El pasado viernes los vecinos de Llombai y Alfarp empezaron a ver algo que no les cuadraba: enormes bloques de espuma blanca aparecían de repente en el río Magro y en las acequias que riegan sus campos. Lo que al principio parecía una curiosidad, pronto se convirtió en una preocupación seria cuando, apenas 24 horas después, comenzaron a flotar los primeros peces muertos. La imagen de decenas de ejemplares sin vida a lo largo del cauce, algunos de gran tamaño, ha puesto en alerta a toda la comarca.
La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) ha movilizado desde el lunes un operativo especial para limpiar el río. Según han confirmado fuentes del organismo, los trabajos ejecutados por Tragsa han permitido retirar aproximadamente 1.500 kilogramos de masa piscícola en un tramo de unos diez kilómetros entre los términos de Montserrat, Montroi y Llombai. El dispositivo, que combina una embarcación que recorre el cauce con tres equipos de dos operarios que trabajan desde las orillas, avanza según lo previsto y podría quedar completado este jueves.
Una hipótesis: el incendio de Montserrat
Mientras los equipos de limpieza continúan su trabajo, la principal línea de investigación apunta a un vertido procedente del polígono industrial de Montserrat. Allí, la noche del pasado jueves al viernes, se declaró un incendio en una nave dedicada a la producción de productos químicos de higiene. El fuego, que se propagó a una nave contigua de una empresa maderera, quedó controlado a primera hora de la mañana, pero la CHJ sospecha que el agua empleada en las labores de extinción arrastró sustancias contaminantes hasta el río Magro.

Según la información facilitada por el organismo de cuenca, durante la extinción se habría producido el arrastre de productos o sustancias presentes en las instalaciones, generando una escorrentía que alcanzó la red de drenaje y, finalmente, el cauce. El resultado fue la aparición de espuma con un fuerte olor a detergente, un indicio que los técnicos consideran clave para confirmar el origen químico del episodio. No obstante, la CHJ ha señalado que será necesario esperar a los resultados de los muestreos de agua para determinar la toxicidad exacta y el alcance real de la afección.
Regantes afectados y cortes de riego
La alarma no se ha limitado al cauce. En Alfarp y Catadau, donde el agua de las acequias se emplea para el riego de los cultivos, las comunidades de regantes no se lo han pensado dos veces. Gerard Donat, presidente de la comunidad de regantes de Alfarp, ha confirmado que desde el sábado se ha prohibido el riego de forma preventiva. La espuma ha llegado a desbordar las acequias en algunos puntos, saltando a las parcelas, y los agricultores temen que los productos químicos puedan dañar sus cosechas. Donat insiste en que no se reanudará el riego hasta tener los resultados de los análisis que confirmen que el agua es segura.
Los vecinos, por su parte, han mostrado su malestar por la falta de información en los primeros momentos del suceso. Aseguran que el aviso a las autoridades llegó tarde y que fueron los propios voluntarios ambientales de Llombai quienes dieron la voz de alarma a través del Seprona. La plataforma ecologista Xúquer Viu ha sido aún más contundente, calificando el episodio de “catástrofe ecológica” y denunciando una “grave falta de coordinación” entre la CHJ, los ayuntamientos y los regantes.
Consecuencias ambientales y medidas de emergencia
Xúquer Viu ha pedido a la Confederación que proceda a soltar agua desde el embalse de Forata para generar un caudal suficiente que diluya los contaminantes y permita limpiar el río lo antes posible. La organización ecologista advierte de que el Magro ya arrastraba problemas de calidad de agua y de incumplimiento del caudal ecológico en su tramo bajo, entre Carlet, l’Alcúdia, Guadassuar y Algemesí, y que este nuevo vertido compromete aún más la supervivencia de especies autóctonas como la loina del Júcar, “extremadamente sensible a la polución”, según sus portavoces.

En paralelo, el Área de Calidad de las Aguas de la CHJ ha abierto una investigación para esclarecer las causas exactas de la mortandad y determinar responsabilidades. El organismo no descarta la apertura de un expediente sancionador si se confirma que se ha producido un incumplimiento de la normativa vigente en materia de vertidos y protección de las masas de agua. Los técnicos ya han recogido muestras tanto aguas arriba como aguas abajo de la zona afectada, aunque no pudieron tomar muestras directamente en el punto de origen, ya que cuando llegaron a la zona el vertido ya había cesado.
Un río que acumula cicatrices
El episodio ha reabierto el debate sobre el estado de salud del Magro, un río que los colectivos ecologistas llevan años denunciando como uno de los más degradados de la Comunitat Valenciana. A la mortandad masiva de peces se une ahora el impacto en la fauna y en el ecosistema fluvial, con un tramo de diez kilómetros que ha necesitado de un operativo de limpieza especializado. La CHJ ha trasladado los peces retirados a una instalación de tratamiento de residuos situada en Almassora, en Castellón, donde serán procesados conforme a la normativa ambiental.
De momento, la incógnita sigue siendo la misma que se planteaban el sábado los regantes: ¿qué se ha vertido exactamente y quién es el responsable? Hasta que los análisis no ofrezcan una respuesta definitiva, la población de la comarca se queda con la incertidumbre y con una imagen que ha dado la vuelta a las redes sociales: la de un río cubierto de espuma y salpicado de peces muertos que, según los vecinos, “confirma que algo muy grave ha ocurrido” y que la recuperación del Magro “es más urgente que nunca”.