El fondo marino del Pacífico sur vuelve a sorprender a la comunidad científica con la descripción oficial de una nueva especie de pulpo de aguas profundas, localizada frente a la isla Mocha, en la zona centro-sur de Chile. El hallazgo se enmarca en una serie de investigaciones realizadas en áreas donde se registran filtraciones de metano, ambientes poco conocidos que concentran una alta biodiversidad marina.
Esta nueva especie, perteneciente al género Graneledone y a la familia Megaleledonidae, un grupo de pulpos de aguas profundas, ha sido bautizada como Graneledone sellanesi en reconocimiento a la trayectoria del académico chileno Javier Sellanes. Su identificación formal culmina un proceso de estudio que se prolonga durante años y pone de relieve hasta qué punto el océano profundo sigue siendo un territorio prácticamente inexplorado, con paralelismos claros respecto a otros fondos marinos del Atlántico y del Mediterráneo europeo.
Un crucero científico que cambió la visión sobre el fondo marino
El origen de este descubrimiento se remonta a un crucero de investigación oceanográfica realizado en 2007 en aguas cercanas a la isla Mocha, en la Región del Biobío, muy próxima también a la Región de La Araucanía. La expedición tenía un objetivo preciso: localizar zonas del fondo marino con filtraciones de gas metano, estructuras naturales que generan hábitats singulares y especialmente ricos en fauna.
Durante estas prospecciones, los científicos detectaron la presencia de un pulpo de aspecto singular, asociado a estas filtraciones, en un entorno de aguas profundas y frías. Se trataba de un ejemplar perteneciente a un grupo de cefalópodos adaptados a condiciones extremas, similares a las que se encuentran en sectores abisales de otros océanos, incluidos puntos concretos del Atlántico norte o de cuencas profundas en el entorno europeo.
El ejemplar que despertó todas las sospechas fue recolectado por el Dr. Javier Sellanes, investigador de la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad Católica del Norte (UCN), quien lideraba en aquel momento el trabajo orientado a caracterizar estos ecosistemas asociados al metano. Ese primer individuo pasó a formar parte de las colecciones científicas como posible especie no descrita.
Además del ejemplar de isla Mocha, los investigadores lograron acceder a otros individuos capturados de forma incidental por pesquerías de aguas profundas, principalmente dedicadas a crustáceos y austromerluza en la costa centro-sur chilena. Este material adicional resultó clave para confirmar que no se trataba de una simple variación local de una especie ya conocida, sino de un taxón distinto.
Los primeros análisis morfológicos pusieron de manifiesto características anatómicas diferenciadas, lo que abrió la puerta a una investigación comparativa a mayor escala con otras especies del mismo género descritas en el hemisferio sur y con parientes lejanos presentes en otros océanos.

Un pulpo de tamaño mediano, antiguo linaje y aguas heladas
Según se detalla en la publicación científica que oficializa la especie, Graneledone sellanesi es un pulpo de tamaño mediano, con una longitud total que se sitúa aproximadamente entre 52 y 81 centímetros. Estas dimensiones lo colocan en un rango intermedio dentro de los cefalópodos de aguas profundas, lejos de los grandes calamares y de especies mayores como el pulpo gigante, pero claramente por encima de los pequeños pulpos costeros más familiares para el público general.
Este nuevo pulpo forma parte de un linaje cuyos registros fósiles familiares se remontan a unos 15 millones de años en el océano Antártico. Se trata, por tanto, de un grupo antiguo, bien establecido en aguas frías del hemisferio sur, que ha ido diversificándose en distintos hábitats de profundidad. La presencia de este representante frente a la costa chilena ayuda a completar el puzzle evolutivo de los pulpos de aguas frías y profundas a escala global.
La familia Megaleledonidae, a la que pertenece la nueva especie, engloba pulpos adaptados a ambientes de gran presión, baja temperatura y escasa luz. Estos animales suelen presentar ritmos de vida más lentos, estrategias reproductivas específicas y una fisiología ajustada a entornos donde los recursos alimenticios pueden ser irregulares.
