Durante años, la acuicultura se ha presentado como la gran solución para alimentar al planeta sin esquilmar los mares. Sin embargo, la realidad del salmón de cultivo es más compleja: su producción depende en gran medida de harina y aceite de pescado obtenidos de peces salvajes, lo que genera una paradoja ecológica. Mientras tanto, la industria busca alternativas tecnológicas para mejorar la eficiencia y reducir el impacto ambiental, al tiempo que enfrenta tensiones comerciales internacionales.
En España, el mayor productor acuícola de la Unión Europea, el consumo de salmón de cultivo es elevado, pero buena parte de la harina de pescado utilizada en las piscifactorías procede del extranjero. Esta dependencia, junto con los recientes aranceles impuestos por Estados Unidos al salmón chileno, pone de relieve los desafíos de un sector que debe equilibrar la demanda global con la sostenibilidad.
La paradoja de la harina de pescado

Un salmón de cultivo puede haber consumido durante su crecimiento más de seis veces su propio peso en peces silvestres, según investigaciones del proyecto Sea Around Us. Esta contradicción pone en cuestión el argumento de que la acuicultura reduce la presión sobre los océanos. La industria global de la harina de pescado, valorada en miles de millones, desvía especies que antes alimentaban a comunidades locales en países como Gambia o Mauritania hacia fábricas de pienso para acuicultura internacional. En España, especies como la lubina y la dorada dependen de estos piensos importados, lo que conecta el consumo local con una cadena global de impactos ambientales y sociales.
La organización The Outlaw Ocean Project documentó durante dos años los efectos de esta industria, señalando problemas laborales y de contaminación en plantas de procesamiento en India, Perú y África occidental. Grandes cadenas de distribución como Carrefour ya han anunciado revisiones de sus cadenas de suministro ante las denuncias. Mientras tanto, la Asociación Internacional de Harina y Aceite de Pescado (IFFO) defiende la eficiencia de la acuicultura, pero reconoce la necesidad de buscar alternativas como algas, insectos o proteínas de microorganismos.
Innovaciones tecnológicas para una producción más eficiente

Frente a estos desafíos, la tecnología ofrece soluciones. La compañía Oxzo, con presencia en Noruega, Chile y Canadá, ha desarrollado la plataforma AIR MAR, que integra la generación de aire y el suministro de oxígeno en un mismo sistema. El sistema permite alternar automáticamente entre aire y oxígeno según las condiciones del centro de cultivo, sin necesidad de detener el proceso. Según datos de Aquabench, los centros que operan con estos servicios han registrado una reducción del 24% en la mortalidad de salmones, así como una menor incidencia de enfermedades y un mayor crecimiento.
En Chile, la compañía reporta un incremento del 15% en la cosecha de biomasa y un ahorro del 5% en costos de producción, gracias a un menor uso de alimento y medicamentos. La plataforma opera de forma autónoma las 24 horas del día e incorpora monitoreo remoto y alimentación remota para optimizar la salmonicultura, lo que reduce la intervención manual. Esta tecnología, ya aplicada en Noruega, podría ser clave para mejorar la sostenibilidad de las piscifactorías europeas, incluida la española.
Tensiones comerciales y su impacto en el mercado
El sector del salmón de cultivo también se enfrenta a vientos en contra en el ámbito comercial. Estados Unidos ha impuesto un arancel adicional del 12,5% a productos chilenos, incluido el salmón, tras una investigación por supuesto «trabajo forzoso». Las exportaciones chilenas de salmón a EE.UU. alcanzaron los 2.600 millones de dólares el año pasado, y el impacto estimado de la medida oscila entre 300 y 500 millones de dólares, según SalmónChile. Aunque la resolución no acusa a Chile de producir con trabajo forzoso, sí señala deficiencias en los controles de importación.
Para España, que importa grandes cantidades de salmón de cultivo, esta situación podría repercutir en los precios y la disponibilidad del producto. Chile es el principal proveedor de salmón del mercado europeo, y cualquier alteración en su comercio con Estados Unidos puede desviar flujos hacia Europa. Mientras tanto, las negociaciones continúan: se espera la visita del representante comercial adjunto de EE.UU. a Santiago a finales de agosto para buscar una solución.
El salmón de cultivo se encuentra en una encrucijada. Por un lado, la dependencia de la harina de pescado sigue siendo un lastre para su sostenibilidad, aunque se investigan alternativas. Por otro, las innovaciones tecnológicas como la oxigenación inteligente prometen mejorar la eficiencia y reducir la mortalidad. Y en el plano comercial, los aranceles estadounidenses añaden incertidumbre a un mercado globalizado. Para el consumidor europeo, entender estas dinámicas es clave para tomar decisiones informadas, mientras la industria busca un equilibrio entre producción, respeto ambiental y viabilidad económica.
