
Tras varias semanas de ríos en silencio y pescadores en vilo, Asturias ya puede decir que tiene campanu. El primer salmón de la temporada ha llegado mucho más tarde de lo habitual, en un contexto marcado por la caída de capturas, la suspensión de subastas tradicionales y el debate creciente sobre el futuro del salmón atlántico en el norte de España.
La captura de este primer ejemplar en los ríos asturianos pone fin a una espera inusualmente larga que había encendido todas las alarmas entre aficionados, hosteleros y administraciones. El pez no solo tiene valor deportivo: sigue siendo un símbolo cultural, económico y ambiental que concentra miradas dentro y fuera del Principado.
Un campanu muy tardío: así fue la captura en el río Sella

El campanu asturiano de esta temporada se hizo esperar más de un mes desde la apertura oficial de la pesca con muerte. La campaña comenzó el 18 de abril en los cinco ríos salmoneros del Principado, pero no fue hasta el 19 de mayo cuando, por fin, un pescador consiguió echar a tierra el primer salmón.
La escena se produjo en el puente de Villanueva, sobre el río Sella, uno de los enclaves clásicos de la pesca fluvial en Cangas de Onís. A las 9.30 horas de la mañana, Iván Alonso Peñayos, vecino de Gamonéu (Cangas de Onís), logró clavar y sacar a tierra el pez cuando muchos ya empezaban a temer que este año Asturias pudiera quedarse sin campanu.
El ejemplar capturado es un salmón atlántico de 82 centímetros de longitud y un peso de 6,2 kilogramos. La pieza fue pescada a mosca, una modalidad muy arraigada en la zona, según confirmaron fuentes municipales de Cangas de Onís, incluido su alcalde, José Manuel González.
La espera ha resultado especialmente llamativa porque en temporadas anteriores el primer salmón solía aparecer en los primeros días de campaña. En 2025 ya se había notado un cierto retraso, al no salir el campanu hasta la cuarta jornada, pero lo ocurrido este año ha ido un paso más allá, culminando en un mes entero sin capturas registradas en los grandes ríos asturianos.
Este giro de guion ha hecho que la tradicional imagen de pescadores madrugando a la orilla del Sella, Narcea o Cares-Deva para intentar hacerse con el primer ejemplar del año se viviese con una mezcla de ilusión y desaliento, al comprobar jornada tras jornada que el ansiado pez no terminaba de aparecer.
Subastas suspendidas y un campanu sin puja histórica
La larga ausencia del primer salmón no solo ha tenido impacto emocional entre los aficionados, sino también consecuencias directas sobre las tradiciones ligadas al campanu. Por primera vez en muchos años, varias de las subastas más emblemáticas se han cancelado antes incluso de que apareciera el pez.
En Cangas de Onís, el Ayuntamiento y la Asociación de Pescadores El Esmerillón acordaron el pasado 11 de mayo suspender la clásica puja que se celebra en el entorno del Puente Romano. La decisión se tomó tras casi tres semanas de temporada sin un solo salmón a la vista en el Sella, una circunstancia inédita en la historia reciente de la pesca en el concejo.
La cancelación implica que el campanu del Sella, aunque ya ha sido capturado, no será objeto de subasta pública. En lugar de ello, los 2.500 euros que el Consistorio solía entregar cada año al pescador del primer salmón se destinarán íntegramente a la propia asociación El Esmerillón, para apoyar sus trabajos de conservación y repoblación con alevines en la cuenca.
El Narcea también ha sufrido un golpe simbólico. La subasta de Cornellana, con más de 25 años de historia, se vio obligada a cancelar la puja del primer salmón del río por la falta absoluta de capturas. En este caso, se ha acordado que el primer ejemplar que eventualmente se pesque sea donado vivo al Proyecto Arca, que trabaja en la recuperación de la población salmonera en el cauce, a cambio de una compensación económica para el pescador.
Estas decisiones muestran hasta qué punto la ausencia de campanu ha roto la normalidad de una tradición profundamente arraigada en pueblos como Cornellana o Cangas de Onís. Ni siquiera en los años de mayores restricciones por la pandemia se habían suspendido las subastas por falta de peces: entonces no hubo actos públicos, pero sí se llegaron a capturar ejemplares.
Este año, en cambio, la escena ha sido mucho más desoladora para muchos pescadores: ríos sin picadas, jornadas enteras sin avistar un solo salmón y la sensación de que el declive de la especie está alcanzando un punto de no retorno si no se toman medidas de calado.
El peso cultural y simbólico del campanu en Asturias
En Asturias, el campanu es mucho más que el primer salmón del año. Para muchas localidades ribereñas, el arranque de la temporada de pesca con muerte se ha vivido históricamente como una pequeña fiesta, con actos populares, presencia de medios de comunicación y una notable repercusión gastronómica y turística.