Los especialistas que lideraron la descripción, los biólogos Cristian Ibáñez Carvajal y María Cecilia Pardo Gandarillas, de la Universidad Andrés Bello, destacan que este tipo de cefalópodos son extremadamente raros y solo se han documentado en contadas localidades del planeta. Cada nuevo hallazgo aporta datos valiosos para entender cómo se distribuyen estos organismos y qué papel desempeñan en la dinámica de los ecosistemas profundos.
En términos de conservación, el hecho de que se trate de especies poco abundantes y muy localizadas plantea interrogantes sobre su vulnerabilidad frente a actividades humanas como la pesca de fondo o la explotación de recursos en el lecho marino y la contaminación marina, una preocupación compartida también por las investigaciones europeas en áreas del Atlántico nordeste y el Mediterráneo profundo.
El nombre Graneledone sellanesi y el reconocimiento a una trayectoria
La elección del nombre Graneledone sellanesi responde a una práctica habitual en zoología: dedicar nuevas especies a personas que han realizado aportaciones relevantes al conocimiento científico. En este caso, el homenaje recae en el Dr. Javier Sellanes López, académico de la UCN, que ha participado en la descripción de más de 25 especies nuevas de moluscos.
El propio investigador ha explicado que, en el ámbito taxonómico, no está bien visto que quien describe una especie se la dedique a sí mismo. Lo más frecuente es que el nombre haga referencia a la localidad donde se encontró el organismo, a un rasgo morfológico distintivo o a una persona que haya contribuido de forma significativa al campo de estudio. Por ello, que sean los colegas quienes propongan el apellido de Sellanes para esta nueva especie se interpreta como un gesto de respeto y reconocimiento.
En declaraciones recogidas por la universidad, Sellanes admite que recibir este tipo de dedicatoria supone un honor considerable y un estímulo para seguir trabajando en el mar profundo. A lo largo de su carrera, ha estado vinculado a numerosos proyectos centrados en montes submarinos, filtraciones de metano y otros hábitats singulares, todos ellos lugares donde la biodiversidad sigue siendo en gran parte desconocida.
El académico subraya que estos enclaves funcionan como reservorios de vida aún mal catalogada, y que detrás de cada campaña oceanográfica pueden aparecer especies inesperadas, del mismo modo que en Europa han ido apareciendo nuevas especies y registros en taludes continentales, cañones submarinos y fuentes hidrotermales profundas.
Este tipo de reconocimientos también pone de relieve el papel de las colecciones biológicas, en las que se conservan los ejemplares de referencia utilizados para la descripción de nuevas especies. En el caso de Graneledone sellanesi, buena parte del trabajo posterior se ha desarrollado en la Sala de Colecciones Biológicas de la UCN, un espacio equivalente a los principales museos de historia natural europeos, donde se custodian muestras clave para futuras investigaciones.

Ciencia lenta y exigente: cómo se valida una nueva especie
El camino desde la recogida de un ejemplar hasta su reconocimiento formal como nueva especie suele ser largo y minucioso. En el caso de este pulpo, transcurrieron varios años entre la campaña de 2007 y la publicación que oficializa el nombre Graneledone sellanesi, un plazo que no resulta inusual en taxonomía marina.
El procedimiento requiere comparar de forma detallada la morfología externa e interna del organismo con la de especies emparentadas, revisar descripciones previas, analizar material de colecciones históricas e incluso aplicar, cuando es posible, técnicas genéticas. Solo cuando se descarta con seguridad que coincida con cualquier especie ya descrita se plantea proponer un nombre nuevo.
En este caso, los biólogos Cristian Ibáñez y María Cecilia Pardo llevaron a cabo un estudio comparativo exhaustivo con otras especies de Graneledone registradas en distintos puntos del océano Antártico y del Pacífico sur. El análisis concluyó que las diferencias observadas justificaban su consideración como especie distinta, lo que permitió elaborar la diagnosis oficial y la designación del holotipo, es decir, el ejemplar de referencia.
