El supuesto pulpo más antiguo del mundo resulta ser un nautilo fósil

  • Un fósil de 300 millones de años deja de ser el “pulpo más antiguo del mundo” al reclasificarse como pariente de los nautilos.
  • Las imágenes por sincrotrón revelaron una rádula con 11 dientes por fila, incompatible con los pulpos y propia de nautiloideos.
  • El hallazgo retrasa el origen de los pulpos al Jurásico y sitúa la divergencia con calamares en la era Mesozoica.
  • El fósil se convierte en el tejido blando de nautiloideo más antiguo conocido y obliga a revisar estudios evolutivos previos.

fósil de cefalópodo antiguo

Durante más de dos décadas, un fósil diminuto hallado en los yacimientos de Mazon Creek, en Illinois, ha ocupado titulares y hasta un lugar en el Libro Guinness de los Récords como el supuesto pulpo más antiguo del mundo. Ahora, una nueva investigación internacional le quita esa corona y revela que nunca fue un pulpo, sino un pariente muy antiguo del Nautilus, esos cefalópodos con concha en espiral que aún nadan hoy por los océanos.

Este giro de guion científico no solo obliga a borrar un récord mundial, sino que también reordena la historia evolutiva de los pulpos. Al sacar a este fósil del linaje de los octópodos, los investigadores sitúan el origen real de estos animales en una época más reciente, encajando mucho mejor con las pruebas genéticas y geológicas disponibles.

Un fósil famoso que engañó a la ciencia durante 25 años

El protagonista de este caso es Pohlsepia mazonensis, una criatura marina de unos 300 millones de años cuyo cuerpo fosilizado no es mayor que una mano humana. Fue descrita por primera vez en el año 2000, a partir de un ejemplar encontrado en la zona de Mazon Creek, un yacimiento clásico de fósiles de edad anterior a los dinosaurios en el actual estado de Illinois (Estados Unidos).

En aquel primer estudio, los paleontólogos interpretaron que el fósil mostraba ocho brazos, pequeñas aletas, un cuerpo en forma de saco e incluso indicios de un supuesto saco de tinta. Esa apariencia general recordaba a los actuales pulpos de aguas profundas y llevó a clasificarlo como un pulpo cirrado muy primitivo.

La consecuencia fue enorme: si Pohlsepia era realmente un pulpo, implicaba que los octópodos habían aparecido 150 millones de años antes de lo que sugerían el resto de registros fósiles. El siguiente pulpo fósil fiable apenas tiene unos 90 millones de años, de modo que se abría una brecha evolutiva descomunal entre ambos hallazgos.

Esa laguna temporal hizo que muchos especialistas se mostrasen escépticos. Aun así, durante años Pohlsepia se utilizó como punto de referencia en estudios de evolución de cefalópodos, llegando a considerarse un auténtico “fusible filogenético”, es decir, un fósil que obliga a imaginar una historia evolutiva mucho más antigua de lo que el resto de pruebas respaldan.

El ejemplar, bautizado en honor a su descubridor James Pohl, pasó a formar parte de la colección del Field Museum de Chicago y fue reconocido oficialmente por Guinness World Records como el pulpo fósil más antiguo conocido, un título que hoy queda en suspenso.

recreación de antiguo cefalópodo

La clave estaba en una lengua con demasiados dientes

El punto de inflexión llegó de la mano de un equipo de la Universidad de Reading (Reino Unido), liderado por el zoólogo de invertebrados Thomas Clements. Tras años de dudas en la comunidad científica, estos investigadores recurrieron a tecnologías de imagen mucho más avanzadas para “ver” lo que el ojo humano y las técnicas tradicionales no podían detectar en el interior de la roca.

El equipo utilizó un sincrotrón, una instalación que acelera electrones a gran velocidad para generar haces de luz miles de veces más brillantes que el Sol. Esa luz se proyecta sobre el fósil y permite crear imágenes de muy alta resolución de las estructuras internas, casi como si se tratara de una radiografía forense aplicada a un “sospechoso” de 300 millones de años.

Gracias a ese escaneo detallado, los científicos identificaron una rádula, una especie de lengua en forma de cinta con varias filas de diminutos dientes, típica de los moluscos. Esta estructura, que normalmente no se conserva bien en el registro fósil, se reveló aquí como la pieza que faltaba para resolver el rompecabezas.

Las imágenes mostraron que cada hilera de la rádula de Pohlsepia presentaba al menos 11 elementos dentales. Esa cifra es incompatible con los pulpos actuales, que suelen tener entre siete y nueve dientes por fila. Sin embargo, encaja muy bien con los nautiloideos, el grupo de cefalópodos emparentado con los Nautilus modernos, que pueden llegar a tener hasta 13 dientes por hilera.

En paralelo, el equipo comparó esos minúsculos dientes con los de otro fósil del mismo yacimiento, Paleocadmus pohli, un nautiloideo ya conocido por los especialistas. La coincidencia morfológica apuntaba con fuerza a que ambos fósiles correspondían al mismo tipo de animal o, al menos, a parientes muy cercanos dentro de los nautiloideos.

