El sapo jambato y la vía Angamarca El Corazón: un conflicto ambiental en Cotopaxi

  • Una jueza de Riobamba ordena suspender la vía Angamarca-El Corazón para proteger el hábitat del sapo jambato en el río Guambaine.
  • Alianza Jambato y la Defensoría del Pueblo alegan daños ambientales y piden declarar el área como zona protegida.
  • La prefecta de Cotopaxi, Lourdes Tibán, defiende la carretera como obra histórica para las comunidades rurales y promete continuar el proyecto.
  • El jambato, especie redescubierta en 2016 y en peligro crítico, se convierte en símbolo de los derechos de la naturaleza en Ecuador.

sapo jambato y la via Angamarca El Corazon

La tensión entre desarrollo de infraestructuras y conservación ambiental ha encontrado en Cotopaxi, Ecuador, uno de sus ejemplos más llamativos. La vía Angamarca-El Corazón, proyectada para mejorar la conexión con Ambato, se ha convertido en el epicentro de un pulso judicial y social debido a la presencia de un anfibio diminuto, pero clave: el sapo jambato.

Este pequeño animal, redescubierto en 2016 tras ser dado por extinto, habita su último refugio conocido en la microcuenca del río Guambaine. La carretera, que ya tiene varios tramos ejecutados, pasa muy cerca de ese cauce. Ambientalistas, científicos y organizaciones de derechos de la naturaleza sostienen que la obra amenaza el ciclo de vida del jambato, mientras que autoridades locales y parte de la población insisten en la necesidad urgente de la vía.

Suspensión judicial de la vía Angamarca-El Corazón

construccion via Angamarca El Corazon y sapo jambato

La construcción de la carretera Angamarca-El Corazón, que busca unir estas localidades de Cotopaxi con Ambato, en la provincia vecina de Tungurahua, quedó en pausa por orden de una jueza de Riobamba. La decisión se tomó tras aceptar una acción de protección presentada contra el Ministerio de Ambiente y Energía, al que se atribuye la responsabilidad de vigilar el cumplimiento de las normas ambientales durante la obra.

La acción fue impulsada por la organización Alianza Jambato, liderada por la bióloga María del Carmen Vizcaíno. Según explicó, los trabajos iniciados en 2024 han provocado impactos directos en el río Guambaine, donde se reproducen los renacuajos del sapo. A su juicio, el control ambiental oficial fue insuficiente o, directamente, inexistente en los tramos críticos del proyecto.

La jueza ordenó la paralización temporal de los trabajos mientras se revisa el caso de fondo, en particular la posible vulneración de los derechos de la naturaleza y el riesgo de extinción para la única población silvestre conocida del jambato. Esta suspensión afecta un tramo clave del corredor que conecta Angamarca-El Corazón-Shuyo-Guambaine, pieza central de la futura vía entre Cotopaxi y Tungurahua.

El proyecto vial, ejecutado principalmente por las Prefecturas de Cotopaxi y Tungurahua, contempla unos 18 kilómetros entre Angamarca, El Corazón, Shuyo y Guambaine, de los cuales, según medios locales, ya se han construido alrededor de 15. La ruta completa Ambato-Pasa-Angamarca-El Corazón alcanzaría unos 105 kilómetros, con los primeros 42 ya asfaltados y un presupuesto global cercano a los 5 millones de dólares.

El sapo jambato y el río Guambaine: un hábitat en el punto de mira

habitat sapo jambato rio Guambaine

El corazón del conflicto se sitúa en la microcuenca del río Guambaine, en Cotopaxi. Allí se encuentra la única población silvestre conocida del jambato (Atelopus ignescens), un anfibio endémico de Ecuador. La especie alterna una fase acuática, en la que los renacuajos se desarrollan en las aguas frías del río, con una fase terrestre en los alrededores de páramo.

Según Vizcaíno, durante los monitoreos biológicos realizados desde 2024, Alianza Jambato documentó vertidos de escombros procedentes de la obra al cauce del Guambaine. La cantidad de arena y rocas habría sido tan elevada que el afluente “casi desapareció” durante ese año, reduciendo drásticamente su caudal y alterando las condiciones necesarias para la supervivencia del anfibio.

