Hallado un asombroso cementerio de peces que aclara el origen de la fauna marina actual

  • Un equipo de paleontología localiza más de 500 ejemplares de peces en un yacimiento egipcio de enorme valor histórico.
  • El hallazgo revela detalles inéditos sobre cómo se recuperó la biodiversidad oceánica tras el impacto del asteroide que acabó con los dinosaurios.
  • Se confirma que gran parte de los linajes modernos, como los antepasados de atunes y caballas, ya estaban presentes hace millones de años.
  • El yacimiento de Qreiya 3 se posiciona como el más rico en diversidad de su periodo, superando a otros puntos clave en México o Suecia.

Fósiles de peces antiguos encontrados en el desierto

Desde que aquel descomunal asteroide decidió chocar contra lo que hoy conocemos como la península de Yucatán, la historia de nuestro planeta dio un giro de 180 grados. Aquel impacto no solo mandó al traste el reinado de los dinosaurios, sino que borró del mapa a tres cuartas partes de las especies existentes en aquel entonces. Aunque tenemos bastante claro cómo se las apañaron las plantas y los animales terrestres para salir adelante en los siglos posteriores, lo que ocurría en las profundidades de los océanos seguía siendo un misterio con bastantes lagunas por rellenar.

Sin embargo, el desierto de Egipto ha decidido soltar prenda y desvelar uno de los secretos mejor guardados de la evolución marina. Un equipo de investigadores ha sacado a la luz lo que podríamos llamar un auténtico acuario congelado en el tiempo, repleto de restos que nos cuentan cómo fue el renacer de la vida bajo el agua. Este descubrimiento no es un hallazgo cualquiera, ya que nos da una visión privilegiada de un momento en el que el mundo intentaba volver a la normalidad tras una de las mayores catástrofes de su historia.

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Un tesoro arqueológico bajo el calor de la arena

Las excavaciones llevadas a cabo en el yacimiento conocido como Qreiya 3, lideradas por expertos de la Universidad de Mansoura, han dado unos frutos espectaculares durante las campañas de trabajo más recientes. Se han identificado más de 500 ejemplares de peces que pertenecen a una etapa posterior al gran cataclismo, concretamente al periodo Daniense. Es una noticia de gran calado, porque hasta ahora los registros que teníamos de esa época eran más bien escasos y no permitían ver la película completa de la evolución.

Lo que hace que este lugar sea tan especial es su abrumadora diversidad. Para que nos hagamos una idea, los restos encontrados en Egipto superan en riqueza a otros yacimientos de renombre mundial situados en Suecia o México. Estamos hablando de al menos 21 grupos taxonómicos distintos que se han conservado de maravilla, lo que permite a los científicos estudiar con lupa cómo se reorganizaron las comunidades marinas cuando los grandes depredadores de la era anterior desaparecieron del mapa.

Los antepasados de lo que hoy vemos en la pescadería

Resulta curioso comprobar que, aunque hayan pasado millones de años, muchos de los peces que nadaban por aquellas aguas nos resultarían bastante familiares. El estudio publicado en la revista Science Advances destaca que una gran mayoría de los individuos analizados son percomorfos. Este grupo es el antecesor de especies tan comunes en nuestras costas y mercados como las caballas, los jureles o los atunes, que son fundamentales para la gastronomía y la economía en España y en toda Europa.

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El hecho de encontrar esqueletos tan antiguos de estos linajes demuestra que los peces modernos no tardaron tanto en colonizar los mares tras la extinción masiva. Es fascinante pensar que, mientras la Tierra aún se recuperaba del golpe del asteroide, ya pululaban por el océano los parientes lejanos de los peces espada, los congrios y hasta los curiosos peces pipa. Parece que la naturaleza tenía mucha prisa por poner en marcha el diseño biológico que tanto éxito ha tenido hasta nuestros días.

El fin de los gigantes del Cretácico

Pero no todo fueron nuevas oportunidades en este nuevo orden mundial submarino. El yacimiento de Qreiya 3 también confirma el adiós definitivo de especies que fueron las auténticas amas del cotarro durante el Cretácico. En las muestras analizadas no hay ni rastro de los pachycormidos, aquellos peces óseos gigantescos que podían llegar a medir lo mismo que un autobús, ni de otros temibles depredadores con mandíbulas de pesadilla que no superaron el corte de la selección natural tras el impacto.

Esta ausencia de los antiguos linajes refuerza la teoría de que el cambio ambiental fue tan drástico que solo los grupos más versátiles consiguieron adaptarse. Los restos hallados en Egipto funcionan como una fotografía fija de un relevo generacional a escala global, donde los supervivientes aprovecharon los huecos libres para diversificarse y dar lugar a la inmensa variedad de vida que disfrutamos hoy en día en nuestros arrecifes y marismas.

Esta investigación supone un espaldarazo definitivo para entender la cronología de nuestros mares, confirmando que la estructura de la fauna marina actual se empezó a cocinar mucho antes de lo que algunos pensaban. Los datos extraídos de este rincón del desierto egipcio nos permiten conectar los puntos entre el mundo de los dinosaurios y los océanos que hoy surcan nuestros barcos, dejando claro que la resiliencia de la vida es capaz de superar incluso el peor de los escenarios posibles.

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