De pulpo a nautilo: un caso de identidad equivocada

Con la rádula sobre la mesa, la interpretación del fósil dio un vuelco. Según detallan los autores en la revista Proceedings of the Royal Society B, Pohlsepia mazonensis no reúne los rasgos clave para considerarse un pulpo, sino que encaja mucho mejor como un nautiloide sin concha visible, emparentado con el Nautilus actual.

¿Dónde está entonces la famosa concha en espiral de estos animales? El estudio propone que, antes de quedar sepultado y fosilizarse, el cuerpo del animal pasó varias semanas descomponiéndose en el fondo marino. Durante ese tiempo, la concha externa se habría separado y perdido, mientras los tejidos blandos se degradaban y se deformaban progresivamente.

Ese proceso de descomposición, conocido como tafonomía, habría dado lugar a una masa blanquecina con tentáculos y estructuras difusas que, vista en bidimensional, se parece peligrosamente a un pulpo de aguas profundas. En otras palabras, el fósil “jugó una mala pasada” a los paleontólogos que lo describieron hace 25 años.

Para Clements y su equipo, es llamativo que una simple hilera de dientes microscópicos, oculta durante cientos de millones de años en la roca, haya bastado para desmontar una hipótesis que había marcado los estudios sobre pulpos y cefalópodos durante décadas.

La reclasificación de Pohlsepia como nautiloide tiene otra consecuencia inmediata: el ejemplar deja de ser el “pulpo más antiguo del mundo” y pasa a convertirse en el tejido blando de nautiloideo más antiguo conocido en el registro fósil, adelantando en unos 220 millones de años el récord anterior de conservación de este tipo de organismos.

Lo que cambia en la historia evolutiva de los pulpos

Eliminar a Pohlsepia del árbol genealógico de los pulpos obliga a recalibrar la cronología de este grupo de cefalópodos. La mejor evidencia disponible apunta ahora a que los pulpos surgieron bastante más tarde de lo que se pensaba cuando este fósil se consideraba un octópodo.

Los nuevos datos respaldan la idea de que los pulpos aparecieron durante el período Jurásico, dentro de la era Mesozoica, un escenario más coherente con el resto de fósiles conocidos y con los análisis genéticos sobre la evolución de los cefalópodos modernos.

Esto implica, además, que la separación evolutiva entre los pulpos y sus parientes de diez brazos, como los calamares y otros coleoideos, habría tenido lugar en esa misma era Mesozoica, y no cientos de millones de años antes en el Paleozoico, como sugería la antigua interpretación de Pohlsepia.

En términos prácticos, la “corrección” del fósil reduce la brecha temporal entre las estimaciones obtenidas a partir del ADN y las obtenidas mediante el registro fósil. Muchas de las aparentes contradicciones que desconcertaban a los investigadores desaparecen al dejar de considerar a Pohlsepia como un pulpo.

Varios estudios que en su día usaron este fósil como punto de calibración en análisis moleculares deberán revisarse o, como mínimo, interpretarse con cautela. Al fin y al cabo, si la pieza central del rompecabezas estaba mal colocada, las conclusiones extraídas podrían arrastrar ese mismo error.

Un récord que se borra y otro que se estrena

La revisión científica también tiene consecuencias fuera de los laboratorios. La organización Guinness World Records ya ha anunciado que retira la mención de Pohlsepia como el pulpo fósil más antiguo registrado. El título queda de momento “en el aire”, a la espera de que se revise la evidencia disponible y se determine cuál es el nuevo poseedor legítimo de ese honor.

En paralelo, el Field Museum de Chicago, que alberga el ejemplar original, cambia la etiqueta de su pieza estrella. Lejos de ser una mala noticia para la institución, los investigadores subrayan que el museo puede presumir ahora de conservar el nautilo de tejido blando más antiguo del mundo, algo muy codiciado entre los especialistas en cefalópodos.

Para los paleontólogos, el caso de Pohlsepia es un ejemplo claro de cómo la ciencia se corrige a sí misma cuando aparecen nuevas pruebas. Lo que durante años se aceptó como una verdad bien establecida puede revisarse por completo si se aplican técnicas modernas de análisis y se reexaminan los fósiles con una mirada fresca.

En Europa, donde existe una larga tradición de estudios sobre cefálopodos fósiles y yacimientos marinos del Mesozoico, este tipo de hallazgos tiene un impacto directo. Las nuevas dataciones y reinterpretaciones ayudan a contextualizar mejor los fósiles europeos y a encajar sus cronologías dentro de un marco global más ajustado.

En definitiva, la historia de este fósil de Mazon Creek muestra hasta qué punto una combinación de tecnología de vanguardia, análisis minucioso y revisión crítica puede darle la vuelta a una idea que parecía consolidada: el “pulpo más antiguo del mundo” nunca fue tal, pero su verdadera identidad como nautiloide fósil ofrece una pieza clave para entender mejor el origen y la evolución tanto de los pulpos como de sus curiosos parientes con concha.