pudieron consultar las fotos antiguas.
No fue hasta 2010, casi por casualidad, que un conservador del museo, Bent Erik Kramer Lindow, encontró una caja con restos desordenados. Al revisarlos, se dio cuenta de que eran los fragmentos de aquellas vértebras desaparecidas. Aunque estaban dañadas, conservaban suficiente información para ser analizadas. El redescubrimiento fue una auténtica alegría para la comunidad científica, ya que permitió verificar las medidas que hasta entonces solo existían en la literatura.
Confirmación del tamaño gigantesco

El equipo de Shimada examinó la vértebra con técnicas de microtomografía computarizada y confirmó que su diámetro alcanzaba los 23 centímetros, exactamente la cifra que se había descrito antes de que el fósil desapareciera. Esta medida es clave para respaldar las estimaciones más ambiciosas sobre el tamaño del megalodón, ya que el esqueleto de los tiburones es cartilaginoso y rara vez fosiliza, salvo los dientes. Por eso, las vértebras son una fuente de información fundamental.
Comparando el diámetro vertebral con el de tiburones actuales y otros fósiles, los investigadores calcularon que el ejemplar danés medía unos 24,3 metros de largo. Aunque el modelo de crecimiento sugiere que el megalodón podría haber sido ligeramente más grande, los 24,3 metros representan la estimación científicamente más sólida hasta la fecha. Además, el peso estimado de 94 toneladas lo convierte en un auténtico coloso de los océanos.
Nuevos datos sobre su biología

El análisis de las vértebras no solo sirvió para medir al animal. Mediante micro-CT, los científicos identificaron al menos 64 bandas de crecimiento, similares a los anillos de los árboles, lo que indica que el megalodón tenía como mínimo 64 años cuando murió. Esta longevidad encaja con la de la biología de tiburones marinos actuales, que también viven varias décadas.
Pero hay más. En los mismos sedimentos donde aparecieron las vértebras, los investigadores encontraron pequeñas escamas y fragmentos de branquias que pertenecían a un tiburón peregrino fósil. Todo apunta a que esos restos eran el contenido estomacal del megalodón, lo que constituye la primera evidencia fósil directa de su dieta. El megalodón no solo cazaba grandes presas, sino que también se alimentaba de otros tiburones de gran tamaño, como el peregrino.
Este hallazgo refuerza la idea de que el megalodón era un depredador oportunista y dominante, capaz de adaptar su alimentación a lo que encontrara. Las vértebras redescubiertas no solo confirman su tamaño descomunal, sino que aportan pistas valiosas sobre cómo vivía y qué comía este gigante de los mares prehistóricos. Sin duda, un paso más para entender a uno de los animales más fascinantes que han existido.
