Los océanos ocupan más del 70% de la superficie del planeta y esconden una variedad de especies marinas sencillamente alucinante. Desde microbios invisibles hasta ballenas azules que superan los 30 metros, la vida en el mar se ha ido diversificando durante miles de millones de años, moldeada por la salinidad, la presión, la oscuridad y las corrientes.
Conocer en detalle estos organismos no es solo una cuestión de curiosidad: es la base para proteger ecosistemas frágiles como arrecifes, praderas submarinas, fondos abisales o costas rocosas, y para gestionar de forma responsable la pesca, la acuicultura y el resto de actividades humanas que dependen del mar. A continuación tienes una guía extensa, ordenada por grandes grupos, que integra ejemplos concretos de especies, listados oficiales, proyectos de conservación y datos científicos clave.
La vida microscópica del océano
Buena parte de la biomasa del mar está formada por microorganismos marinos: bacterias, arqueas, virus, microalgas, protistas y microanimales tan pequeños que pasan desapercibidos a simple vista, pero sin los que el sistema colapsaría.
Se estima que alrededor del 70% de la biomasa marina corresponde a procariotas (bacterias y arqueas). Estos microbios se encuentran en casi cualquier rincón del océano: aguas superficiales, columnas de agua profundas, sedimentos, rocas por debajo del lecho marino e incluso bajo el hielo antártico.
Los virus marinos son mayoritariamente bacteriófagos que infectan bacterias y otros microbios. Al destruir esas células, liberan materia orgánica que alimenta de nuevo a algas y bacterias frescas, impulsando lo que se conoce como bomba biológica, el mecanismo por el que el carbono acaba siendo secuestrado en las profundidades oceánicas.
En el grupo de los eucariotas microscópicos destacan los protistas marinos, un cajón de sastre que incluye organismos de tipo “planta” (autótrofos fotosintéticos), “animal” (heterótrofos depredadores), “hongo” (saprotróficos) y mixótrofos que combinan estrategias. Muchos protistas forman parte del fitoplancton y zooplancton y son la base de la cadena trófica.
Junto a ellos encontramos una gran diversidad de microhongos, microalgas y microanimales marinos como rotíferos, nematodos, tardígrados o pequeños crustáceos. Hasta hace poco se pensaba que su diversidad era moderada, pero los estudios de ADN ambiental en océanos, respiraderos hidrotermales y sedimentos están revelando comunidades inmensas aún sin describir.
Plancton: motor invisible de los ecosistemas marinos
El término plancton agrupa a todos los organismos que no pueden nadar contra la corriente y se dejan arrastrar por los movimientos del agua, ya sea en mares, océanos o aguas continentales.
El fitoplancton incluye cianobacterias (antiguamente llamadas algas verdeazuladas), diatomeas, dinoflagelados, cocolitóforos, euglenoides, criptomonadas, crisofitas, clorófitas, prasinofitas y otros grupos de algas microscópicas. Juntas realizan una proporción enorme de la fotosíntesis planetaria, comparable o superior a la de todos los bosques terrestres.
El zooplancton está formado por protozoos (foraminíferos, radiolarios, dinoflagelados heterótrofos) y por animales microscópicos y macroscópicos como cnidarios gelatinosos, ctenóforos, quetognatos (gusanos flecha), pequeños moluscos, crustáceos (copépodos, kril), urocordados o larvas de numerosos invertebrados y peces.
Muchos animales de mayor tamaño, incluidos peces comerciales, ballenas filtradoras y aves marinas, dependen directa o indirectamente del plancton como fuente principal de alimento. A su vez, cambios en la composición o abundancia planctónica repercuten en toda la red trófica.
En las etapas juveniles, gran parte de los animales marinos pasa por fases planctónicas (huevos, larvas, freza o juveniles pelágicos), lo que permite su dispersión entre áreas muy alejadas geográficamente antes de asentarse en el fondo o en la costa.
Algas y plantas marinas
Las algas y las plantas del mar forman auténticos “bosques” submarinos que aportan estructura, refugio y alimento a multitud de especies. En el medio marino encontramos macroalgas verdes, pardas y rojas, así como fanerógamas marinas (plantas con flores adaptadas al agua salada).
En Canarias, por ejemplo, existe un completo listado oficial con decenas de especies de algas con nombre común y científico: desde la “lechuga de mar” (Ulva spp.), el “mujo amarillo” (Cystoseira abies-marina), las “lechuguitas de mar” (Anadyomene, Microdictyon), el “sargazo común” (Sargassum vulgare), el “fuco de sol” (Fucus spiralis) o algas rojas como el “coralito rojo” (Galaxaura rugosa) y distintos “gelidios” (Gelidium spp.).