Las observaciones de campo también reflejan una disminución llamativa de avistamientos. Entre junio y septiembre de 2023, los equipos registraron alrededor de 15 individuos. En 2024, indican que no se encontró ninguno en los recorridos habituales, y en diciembre solo se localizaron dos ejemplares. Aunque estos datos no permiten fijar con exactitud el tamaño real de la población, sí apuntan a una tendencia preocupante tras el inicio de la construcción.

El jambato se considera una especie de alta sensibilidad ecológica. Habita en páramos y riachuelos de altura, generalmente entre 2.800 y más de 4.000 metros sobre el nivel del mar. Es un anfibio diurno, de entre 38 y 43 milímetros de longitud, con dorso negro azabache y un vientre de color naranja o rojo intenso. Su piel rugosa y verrugosa secreta toxinas como mecanismo de defensa frente a depredadores.

Además de la construcción de la carretera, el jambato afronta otras amenazas acumuladas: el hongo quítrido, vinculado a declives masivos de anfibios en todo el mundo; el cambio climático, que altera los regímenes de temperatura y lluvia; el uso de agroquímicos en zonas agrícolas cercanas y la presencia de especies invasoras. Para numerosos especialistas, el caso del jambato se ha convertido en un símbolo de conservación frente a la pérdida de biodiversidad en los Andes.

Un anfibio que volvió de la «extinción»

La historia del jambato tiene un componente casi de leyenda científica. Este sapo andino desapareció de los registros a finales de la década de 1980 y, tras años sin avistamientos, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo declaró oficialmente extinto en 2004. Durante más de una década se le consideró perdido para siempre.

Sin embargo, en 2016 se produjo el redescubrimiento de la especie en Angamarca, precisamente en el área hoy atravesada por el trazado de la vía en disputa. Ese hallazgo devolvió al jambato al mapa de la conservación mundial y atrajo la atención de científicos y organizaciones ambientales, que han trabajado desde entonces en programas de monitoreo, conservación in situ y sensibilización local.

Las estimaciones actuales apuntan a que existen menos de 400 individuos en estado silvestre, aunque el cálculo exacto es complejo debido a la biología de los anfibios y a las dificultades metodológicas para censar poblaciones tan reducidas y dispersas. Esa escasez explica que el jambato se clasifique como en peligro crítico y que cada alteración de su hábitat se mire con lupa.

La situación ha llevado a que el anfibio sea percibido como un «sobreviviente» de la extinción, un ejemplo de resiliencia natural que, pese a ello, continúa en la cuerda floja. De ahí que organizaciones como Alianza Jambato consideren que cualquier riesgo adicional, como el uso de explosivos o el movimiento masivo de tierras para completar la vía, podría revertir los avances logrados desde 2016.

En este contexto, la Defensoría del Pueblo ha solicitado a la justicia que el hábitat del jambato sea declarado área protegida, figura que reforzaría las restricciones a proyectos de infraestructura y actividades productivas en la zona. Esa petición todavía está pendiente de una resolución judicial definitiva.

Las comunidades y la defensa de la carretera

Mientras ambientalistas y científicos reclaman más cautela, las autoridades provinciales y parte de la población local mantienen una postura muy distinta. La prefecta de Cotopaxi, Lourdes Tibán, ha sido una de las voces más firmes en defensa de la carretera y ha criticado abiertamente la suspensión dictada por la jueza.

En declaraciones a medios locales, Tibán ha subrayado que la vía responde a un «pedido histórico» de Angamarca y otras comunidades de la zona. Asegura que “la gente quiere la vía” y que su administración está decidida a completar el tramo pendiente. Incluso ha llegado a afirmar que continuará con el proyecto «cueste lo que cueste», insistiendo en la importancia de mejorar la conectividad rural.

La prefecta sostiene que la obra cuenta con certificación ambiental desde 2019, emitida antes de que ella asumiera el cargo. A su entender, ese permiso demuestra que el proyecto fue evaluado en su momento y que puede ejecutarse siguiendo la normativa vigente, siempre que se apliquen las medidas de mitigación correspondientes.

Como gesto político y simbólico, Tibán ha anunciado su intención de declarar Angamarca y Shuyo como “santuario del jambato”. Ha pedido incluso a la población que organice una minga comunitaria para localizar ejemplares del sapo y trasladarlos, si es necesario, a zonas que se consideren más seguras dentro de su entorno natural. Estas propuestas han generado polémica entre especialistas, que advierten de que la reubicación improvisada de fauna sensible puede provocar más daños que beneficios.