Se denomina campanu al primer salmón capturado cada temporada en cada río salmonero. En la práctica, se habla de un campanu “general” de Asturias, pero también de los campanus particulares del Sella, Narcea, Cares-Deva, Eo o Esva. Esta doble dimensión convierte cada primer ejemplar en un símbolo local, a la vez que mantiene una especie de competencia amistosa entre ríos.
El valor del campanu trasciende lo deportivo porque, en España, la venta de salmones procedentes de pesca deportiva está prohibida. La única excepción histórica es precisamente la del primer salmón de la temporada, que puede comercializarse y subastarse de manera pública. De ahí que muchas pujas alcancen cifras elevadas, con restaurantes y hoteles pujando por hacerse con una pieza cargada de simbolismo.
El término “campanu” tiene también su propia historia. Aunque no existe una explicación única, la teoría más popular lo relaciona con las campanas de las iglesias próximas a los ríos, que repicaban para anunciar la llegada del primer salmón a la orilla. Esa imagen de campanarios sonando para celebrar el pez resume bien la dimensión social que ha tenido tradicionalmente la pesca salmonera en el Principado.
Otros ríos del norte peninsular han desarrollado su propia manera de reconocer la importancia del salmón. En el caso del río Eo, por ejemplo, el Ayuntamiento de San Tirso de Abres instauró en 1998 el galardón del “Salmón de Oro”, un broche de oro con el que se premia al pescador que logra el ejemplar de mayor peso de la temporada, reforzando así la relevancia cultural de esta especie en la comarca.
Todo este entramado de rituales, subastas, reconocimientos y actos públicos hace que la situación de los últimos años, con menos capturas y eventos suspendidos, se viva con preocupación no solo entre los aficionados a la pesca, sino también en ámbitos como la hostelería, el turismo rural o la propia identidad de muchas parroquias ligadas históricamente al salmón.
Caída de poblaciones, cupos drásticos y una especie bajo presión
El retraso del campanu en Asturias se enmarca en un contexto más amplio de declive del salmón atlántico en la cornisa cantábrica. En la última década, distintos informes científicos y datos administrativos han venido advirtiendo de una caída muy acusada del número de ejemplares que regresan a los ríos españoles.
A nivel estatal, la Sociedad Ibérica de Ictiología estima que las poblaciones de salmón han disminuido más de un 80 % en apenas diez años. Esta tendencia ha llevado a comunidades como Galicia, Navarra y País Vasco a prohibir por completo la pesca de la especie en sus ríos, con el objetivo de favorecer su recuperación.
Asturias y Cantabria se han convertido así en las dos únicas autonomías donde aún se permite pescar salmón, aunque con normas mucho más restrictivas que en el pasado. En el Principado, la regulación de esta temporada ha sido calificada por la propia administración como la más dura de su historia reciente.
Para este año, el Gobierno asturiano ha reducido los cupos de captura en torno a un 75 %. En la cuenca Nalón-Narcea, el límite ha pasado de 240 a 60 ejemplares; en la del Sella-Piloña, de 210 a 52; en el Cares-Deva, de 120 a 30; y en los ríos Eo y Esva, de 30 a 7 y de 20 a 5 respectivamente. Además, cada pescador solo puede echar a tierra un salmón con muerte, cuando en la temporada anterior se permitían dos.
También se han acortado los horarios de pesca: los salmones solo pueden capturarse media hora más tarde que el resto de especies y la actividad debe cesar una hora y media antes del final general de la jornada. Esto se traduce en una hora menos de pesca con respecto al año anterior, que ya había introducido un recorte similar.
Los registros de temporadas recientes ponen números a este declive. El año pasado se cerró con solo 127 salmones contabilizados en los ríos asturianos, 249 menos que el ejercicio anterior, cuando aún se superaban los 370 ejemplares. Muy lejos quedan las épocas en las que las estadísticas hablaban de miles de peces remontando los cauces del norte.
Detrás de esta caída se citan factores como la sobrepesca histórica, la presencia de presas y turbinas que obstaculizan el remonte, el deterioro de los hábitats fluviales, el cambio climático o el impacto de determinados depredadores. La propia administración asturiana reconoce que la situación es “problemática” y que, de seguir la tendencia, será necesario plantear medidas aún más severas.
Debate abierto: entre la veda total y las medidas coordinadas en Europa
La tardanza del campanu y la suspensión de subastas han reactivado el debate sobre si ha llegado el momento de prohibir por completo la pesca del salmón en los ríos de la cornisa cantábrica. La cuestión enfrenta sensibilidades y argumentos diversos entre responsables políticos, científicos y colectivos de pescadores.