En el Mediterráneo occidental y litoral andaluz y valenciano son emblemáticas las praderas de fanerógamas marinas como Posidonia oceanica, Cymodocea nodosa y Zostera noltii, así como Halophila decipiens en fondos arenosos. Estas praderas estabilizan el sedimento, amortiguan el oleaje, capturan CO₂ y sirven de vivero a innumerables peces e invertebrados.
En la Comunitat Valenciana se están impulsando programas específicos para reproducir y reintroducir especies clave como los erizos de mar Paracentrotus lividus y Arbacia lixula, muy ligados a las praderas y fondos rocosos, con pruebas piloto de cría en condiciones controladas y posterior seguimiento en el medio natural.
En el litoral malagueño se han catalogado más de 150 especies de algas y al menos 3 fanerógamas marinas, asociadas a unas 60 comunidades bióticas distintas, lo que da idea de la enorme riqueza florística del Mediterráneo español cuando se estudia con detalle.
Cnidarios: medusas, corales y anémonas
Los cnidarios son un filo exclusivamente acuático que abarca más de 10.000 especies de medusas, corales, anémonas e hidrozoos. Se caracterizan por sus cnidocitos, células urticantes con las que capturan presas o se defienden.
Su plan corporal básico presenta dos formas: la medusa natatoria y el pólipo sésil, ambas con simetría radial, boca rodeada de tentáculos y una sola abertura que sirve para comer y expulsar desechos. El cuerpo se organiza en dos capas de células separadas por una mesoglea gelatinosa.
En las costas españolas y canarias son muy conocidos el “tomate de mar” (Actinia equina), la “chupadera” (Anemonia sulcata), el “coral naranja” (Dendrophyllia ramea), diversas gorgonias blancas y rojas como Eunicella verrucosa y Leptogorgia spp., o la molesta “agua mala (Pelagia noctiluca)”, responsable de muchas picaduras en bañistas.
Las medusas grandes como Rhizostoma pulmo o la carabela portuguesa (Physalia physalis, técnicamente un sifonóforo colonial) pueden causar problemas de salud serios. Esta última, con sus largos tentáculos cargados de toxinas, es capaz de provocar reacciones muy graves si una persona queda enredada en ellos.
Los corales constructores, tanto cálidos como de aguas frías (Lophelia pertusa, Madrepora oculata), generan hábitats tridimensionales complejos en los que se refugian peces, crustáceos, esponjas, briozoos y multitud de invertebrados, funcionando como auténticas “ciudades submarinas”.
Esponjas, briozoos y otros invertebrados sésiles
Las esponjas (filo Porifera) son animales muy primitivos, sin tejidos verdaderos ni órganos diferenciados, que filtran grandes volúmenes de agua a través de sus poros para capturar partículas de alimento. Muchas especies forman simbiosis con microalgas o bacterias fotosintéticas.
En nuestras costas son frecuentes la “esponja de baño” (Spongia officinalis), la “esponja amarilla” (Verongia aerophoba), la “esponja cerebro” (Corallistes nolitangere), esponjas cornudas del género Axinella o la “esponja migapán” (Suberites domuncula), que suele ocupar conchas de ermitaños.
Los briozoos marinos como Myriapora truncata (el llamado “falso coral”) o Reteporella grimaldii (encaje de Venus) forman colonias ramificadas o en forma de encaje que tapizan rocas, algas y otros organismos, contribuyendo a la complejidad del hábitat.
En el Mediterráneo español abundan también las ascidias y otros tunicados, como Ascidia mentula, Halocynthia papillosa o el “clavel de mar” Clavelina lepadiformis. Aunque a simple vista parecen plantas o sacos gelatinosos, son cordados emparentados con los vertebrados.
Estos grupos sésiles son claves en comunidades como el coralígeno, cuevas sumergidas y fondos rocosos profundos, donde aportan refugio, filtran agua y fijan carbono y calcio en sus estructuras.
Equinodermos: estrellas, erizos y pepinos de mar
Los equinodermos (filo Echinodermata) son un grupo exclusivamente marino que incluye estrellas de mar, erizos, ofiuras, pepinos y crinoideos (comátulas). Los adultos suelen presentar simetría pentarradial y un esqueleto interno calcáreo.