Las autoridades de Cotopaxi y Tungurahua recalcan que la vía beneficiaría de forma directa a miles de habitantes de Angamarca, Guambaine, Mocata y otras comunidades, facilitando el transporte de productos agrícolas y reduciendo los tiempos de desplazamiento hacia mercados y servicios. También prevén un impulso a la movilidad triprovincial, al mejorar la conexión con Manabí y otras regiones del país.

Derechos de la naturaleza y precedente jurídico en Ecuador

El caso del sapo jambato y la vía Angamarca-El Corazón se enmarca en un contexto jurídico singular. Ecuador fue el primer país del mundo en reconocer derechos a la naturaleza en su Constitución, aprobada en 2008 en Montecristi, Manabí. Ese texto establece que los ecosistemas y las especies tienen derechos propios, exigibles ante los tribunales.

El artículo 73 de la Constitución obliga al Estado a adoptar medidas de precaución frente a actividades que puedan llevar a la extinción de especies o a la alteración grave de los ecosistemas. Sobre esta base, jueces y cortes han resuelto ya más de 70 casos judiciales relacionados con los derechos de la naturaleza, la mayoría con fallos favorables a los ecosistemas o especies afectadas.

Entre los precedentes más citados figuran el del río Vilcabamba, en 2011, donde una obra vial fue frenada para proteger un sistema fluvial, y el del bosque Los Cedros, en 2021. En este último, la Corte Constitucional reconoció expresamente que las especies amenazadas son titulares de derechos constitucionales, convirtiendo los principios ecológicos en obligaciones concretas para las autoridades públicas.

La suspensión de la vía Angamarca-El Corazón se apoya en esta jurisprudencia acumulada. La jueza deberá determinar si la construcción de la carretera, tal y como está diseñada y ejecutada, vulnera los derechos del jambato y de su ecosistema, o si es posible compatibilizar la obra con la supervivencia de la especie mediante ajustes, compensaciones o medidas de restauración ambiental.

En paralelo, la Defensoría del Pueblo ha pedido que el entorno del río Guambaine sea reconocido como área protegida. Si la justicia acepta esta petición, el margen para retomar la carretera en su trazado actual se vería notablemente reducido, y cualquier actuación futura quedaría sujeta a un nivel de exigencia ambiental más alto.

Un debate abierto entre desarrollo y conservación

La paralización de la vía por el sapo jambato en Cotopaxi ha abierto un debate que trasciende lo local. Por un lado, las comunidades afectadas reclaman mejores carreteras, acceso a mercados y servicios básicos, y ven en esta infraestructura una oportunidad largamente esperada. Por otro, científicos y defensores del medio ambiente alertan de que la pérdida del último hábitat conocido de la especie sería irreversible.

Las posiciones parecen hoy muy lejos de converger. Mientras la prefecta Tibán insiste en que la obra debe continuar y reivindica la legitimidad de las demandas sociales, Alianza Jambato y otras organizaciones recalcan que no se trata solo de un sapo aislado, sino de un ecosistema de alta montaña ya presionado por múltiples factores. A su juicio, la suspensión ordenada por la jueza es una aplicación directa del principio de precaución que recoge la Constitución.

La decisión final del tribunal, cuando se emita por escrito, tendrá implicaciones más allá de Cotopaxi. Servirá para medir hasta dónde llega la protección jurídica de las especies en peligro crítico frente a proyectos de infraestructura considerados estratégicos. De la forma en que se resuelva este caso dependerá también la señal que reciba el resto de administraciones y promotores de obras similares en el país.

En última instancia, la disputa en torno al jambato y la vía Angamarca-El Corazón ilustra el tipo de equilibrios delicados que afrontan muchas regiones del mundo: atender las necesidades de conectividad y desarrollo rural sin sacrificar los pocos enclaves donde aún sobreviven especies únicas. Lo que ocurra en la microcuenca del río Guambaine será seguido de cerca tanto por las comunidades locales como por quienes ven en este pequeño sapo un recordatorio de hasta qué punto la conservación y la obra pública deben caminar con más cuidado.

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