El misterio de la medusa asiática en Paraguay: primer registro oficial de una especie invasora

  • La investigadora Romina Melissa González ha documentado por primera vez la presencia de la medusa Craspedacusta sowerbii en territorio paraguayo.
  • El hallazgo se produjo en una cantera artificial de Ypacaraí, un entorno cerrado donde la especie ha logrado establecerse con éxito.
  • Se sospecha que la introducción se debió a la actividad humana, probablemente mediante equipos de buceo o embarcaciones contaminados con formas resistentes del organismo.
  • Aunque es mayoritariamente inofensiva, su proliferación puede alterar el equilibrio de los ecosistemas locales al competir por el alimento con larvas de peces nativos.

Medusa de agua dulce en Paraguay

Parece mentira que en pleno siglo XXI todavía nos topemos con sorpresas biológicas de este calibre en aguas continentales, pero la naturaleza siempre se guarda un as bajo la manga. Recientemente, el mundo científico ha puesto el foco en Sudamérica tras confirmarse la presencia de un visitante inesperado en Paraguay que ha dejado a más de uno con la boca abierta: la primera medusa de agua dulce registrada oficialmente en el país.

La responsable de este hallazgo es la investigadora Romina Melissa González de Dos Santos, vinculada a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FACEN-UNA), quien ha realizado un trabajo de campo impecable. Gracias a su tesón, se ha podido documentar de forma académica lo que muchos lugareños ya sospechaban por avistamientos previos, pero que hasta ahora carecía del respaldo científico necesario para figurar en los libros de biología nacional.

¿Qué animal es exactamente la Craspedacusta sowerbii?

No estamos hablando de una medusa cualquiera de esas que nos amargan el baño en el Mediterráneo, sino de un hidrozoo translúcido que apenas alcanza el tamaño de una moneda de dos euros. Esta especie, denominada científicamente Craspedacusta sowerbii, es originaria del río Yangtsé en China, pero ha demostrado tener un pasaporte muy activo, ya que ha colonizado casi todos los continentes a excepción de la Antártida, adaptándose a climas de lo más variopintos.

Físicamente, es una criatura fascinante con forma acampanada y un cuerpo blanquecino o verdoso que se vuelve casi invisible bajo el agua. A pesar de su reducido tamaño, que oscila entre los 20 y 25 milímetros, cuenta con una dotación de hasta cuatrocientos tentáculos dispuestos en el borde de su campana, los cuales utiliza tanto para mantener su posición en la columna de agua como para capturar su sustento diario.

El escenario del hallazgo: una cantera con historia

El lugar donde se produjo el avistamiento no es un lago natural, sino una antigua cantera ubicada en Ypacaraí que se llenó de agua de forma accidental en los años 70 tras perforarse una vena subterránea. En este entorno de aguas tranquilas y confinadas, la investigadora y su equipo, navegando en kayaks, lograron recolectar seis ejemplares en fase de medusa para su posterior análisis en el laboratorio de la universidad.

Investigación de medusas en aguas paraguayas

Lo curioso del asunto es que, según comentan los vecinos de la zona, estas pequeñas intrusas llevan viéndose por allí desde hace más de una década, pero nunca nadie se había parado a investigar qué hacían en una laguna cerrada. Algunos incluso hablan de teorías sobre personas que introdujeron especies de peces exóticos hace años, lo que podría haber servido de transporte accidental para las medusas en sus fases más tempranas.

¿Cómo ha llegado una especie asiática hasta Paraguay?

La gran pregunta que se hace todo el mundo es cómo un bicho de China termina en una cantera aislada en mitad de Sudamérica. Los expertos apuntan directamente a la mano del hombre como principal vía de dispersión, ya que estas medusas poseen unas estructuras llamadas podocistos, que son como microscópicas cápsulas de resistencia capaces de pegarse a botas, trajes de neopreno o cascos de barcos durante muchísimo tiempo.

Basta con que alguien haya usado su equipo de buceo o una pequeña embarcación en un lugar infectado y luego se haya ido a la cantera de Ypacaraí para que la invasión comience. Esta capacidad para mantenerse en estado latente hasta encontrar las condiciones idóneas es lo que las hace tan peligrosas desde el punto de vista ecológico, ya que son capaces de cruzar fronteras sin levantar la más mínima sospecha.

Impacto ambiental y posibles riesgos para el ser humano

Aunque tradicionalmente se ha pensado que estas medusas no daban problemas, estudios recientes han encendido algunas alarmas al detectar toxinas que podrían causar reacciones cutáneas inflamatorias. Si bien no es para salir corriendo, ya existe al menos un caso documentado de una persona con afectación en la piel tras el contacto, por lo que conviene andar con ojo si nos topamos con ellas durante un chapuzón recreativo.

A nivel ecológico, la preocupación es algo más seria porque estos animales se alimentan de zooplancton, que es el mismo menú que necesitan las crías de muchos peces locales para sobrevivir. Si la población de medusas crece sin control, podrían dejar sin comida a las especies nativas, alterando por completo la cadena alimentaria de estos ecosistemas acuáticos tan delicados y cerrados.

Este descubrimiento científico no solo pone fin a años de rumores entre la población local, sino que obliga a las instituciones a tomarse más en serio el control de especies exóticas en las aguas del país. La identificación de la Craspedacusta sowerbii en esta cantera es una señal clara de que la biodiversidad está cambiando y de que es fundamental seguir monitorizando estos entornos para entender cómo interactúan los nuevos inquilinos con la fauna autóctona, evitando así que una anécdota curiosa se convierta en un problema medioambiental de difícil solución en el futuro próximo.


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