En el litoral canario se han catalogado numerosas especies como la “estrella de capitán” (Asterina gibbosa), la “estrella canaria” (Narcissia canariensis), la “estrella picuda” (Marthasterias glacialis), la “estrella de sangre” (Henricia sanguinolenta) o erizos como la “eriza” de púas largas (Diadema antillarum), el “erizo cachero” (Arbacia lixula) o el erizo “pelón” comestible (Paracentrotus lividus).
Los pepinos de mar (holoturias) como Holothuria sanctori, H. forskali o H. tubulosa son grandes recicladores de sedimento: ingieren arena y detritos orgánicos, digieren la materia orgánica y devuelven el sustrato más oxigenado y estructurado.
Las ofiuras (Ophiothrix fragilis, Ophioderma longicauda, Ophiocomina nigra) y los erizos de corazón como Spatangus purpureus o Echinocardium cordatum también tienen un papel importante en la bioturbación y en el equilibrio de las comunidades bentónicas.
La capacidad de regeneración de extremidades y tejidos en muchas especies de estrellas y pepinos las ha convertido en modelos clásicos para la investigación en biología regenerativa y desarrollo.
Moluscos marinos y grandes listados regionales
El filo Mollusca es uno de los más diversos del mar, con miles de especies de caracoles, lapas, bivalvos, pulpos, calamares y babosas marinas. En Canarias existe un completísimo listado de nombres vernáculos catalogados por la Academia Canaria de la Lengua para más de 160 especies de “moluscos y afines”.
Entre los bivalvos destacan la “almeja verrugosa” (Venus verrucosa), el “clico común” (Acanthocardia tuberculata), el “ostrón” (Spondylus senegalensis), la “pajarita de mar” (Pteria hirundo) o el “peineta de mar” (Pinna rudis). Entre los gasterópodos abundan las “lapas” (Patella spp.), el “burgado” (Osilinus atrata), conchas ornamentales como las “porcelanas” (Erosaria spurca, Zonaria pyrum) o los peligrosos “conos” venenosos (Conus spp.).
En el grupo de los cefalópodos encontramos al pulpo común (Octopus vulgaris), el “fabiana” (Octopus macropus), calamares como Loligo vulgaris, Loligo forbesii y distintas “potas” (Illex coindetii, Todarodes sagittatus, Sthenoteuthis pteropus), así como chocos o sepias (Sepia officinalis, Sepia bertheloti).
Las babosas marinas (nudibranquios y otros opistobranquios) constituyen un capítulo aparte: especies como Hypselodoris picta webbi, Plocamopherus maderae, Peltodoris atromaculata (la famosa “vaquita suiza”) o diversas Taringa y Aldisa son habituales en guías de buceo por su espectacular colorido y formas.
Otros moluscos pelágicos como el argonauta (Argonauta argo), la “espírula” (Spirula spirula) o los caracoles flotadores del género Janthina muestran adaptaciones únicas para vivir en mar abierto, en relación estrecha con medusas, sifonóforos y masas de sargazo.
Crustáceos y otros artrópodos marinos
Los artrópodos marinos comprenden un abanico inmenso de crustáceos: cangrejos, langostas, camarones, galateas, percebes, copépodos, kril y un largo etcétera. A nivel regional, como en Canarias, se han normalizado nombres para casi un centenar de especies.
Algunos ejemplos son la “araña de marisco” (Percnon gibbesi), cangrejos ermitaños del género Dardanus y Pagurus, el “cangrejo real” (Calappa granulata), el “cangrejo topo” (Albunea carabus), la “langosta africana” (Palinurus elephas), las langostas mochas o santiaguiños (Scyllarus arctus, Scyllarides latus), el “carabinero” (Aristaeopsis edwardsiana) o camarones limpiadores (Lysmata seticaudata).
En el Mediterráneo se repiten muchos de estos taxones y se añaden otros como la “nécora” (Necora puber), el “bogavante europeo” (Homarus gammarus), cangrejos violinistas de marismas (Afruca tangeri), percebes (Pollicipes pollicipes) o bellotas de mar (Balanus, Megabalanus, Perforatus).
Muchos crustáceos mantienen relaciones simbióticas llamativas: gambitas de anémona (Thor amboinensis), camarones asociados a gorgonias, esponjas o ascidias, o pequeños cangrejos que viven dentro de mejillones y otros bivalvos, como Pinnotheres pisum.
En aguas continentales españolas también encontramos crustáceos como el cangrejo autóctono de río (Austropotamobius pallipes) o el invasor cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii), que, aunque no son marinos, aparecen en guías conjuntas de fauna acuática.