La organización Saxífraga ha solicitado que el salmón atlántico sea incluido en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas en la categoría de “en peligro de extinción”. Este paso supondría, entre otras cosas, la obligación de vedar su captura deportiva de forma generalizada, como ya ocurre con otras especies protegidas.
Tras esta petición, el Ministerio para la Transición Ecológica ha iniciado el procedimiento para evaluar la catalogación, apoyado por un comité científico que debe analizar la situación de la especie. Desde Cantabria, su director general de Montes y Biodiversidad ha anticipado que el informe podría ser “demoledor” y que, de confirmarse el mal estado de las poblaciones, la comunidad apoyaría la inclusión del salmón en el catálogo.
En Asturias, la posición oficial es algo distinta. El director general de Planificación Agraria ha defendido que la última orden de vedas es ya la más restrictiva de la historia del Principado y que, antes de dar un paso tan drástico como prohibir por completo la pesca del salmón, es necesario analizar con detalle todos los factores que influyen en la especie.
Entre esos factores se mencionan la pesca marítima en alta mar, el aumento de la temperatura del agua asociado al cambio climático, la actividad de depredadores como cormoranes o nutrias y el impacto de infraestructuras fluviales que fragmentan los cauces. También se apunta al posible efecto de las piscifactorías de salmón en mar abierto, por la transmisión de parásitos o la competencia con ejemplares escapados de las granjas.
Desde el Principado se insiste en que no basta con vedar los ríos de forma aislada si en otros países europeos se siguen explotando las poblaciones de salmón sin un criterio coordinado. A diferencia de otras especies como la anguila, cuyas poblaciones se consideran paneuropeas, en el caso del salmón cada cuenca tiene sus particularidades, pero el ciclo vital del pez atraviesa amplias áreas del Atlántico Norte, lo que complica las soluciones que se pueden tomar solo a nivel local.
Aun así, muchos expertos coinciden en que el tiempo juega en contra del salmón atlántico y que el escenario al que se dirige el norte peninsular, de mantenerse la tendencia actual, es el de una veda generalizada de la pesca deportiva en los próximos años, al menos de forma temporal, con el objetivo de frenar el declive y permitir que las poblaciones se recuperen.
La ciencia matiza: menos capturas no siempre significa menos salmones
En paralelo al debate social y político, los estudios científicos sobre las poblaciones de salmón en Asturias aportan algunos matices que invitan a interpretar con cautela las cifras de capturas. Menos peces pescados no siempre equivale, de manera automática, a ríos completamente vacíos.
Un informe reciente sobre el Estado y caracterización de las poblaciones de salmón atlántico en los ríos asturianos confirma que las capturas han caído de forma marcada en las últimas décadas, pero añade que los recuentos de reproductores no muestran un descenso tan abrupto como el que sugieren las estadísticas de pesca.
El trabajo señala también que la densidad de juveniles mantiene una tendencia relativamente estable en algunos cauces, lo que indicaría que parte del ciclo vital del salmón sigue funcionando, a pesar de las amenazas. Estos datos han llevado a algunos investigadores a plantear que el mayor cuello de botella podría estar en la fase marina, cuando los peces pasan varios años en el océano antes de remontar los ríos.
Entre las hipótesis que se manejan está la fuerte reducción de los llamados salmones de “un invierno de mar”, ejemplares que antes regresaban en mayor número tras un solo ciclo invernal en el Atlántico y que ahora parecen mucho menos frecuentes. También se baraja que los cambios en la temperatura y en las corrientes puedan haber alterado las rutas migratorias tradicionales.
Otra teoría que ha ido ganando peso entre pescadores y científicos es que los salmones podrían estar entrando cada vez más tarde a los ríos, desplazando hacia fechas más avanzadas el momento en que se registran las primeras capturas. Esta posibilidad encajaría, en parte, con lo ocurrido este año en Asturias y con lo observado en países como Noruega, donde se han retrasado las temporadas de pesca para adaptarse a los nuevos patrones de migración.
En cualquier caso, los especialistas subrayan que no existe una única causa que explique el declive del salmón atlántico. Lo más probable es que se trate de un problema acumulativo, donde se combinan la presión pesquera, las alteraciones de los hábitats, el calentamiento global y otros factores todavía no del todo comprendidos. De ahí la insistencia en tomar decisiones apoyadas en datos y en reforzar el seguimiento científico de las poblaciones.
El campanu de este año, tan esperado y tan tardío, se ha convertido así en algo más que una simple anécdota para la crónica de la pesca. Su aparición, después de semanas de incertidumbre y subastas suspendidas, resume a la perfección el momento delicado que atraviesan los ríos salmoneros del norte y plantea un interrogante de fondo: cómo compatibilizar la continuidad de una tradición muy arraigada con la necesidad urgente de garantizar la supervivencia de una especie clave en los ecosistemas fluviales.


