Las instalaciones de Loro Parque en Tenerife han vuelto a colocarse en el foco de la biología marina internacional tras alcanzar un logro científico que muy pocos han conseguido hasta la fecha. Resulta que el equipo de expertos del centro ha sido capaz de reproducir con éxito al pez navaja, una especie de lo más curiosa que suele dar bastantes quebraderos de cabeza a los acuaristas debido a sus exigentes cuidados.
Con este avance, el centro canario se mete de lleno en el exclusivo club de las tres únicas instituciones en todo el planeta que han sido capaces de criar a este animal bajo supervisión humana. No es moco de pavo, ya que estamos hablando de una especie con unas necesidades muy específicas en cuanto a su hábitat y alimentación, lo que hace que su cría sea un reto mayúsculo.
Un logro científico de relevancia global

El trabajo realizado en el archipiélago canario supone un paso de gigante para el conocimiento de la fauna marina de los arrecifes. Tras un proceso meticuloso, se han obtenido un total de 18 ejemplares juveniles que ahora mismo se encuentran en una zona de cuarentena, recibiendo mimos y una vigilancia constante por parte de los veterinarios para asegurar que sigan creciendo con salud.
Este pez, que es pariente cercano de los caballitos de mar, tiene una forma de nadar que deja a cualquiera con la boca abierta, ya que lo hace siempre en posición vertical. Esta técnica no es por capricho, sino que le sirve para camuflarse entre los erizos de mar de púas largas y así pasar totalmente desapercibido ante posibles depredadores en su entorno natural.
Morfología y comportamiento del Aeoliscus strigatus

Físicamente, el pez navaja es digno de mención por su cuerpo extremadamente comprimido y fino, con tonalidades verde oliva y un vientre plateado que reluce bajo la luz. Una de sus señas de identidad más claras es la línea negra que le recorre todo el flanco de forma longitudinal, dándole ese aspecto afilado que le otorga su nombre popular.
En las profundidades del océano Índico o el mar Rojo, estos animales demuestran ser muy sociales y gregarios. Según los responsables del acuario, entender que necesitan vivir en grupo para sentirse seguros ha sido una de las piezas del puzle fundamentales para cerrar con éxito su ciclo reproductivo fuera del mar, algo que requiere muchísima observación y paciencia.
Superando el bache de la fase larvaria

Lo más difícil de todo este proceso ha sido, sin duda alguna, conseguir que las larvas salieran adelante durante sus primeros días de vida. Es lo que los expertos llaman el auténtico cuello de botella biológico de la especie, porque requiere un control absoluto de la calidad del agua y una dieta milimétrica para que los pequeños ejemplares sobrevivan.
El responsable del acuario, Yeray Martín, ha reconocido abiertamente que este éxito era un sueño que perseguían desde hacía años. Para ver hoy a esos juveniles de unos dos centímetros nadando por el tanque, han tenido que recrear con una precisión casi obsesiva las condiciones de los arrecifes de coral, demostrando que la investigación científica es la mejor herramienta para la conservación.
La llegada de estos nuevos integrantes a la familia de Loro Parque abre una puerta de esperanza para la biodiversidad marina en un momento en el que los océanos sufren grandes presiones ambientales. Gracias a este esfuerzo de investigación realizado en España, ahora contamos con datos valiosísimos para proteger a unas criaturas que habitan en entornos naturales cada vez más castigados por el cambio climático y la pérdida de hábitat.