Gusanos marinos y otros invertebrados del sedimento
En los fondos marinos, especialmente arenosos y fangosos, viven numerosos gusanos anélidos poliquetos y otros grupos de gusanos que pasan bastante desapercibidos.
Ejemplos notables son el “gusano de fuego” (Hermodice carunculata), la “miñoca común” (Perinereis cultrifera), los “plumeros de mar” de los géneros Sabella y Protula, el “gusano árbol” (Lanice conchilega), el “gusano rayo” (Eurythoe complanata) o el “gusano espagueti” (Eupolymnia nebulosa), todos ellos con funciones importantes en la aireación del sedimento y el reciclado de materia orgánica.
Entre los gusanos pelágicos destacan los quetognatos o gusanos flecha (Sagitta macrocephala, Sagitta lyra, Krohnitta pacifica), depredadores transparentes que forman parte del zooplancton y sirven de alimento a peces y otros organismos.
Tampoco hay que olvidar grupos como los briozoos, los braquiópodos y los foraminíferos, muchos de los cuales contribuyen con sus conchas calcáreas a la formación de sedimentos y rocas (calizas, margas) y dejan un riquísimo registro fósil que ayuda a reconstruir la historia de los océanos.
Peces marinos: diversidad y listas locales
Los peces son el grupo de vertebrados marinos más diverso: más de 33.000 especies descritas, unas 20.000 de ellas marinas. Se dividen en peces óseos (osteíctios), cartilaginosos (condrictios) y grupos más primitivos sin mandíbulas como mixinos y lampreas. Una pregunta habitual es cuánto vive un pez.
La anatomía típica de un pez óseo incluye esqueleto de hueso, opérculo cubriendo las branquias, vejiga natatoria y un sistema de escamas que forma parte de su dermatoesqueleto. Las aletas le proporcionan impulso, estabilidad y maniobrabilidad; la mayoría posee aleta caudal homocerca y una boca terminal muy móvil, con gran precisión en la captura de presas.
En el Atlántico oriental y Canarias existe un enorme listado de 354 especies de peces marinos con nombre común normalizado: desde depredadores como el abade, el mero, el medregal, el pejerrey o las bicudas, hasta tiburones (jaquetones, quelas, janequines, tiburones zorro, tiburón ballena), rayas (chuchos, mantas, guitarras, picones, tembladeras) o curiosidades como el pejeluna (Mola mola), el pejerremo (Regalecus glesne) o el pejesable negro (Aphanopus carbo), o el pez rape.
En el Mediterráneo y litoral andaluz y valenciano se suman especies emblemáticas como la dorada (Sparus aurata), el sargo, la salema, la herrera, salmonetes, corvinas, dentones, pargos, jureles, bonitos, sierras, túnidos de gran tamaño o pequeños gobios y blénidos que habitan charcos intermareales, praderas de fanerógamas y fondos rocosos.
Entre los peces cartilaginosos destacan los tiburones y rayas. El temido tiburón blanco (Carcharodon carcharias) aparece de forma esporádica, y existen casos de ataques de tiburón, mientras que especies como el tiburón azul (Prionace glauca), los cazones, pintarrojas, negritos o galludos son más habituales. Muchos de ellos están hoy seriamente amenazados por la sobrepesca y las capturas accidentales.
Los peces sin mandíbulas, como los mixinos productores de moco o las lampreas, representan linajes antiquísimos que ayudan a entender el origen evolutivo de los vertebrados, aunque en el medio estrictamente marino su presencia es menor que en aguas profundas o de transición.
Mamíferos, tortugas y otros grandes vertebrados marinos
Más allá de los peces, el mar alberga mamíferos marinos (cetáceos, pinnípedos, sirenios) y reptiles marinos que han retornado al medio acuático desde ancestros terrestres.
Los cetáceos incluyen ballenas barbadas (rorcuales, ballena azul, yubarta) y odontocetos (cachalotes, zifios, delfines, orcas, calderones). En aguas españolas y macaronésicas están documentadas numerosas especies: cachalote (Physeter macrocephalus), rorcual común (Balaenoptera physalus), yubarta (Megaptera novaeangliae), delfín común (Delphinus delphis), delfín listado (Stenella coeruleoalba), tonina (Tursiops truncatus), falsa orca (Pseudorca crassidens), zifios de Cuvier, Blainville, Gervais, True, etc.
Entre los pinnípedos, la especie más emblemática del área ibérica es la foca monje (Monachus monachus), uno de los mamíferos marinos más amenazados del mundo, con poblaciones muy reducidas repartidas entre Mediterráneo oriental, Atlántico oriental y algunos enclaves macaronésicos.