Este tipo de trabajos se asemeja a los que llevan a cabo diversos grupos europeos dedicados a la taxonomía de fauna profunda en el Atlántico y el Mediterráneo, donde también se están combinando métodos clásicos basados en la morfología con herramientas moleculares. El objetivo común es afinar el inventario de especies y detectar linajes ocultos que pasan desapercibidos a simple vista.
La validación de una nueva especie no solo tiene importancia académica. Aporta datos esenciales para la gestión de la biodiversidad marina, ya que permite identificar áreas de alto valor ecológico y evaluar el posible impacto de actividades humanas. Conocer qué especies habitan un determinado fondo marino es un paso imprescindible antes de plantear medidas de conservación o de regulación de usos, algo que cobra relevancia tanto en el Pacífico sur como en mares europeos sometidos a una fuerte presión pesquera.
Montes submarinos, metano y biodiversidad oculta
El hallazgo de Graneledone sellanesi está íntimamente ligado a la exploración de montes submarinos y zonas de filtración de metano, dos tipos de hábitat que se repiten en numerosos océanos y que comparten rasgos con entornos estudiados en Europa, como chimeneas hidrotermales o filtraciones frías en el Atlántico nordeste.
Las filtraciones de gas metano en el fondo marino crean microhábitats ricos en nutrientes, capaces de sostener comunidades muy especializadas de invertebrados y otros organismos. Estos enclaves funcionan como islas biológicas en medio de vastas extensiones de sedimentos pobres, de manera similar a lo que ocurre en el Mediterráneo con ciertos manantiales profundos o en cañones submarinos donde se acumula materia orgánica.
Según ha señalado el propio Sellanes, el océano profundo y los montes submarinos continúan siendo territorios ampliamente desconocidos, donde cada campaña científica puede aportar sorpresas. El descubrimiento de esta especie de pulpo se suma a una lista creciente de organismos descritos en las últimas décadas, lo que sugiere que aún queda una parte sustancial de la biodiversidad marina por documentar.
La experiencia acumulada en el Pacífico sur resulta especialmente relevante para otras regiones, incluidas las aguas europeas, donde también se analiza el impacto de la pesca de arrastre profunda y de posibles proyectos de explotación de recursos minerales o energéticos en el lecho marino. Conocer qué especies habitan esas zonas permite anticipar riesgos y valorar qué áreas requieren una protección más estricta.
Instituciones como la UCN y la Universidad Andrés Bello, al igual que numerosos centros de investigación europeos, están apostando por enfoques interdisciplinarios que integran geología, biología, oceanografía y conservación. La descripción de nuevas especies se entiende hoy como una pieza más en un puzle mayor, que incluye la evaluación del estado de los ecosistemas y la propuesta de estrategias de gestión sostenible.
Todo este trabajo se apoya en la existencia de colecciones biológicas bien estructuradas, donde se almacenan muestras de referencia de distintos grupos marinos. Estos repositorios funcionan como bibliotecas de la vida, tanto en Chile como en países europeos, y constituyen una herramienta indispensable para cotejar nuevos hallazgos y revisar identificaciones antiguas.
El caso de Graneledone sellanesi ilustra hasta qué punto la investigación paciente y acumulativa puede cambiar la forma en que entendemos los fondos marinos. Unos pocos ejemplares capturados durante una campaña específica han permitido identificar un linaje distinto, reforzar la relevancia de un área concreta del Pacífico sur y sumar argumentos a favor de la exploración responsable de los montes submarinos y las zonas de filtración.
Este descubrimiento de un pulpo de aguas profundas frente a isla Mocha, respaldado por años de análisis y por la colaboración entre distintas instituciones, confirma que el océano guarda todavía una gran cantidad de secretos biológicos. La nueva especie Graneledone sellanesi se convierte así en un símbolo del potencial que encierra la investigación marina: ayuda a completar la historia evolutiva de los pulpos de aguas frías, refuerza el valor científico de los hábitats ligados al metano y subraya la necesidad de seguir invirtiendo en campañas y colecciones que permitan, también en Europa y en otros mares, poner nombre a la vida que aún no conocemos.
