Imagínate bajar casi dos kilómetros bajo el agua, donde la luz es un sueño lejano y la presión te aplastaría en un segundo. Pues ahí, concretamente frente a la isla Darwin en Galápagos, unos científicos se han topado con un bicho que no aparece en ningún libro de zoología. Se trata de una nueva especie de cefalópodo que ha dejado a los expertos rascándose la cabeza por sus rasgos tan peculiares.
Este descubrimiento, liderado por Janet R. Voight y su equipo del Field Museum de Chicago, junto a expertos de Bonn y la Fundación Charles Darwin, ha acabado publicado en la revista Zootaxala. El animal, bautizado oficialmente como Microeledone galapagensis, no es solo una curiosidad biológica, sino que ha obligado a los científicos a cambiar lo que sabían sobre toda su familia taxonómica.
Un aspecto fantasmal y casi transparente
Si lo vieras de lejos, pensarías que es un pulpo pequeño y bastante corriente, con brazos cortos y no muchas ventosas. Sin embargo, lo que flipa a los biólogos es su piel dorsal, que está prácticamente libre de pigmento. En el abismo, lo normal es que los cefalópodos tengan capas densas de cromatóforos para camuflarse, pero este ejemplar es casi translúcido, lo que le da un aire de larva o de fantasma marino.
Esta falta de color no es un capricho estético. Los investigadores creen que estamos ante un caso de heterocronía, que básicamente significa que el ritmo de desarrollo del animal ha cambiado. El resultado es un adulto que mantiene rasgos típicos de cuando era un bebé, un fenómeno conocido como neotenia, haciendo que el reloj biológico se haya pausado antes de tiempo.
El misterio de su anatomía interna
La cosa se pone aún más rara cuando analizas el interior del animal mediante microCT, que es una tomografía computarizada superprecisa. Para sorpresa de todos, mientras que por fuera es casi invisible, la musculatura interna del manto tiene una pigmentación densa. Es decir, tiene el contrasombreado al revés: oscuro por dentro y claro por fuera.
Normalmente, los animales tienen la espalda oscura para fundirse con la profundidad y la barriga clara para mimetizarse con la luz de la superficie. El Microeledone galapagensis invierte este patrón de camuflaje de una forma que la ciencia todavía no termina de digerir, aunque se sospecha que es otra consecuencia de su desarrollo embrionario atípico.
Reescribiendo la historia de los cefalópodos
El hallazgo no solo ha presentado a un nuevo integrante al club, sino que ha roto las reglas del grupo Megaleledonidae. Gracias a las imágenes de microCT, se descubrió que este pulpo carece de bolsa de tinta y de divertículo del buche. Hasta ahora, se pensaba que estas estructuras eran obligatorias para definir a esta familia, por lo que el diagnóstico taxonómico ha tenido que ser enmendado formalmente.
Es fascinante cómo la tecnología permite estudiar estos ejemplares sin tener que destrozarlos, algo vital ya que en las profundidades cada individuo es una joya irreemplazable que podría tardar décadas en volver a verse. A esto se suma la existencia de otras criaturas similares, como el pulpo invisible y las maravillas de los abismos filmados por el Schmidt Ocean Institute, que también muestra una transparencia asombrosa revelando solo sus órganos vitales.
Lo que todavía es un enigma
A pesar del entusiasmo, hay muchas preguntas en el aire. Como solo se han encontrado especímenes en la zona de la isla Darwin, no sabemos si este pulpo es un residente exclusivo de esa zona o si está repartido por todo el Pacífico oriental. Además, falta el análisis molecular para confirmar exactamente dónde encaja en el árbol genealógico.
Tampoco sabemos qué come, cómo se comporta o cómo es su ciclo de reproducción. Esto es lo habitual en la taxonomía de aguas profundas: ponerle nombre a la especie es solo el disparo de salida de una carrera que puede durar años. El fondo del mar sigue siendo el lugar más desconocido de la Tierra y el caso de este cefalópodo, sumado a otras noticias curiosas como el alias de criminales colombianos que comparten nombre, demuestra que el término pulpo invisible puede referirse a cosas muy distintas.
El hallazgo del Microeledone galapagensis en las profundidades de Galápagos ha revelado un animal con una biología invertida y rasgos juveniles persistentes, cuya falta de bolsa de tinta ha obligado a redefinir a toda su familia taxonómica, recordándonos que el océano profundo aún esconde secretos capaces de cambiar los libros de ciencia.