Gran Acuario Mazatlán: inmersión marina, capibaras y nueva etapa educativa

  • Recorrido inmersivo que lleva del desierto al fondo marino, con corales, medusas, meros y tiburones.
  • Interacciones seguras: tocar erizos y alimentar rayas con guía de cuidadores especializados.
  • Llegada de capibaras, con enfoque educativo sobre biodiversidad y conservación.
  • Cambios por ley: sin reproducción ni contacto físico con mamíferos marinos; exhibiciones con fines didácticos.

Gran Acuario Mazatlán

Estas vacaciones, el Gran Acuario Mazatlán asoma como un plan idóneo para familias que buscan aprender y pasarlo bien sin salir de la ciudad, con una propuesta que conecta de lleno con el Mar de Cortés.

El recinto reúne más de 200 especies entre fauna marina, reptiles, moluscos e invertebrados, y plantea una visita muy visual e interactiva que permite acercarse a la vida submarina con actividades guiadas y explicaciones de su equipo científico.

Exploración interactiva y educativa

Desde el área de Comunicación y Ciencia, Alejandro Ruiz explica que el recorrido está diseñado como un edificio que «emerge» del agua: se inicia en el desierto, continúa por la franja costera y termina en el fondo marino, donde aparecen corales, peces de vivos colores, meros imponentes y tiburones; antes de volver a “la superficie”, los visitantes cruzan una zona de medusas que es todo un espectáculo.

Acuario Mazatlán recorrido

Entre las paradas favoritas está el contacto con erizos de mar, siempre con supervisión. Visitantes como Luis Alberto Camarillo, de Saltillo, cuentan que el respeto y las indicaciones de los cuidadores aseguran una experiencia segura y enriquecedora.

Otra actividad que gusta mucho es la alimentación de rayas. El cuidador Erick Carrillo enseña a interactuar de forma correcta para que los animales no se estresen; las rayas, recuerda, son inofensivas cuando la dinámica está bien guiada.

La visitante Zanja Canales reconoce que iba con nervios y acabó soltándose: describe la sensación como una succión suave mientras les ofrecía porciones de pescado y camarón, una vivencia que se queda en la memoria.

Capibaras: nuevos inquilinos con mensaje de conservación

Los capibaras —o carpinchos— se han incorporado al acuario como embajadores de la biodiversidad. Son el roedor más grande del mundo, originarios de Sudamérica, de hábitos semiacuáticos, capaces de permanecer sumergidos varios minutos y con patas parcialmente palmeadas que facilitan la natación.

Viven en grupos, son animales sociales y tranquilos, y siguen una dieta estrictamente herbívora basada en pastos y vegetación acuática. Familias y peques se sorprenden con su carácter sosegado; visitantes como Andrea Sánchez celebran la variedad de especies que pueden observarse en un mismo recorrido.

Para muchos niños, como Ikar Matías (10 años), lo más llamativo es su hocico: esa peculiar trompa les ayuda a olfatear y a manejar con precisión el alimento, un detalle anatómico que despierta curiosidad.

Quienes solo los habían visto en imágenes, como Alonso Santana (de Guaymas, Sonora), agradecen poder observarlos de cerca y en calma: la exposición permite comprender mejor su comportamiento y su relevancia ecológica.

Exhibiciones, actividades y marco legal

Más allá de los tanques principales, hay espacios ideales para la foto con medusas, además de zonas dedicadas a pingüinos y lobos marinos. También se ofrecen experiencias para públicos diversos, como snorkel y nado con tiburones, siempre bajo protocolos de seguridad y con guía especializada.

El Gran Acuario Mazatlán mantiene desde hace unos 20 años un programa de conservación y protección de lobos marinos, ajustado a la Ley General de Vida Silvestre. Su director ejecutivo, Rafael Lizárraga Favela, remarca que el enfoque de las exhibiciones es educativo y de bienestar animal, tanto para ejemplares en cuidado permanente como para animales rescatados.

Tras las reformas aprobadas por la Cámara de Diputados a los artículos 47 Bis 4, 60 Bis, 122 y 127 de la Ley General de Vida Silvestre, publicadas en el Diario Oficial de la Federación el 17 de julio, queda prohibido el aprovechamiento extractivo de mamíferos marinos, salvo para investigación con fines de protección y conservación.

En la práctica, esto se traduce en evitar la reproducción en cautiverio y en eliminar el contacto físico directo tanto de visitantes como de cuidadores con los mamíferos marinos; se mantienen, eso sí, rutinas de ejercicio y enriquecimiento para favorecer su salud y comportamiento natural.

La presencia de capibaras y otras especies se aprovecha para reforzar la educación ambiental, abordando amenazas reales a los ecosistemas (expansión urbana, contaminación o caza). Los capibaras hoy están catalogados por la UICN como de Preocupación Menor, pero su entorno necesita protección activa.

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