
Los ríos de la Comunidad de Madrid están cambiando de habitantes. Y no precisamente para bien, según la Plataforma Ecologista Madrileña. La organización advierte de que el 45% de las especies de peces presentes en la región son ya alóctonas o foráneas, una presión creciente que, asegura, está desplazando a las especies autóctonas y alterando el equilibrio de los ecosistemas acuáticos.
La fotografía que dibuja la plataforma es contundente: casi una de cada dos especies de peces en la región procede de fuera. Los muestreos oficiales revelan estaciones de control sin rastro de especies autóctonas, mientras que los tramos libres de invasoras son marginales. Ni siquiera los tramos trucheros, los mejor conservados, se libran de esta amenaza.
Un problema que ya domina buena parte de los ríos
Detrás de muchas introducciones aparece la actividad humana: antiguas sueltas para pesca deportiva, uso como cebo vivo, liberación de acuarios o movimientos recreativos. El lucio, por ejemplo, fue liberado en 1949 por el antiguo ICONA con ejemplares de Francia para fomentar la pesca. El black bass, originario del sureste de Estados Unidos, llegó a principios de los años 50 con el mismo fin. El siluro, en cambio, fue introducido ilegalmente en 1974 por pescadores alemanes en el Ebro y ya ha sido detectado en el Jarama. También hay especies como la gambusia, traída en 1921 para combatir la malaria en el Guadalquivir, o la percasol, procedente de acuarios.
El siluro actúa como un gran depredador y puede alimentarse de peces y aves acuáticas. La gambusia compite por el alimento y altera la cadena trófica. Otras especies transmiten enfermedades y parásitos o se hibridan con las autóctonas. Uno de los casos más preocupantes es el de la trucha común, por el riesgo de pérdida de poblaciones mejor adaptadas a los ríos de la región. La boga, muy extendida a finales del siglo pasado, ha quedado reducida a pequeñas poblaciones en el Lozoya, el alto Jarama y el Alberche. Los barbos comizo y las tencas han desaparecido prácticamente de los cauces madrileños.
La carpa, la gran invasora de Madrid
Si hay una especie que simboliza este problema es la carpa común (Cyprinus carpio). Según la plataforma, es la especie exótica invasora más extendida de los ríos y embalses de la región. Está presente en lagunas, tramos medios y bajos, y también en masas de agua declaradas trucheras, como los embalses de Pinilla, Atazar, Miraflores de la Sierra o Navacerrada. Su impacto va mucho más allá de la competencia con otros peces. Al buscar alimento, remueve el fondo y aumenta la turbidez del agua, reduciendo la entrada de luz y dificultando el desarrollo de plantas acuáticas. También arranca vegetación que sirve de refugio y zona de reproducción para peces pequeños, anfibios e invertebrados. Además, el movimiento de sedimentos libera nutrientes como fósforo y nitrógeno, lo que puede favorecer procesos de eutrofización y empeorar la calidad del agua.
El foco sobre la trucha arcoíris
La trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss) ocupa un lugar destacado en las críticas de los ecologistas. La plataforma sostiene que su presencia ha contribuido al retroceso de la trucha autóctona en la cuenca del río Cofio y asegura que en 2024 se soltaron 2.775 kilos de ejemplares en los ríos Cofio y Lozoya. La especie está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aunque la normativa contempla excepciones para determinados cotos intensivos de antigua existencia. Además, puede actuar como vector del parásito Myxobolus cerebralis, causante de la «enfermedad del torneo» en otros salmónidos.
No todas las amenazas son grandes depredadores. El pez chino o gobio asiático (Pseudorasbora parva), detectado en la cuenca del Manzanares, mide apenas unos centímetros, pero su capacidad de reproducción es muy elevada. Puede duplicar su población en quince meses, depreda sobre huevas y alevines y puede transportar un parásito capaz de afectar a otros ciprínidos. La organización también alerta de la presencia de lucioperca en los embalses de San Juan y Valmayor.
Los ecologistas acusan a la Comunidad de falta de estrategia
La Plataforma Ecologista Madrileña centra buena parte de sus críticas en la Consejería de Medio Ambiente, dirigida por Carlos Novillo. Sostiene que el departamento carece de una estrategia «para enfrentar este desastre biológico» y considera insuficientes las actuaciones actuales. «La escasa intervención que realiza se limita a las actuaciones de la llamada ‘Patrulla Fauna’ que realiza anualmente la extracción de pequeñas poblaciones de EEI en ríos de poco caudal, charcas y lagunas», ha señalado. También acusa a la Administración autonómica de haber ignorado durante años advertencias sobre la posible llegada de siluros al Jarama y cuestiona las sueltas de trucha arcoíris.
Asimismo, la plataforma critica las dificultades para acceder a los datos completos sobre el estado de los ecosistemas acuáticos. Según denuncia, la Comunidad «es la única administración autonómica que practica una opacidad persistente desde hace años, impidiendo el acceso a los informes originales de los muestreos e inventarios que se realizan». «Este ocultamiento de los datos originales es una grosera vulneración de las leyes de transparencia, que incluso se hace desafiando al Defensor del Pueblo», ha afirmado.
Un plan conjunto para recuperar los ríos
Ante esta situación, los ecologistas reclaman una actuación coordinada entre la Consejería de Medio Ambiente, el Canal de Isabel II y la Confederación Hidrográfica del Tajo. Piden planes de erradicación de especies invasoras, restauración de riberas y hábitats fluviales, campañas de información y la eliminación de barreras abandonadas que mantienen «enjaulados» algunos ríos, como el Tajuña. También reclaman a la Consejería que deje de liberar especies exóticas invasoras en los cauces. «Queremos que los ríos sean parte de ese medio ambiente sano al que tenemos derecho a disfrutar, según indica la Constitución de 1978», han concluido.
La situación es crítica, pero aún hay margen para la acción. La combinación de medidas de control, la restauración de hábitats y una gestión transparente podría frenar el avance de estas especies y recuperar parte de la biodiversidad perdida. Sin embargo, el tiempo corre en contra, y la inacción solo agravará un problema que ya es una realidad en los ríos de Madrid.