Las tortugas marinas son reptiles adaptados al mar que solo pisan tierra para desovar. En nuestras aguas se registran al menos cuatro especies: la tortuga boba (Caretta caretta), la tortuga verde (Chelonia mydas), la tortuga carey (Eretmochelys imbricata) y la enorme tortuga laúd (Dermochelys coriacea). Sus poblaciones sufren por capturas accidentales, ingestión de plásticos, colisiones con embarcaciones y pérdida de playas de nidificación.
En la Comunitat Valenciana, por ejemplo, existe un programa de recuperación de tortugas marinas y otros vertebrados marinos afectados por la pesca, gestionado conjuntamente por la administración autonómica, la Fundación Oceanogràfic y las cofradías de pescadores. Cuando se produce un varamiento o captura accidental se activa el teléfono 112 y la red de varamientos.
También se están desarrollando proyectos específicos para caballitos de mar (Hippocampus hippocampus y H. guttulatus) y corales litorales, recogiendo ejemplares atrapados en artes de pesca, rehabilitándolos y reintroduciéndolos en ubicaciones adecuadas previamente estudiadas.
Áreas de alta biodiversidad marina en España
El litoral español es especialmente interesante porque actúa como zona de transición biogeográfica entre el Atlántico templado, el Mediterráneo y las aguas subtropicales del noroeste africano. Esto genera un mosaico de especies atlánticas, mediterráneas, tropicales y endémicas.
En la provincia de Málaga, por ejemplo, se concentra una de las mayores biodiversidades marinas de Europa: se han identificado más de 100 especies de aves marinas o acuáticas, 30 plantas litorales, 15 cetáceos, cuatro tortugas marinas, tres fanerógamas marinas, 200 peces, 500 invertebrados marinos y 150 algas. Mucho de ello ligado a ecosistemas como acantilados, marismas, sistemas dunares, coralígeno y praderas submarinas.
En Canarias se ha trabajado en la normalización de nombres comunes de algas, celentéreos, crustáceos, equinodermos, moluscos, peces, plantas marinas, tortugas y mamíferos, generando una referencia muy útil para educación ambiental, divulgación y gestión de recursos.
Estos catálogos no solo facilitan la comunicación entre científicos, pescadores y ciudadanía, sino que ayudan a detectar rápidamente cambios en las comunidades biológicas, entradas de especies invasoras, declives de especies comerciales o desaparición de organismos sensibles.
Protección legal y programas de conservación de especies marinas
La conservación de la biodiversidad marina en España se apoya en un marco legal robusto. La Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y Biodiversidad y el Real Decreto 139/2011 regulan el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y el Catálogo de Especies Amenazadas, incluyendo numerosas especies marinas.
Órdenes posteriores como la AAA/1771/2015 y la AAA/75/2012 concretan qué taxones gozan de mayor protección y cómo debe evaluarse periódicamente su estado de conservación, prohibiendo actuaciones que los perjudiquen. Entre ellos se incluyen tortugas marinas, cetáceos, focas, algunas aves marinas y diversos tiburones y rayas.
A nivel autonómico, leyes como la LEY 5/2017 de Pesca Marítima y Acuicultura de la Comunitat Valenciana fijan objetivos claros: proteger los caladeros, conservar los recursos biológicos marinos y garantizar una explotación sostenible desde el punto de vista ambiental, económico y social.
Esto se traduce en programas concretos de seguimiento, recuperación y gestión pesquera: estudios sobre la biología reproductiva del pulpo común (Octopus vulgaris) en aguas valencianas, protocolos de colaboración con pescadores para reportar avistamientos de cetáceos e interacciones con artes de pesca, o centros de recuperación de fauna marina donde se atienden tortugas, delfines y otras especies protegidas.
En paralelo, proyectos científicos como la elaboración de mapas globales del impacto humano en ecosistemas marinos y estudios sobre la caída de poblaciones de aves marinas monitorizadas ayudan a cuantificar el deterioro de los océanos y priorizar medidas de gestión.
Todo este conjunto de esfuerzos legales, científicos y de colaboración con el sector pesquero busca que esa extraordinaria diversidad de microorganismos, algas, invertebrados, peces, mamíferos y reptiles que puebla mares como el Mediterráneo, el Atlántico ibérico o las aguas canarias pueda seguir funcionando y evolucionando durante muchos siglos más, manteniendo los servicios ecosistémicos de los que, nos guste o no, dependemos de forma directa.