La acuicultura es un sector que siempre debe estar con un ojo puesto en el termómetro y otro en el agua, especialmente cuando hablamos de la cría de salmones en entornos tan delicados como los canales del sur. Al igual que sucede en las rías gallegas o en los fiordos de Noruega, la naturaleza a veces se pone de uñas y obliga a los profesionales a tener todos los sentidos alerta para evitar desastres ambientales que no solo afectan al bolsillo, sino también al equilibrio necesario de nuestros mares y océanos.
Recientemente, en la región de Aysén, se ha llevado a cabo una maniobra que ha servido para poner los puntos sobre las íes en cuanto a seguridad y reacción rápida ante imprevistos. Se trata de un ejercicio de simulación de mortalidad masiva que ha buscado engrasar la maquinaria de coordinación entre el sector público y el privado, algo vital cuando las cosas se ponen feas de verdad por causas externas que escapan al control humano directo.
Un frente común ante las floraciones de algas
El motor de esta actividad ha sido la necesidad imperiosa de evaluar cómo se comportarían los equipos humanos y técnicos ante un evento de Floración de Algas Nocivas (FAN), un fenómeno que los expertos conocen de sobra y que puede causar estragos en las poblaciones de peces en cuestión de horas. Durante la jornada, se puso a prueba la activación de protocolos de contingencia bajo una presión constante, simulando escenarios complejos donde el tiempo es oro y las decisiones operativas no pueden esperar a que pase el temporal.
Desde la dirección regional de Sernapesca Aysén, se ha dejado claro que estas instancias no son solo para rellenar informes, sino para identificar dónde se puede fallar y cómo afinar la toma de decisiones antes de que ocurra una emergencia real. Al final del día, lo que se busca es que cada pieza del puzle, desde las autoridades marítimas hasta los técnicos de los centros de cultivo, sepa exactamente qué terreno pisa y cómo actuar de forma coordinada.
El papel crucial de las empresas y la logística
En este ensayo no han faltado los pesos pesados de la industria, contando con la participación activa de empresas como AquaChile, Salmones Antártica, Blumar, Invermar y Cermaq, quienes han trabajado mano a mano con el Comité Interinstitucional de Contingencias Ambientales (CIICA). La idea central era ver cómo se las apañaban para gestionar la logística del retiro y disposición de biomasa, un reto que suele ser el talón de Aquiles de cualquier operativo cuando el volumen de peces afectados supera todas las previsiones iniciales.
No todo ha sido mover papeles; también se han contemplado riesgos para la salud pública y posibles emanaciones de sustancias peligrosas derivadas de la descomposición, factores que añaden un extra de dificultad a cualquier despliegue de este tipo. La colaboración entre el sector público y privado ha demostrado ser la única vía posible para que los protocolos de actuación no se queden en papel mojado y se traduzcan en una defensa eficaz y rápida del ecosistema marino regional frente a las amenazas naturales.
Con los resultados obtenidos sobre la mesa, el siguiente paso para las instituciones es sentarse a analizar con lupa las lecciones aprendidas para que la preparación ante futuras crisis sea cada vez más robusta y eficiente. Mantener este nivel de preparación permanente y gestión preventiva es lo que marcará la verdadera diferencia para que la acuicultura siga siendo una actividad sostenible que conviva en armonía con el entorno natural de los canales, evitando que una contingencia ambiental se convierta en una catástrofe irreversible.