Investigan el origen de las ranas deformes en Sierra Morelos

  • Población de ranas en Sierra Morelos presenta malformaciones recurrentes en extremidades y coloración
  • Los investigadores aplican la técnica de Ensayo Cometa para evaluar posibles daños en el ADN
  • Se estudian dos especies de anfibios afectadas dentro del parque estatal
  • Las hipótesis apuntan a contaminación ambiental, radiación o mutaciones genéticas

Ranas deformes en Sierra Morelos

En el Parque Estatal Sierra Morelos, al norte de Toluca, un grupo de investigadores lleva meses siguiendo la pista a un fenómeno que ha encendido todas las alarmas: la aparición recurrente de ranas con malformaciones evidentes. Lo que comenzó como una observación aislada durante un muestreo de campo terminó destapando una situación que, poco a poco, se ha ido confirmando como un problema que afecta a varias especies de anfibios dentro de este espacio natural protegido.

Las ranas afectadas presentan patas ausentes o deformadas, dedos fusionados y cambios llamativos en la pigmentación. Ante estos hallazgos, el equipo científico ha trasladado el trabajo al laboratorio para averiguar si, además de las anomalías visibles, existe también daño en el ADN de los animales y si detrás de todo ello puede haber contaminación ambiental, radiación o algún proceso de mutación que se esté extendiendo en las poblaciones locales.

Una población entera de ranas con anomalías físicas

La investigación se centra principalmente en la especie Dryophytes eximius, conocida como rana arborícola de montaña, que habita en bosques y zonas húmedas del parque. Durante los recorridos de campo realizados entre 2024 y 2026, los investigadores comenzaron a detectar cada vez más individuos con deformidades, hasta confirmar que no se trataba de un caso puntual, sino de una población donde los ejemplares con anomalías aparecen de forma reiterada.

Según los datos recopilados en diferentes salidas de campo, se han identificado entre 12 y 15 ranas arborícolas con algún tipo de malformación, una cifra modesta en términos absolutos, pero inusual para una población aparentemente sana en un área protegida. Los expertos insisten en que, aunque la frecuencia aún no se considera catastrófica, sí resulta lo bastante anómala como para justificar un seguimiento exhaustivo y un análisis genético detallado.

Las alteraciones físicas observadas incluyen ausencia parcial o total de extremidades, rigidez en las patas, dedos acortados o faltantes y distintos grados de pigmentación anómala. Algunas ranas muestran problemas de movilidad, especialmente al saltar, lo que podría reducir sus posibilidades de alimentarse, huir de depredadores o reproducirse con normalidad, afectando a largo plazo a la estabilidad de la población.

El primer ejemplar con deformidades fue registrado en 2024 por la estudiante de Biología Ambiental Liliana Gutiérrez, de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Lerma. En un principio se pensó que podía tratarse de una rareza individual, pero los siguientes muestreos fueron revelando nuevos casos hasta confirmar que el fenómeno estaba presente de manera recurrente en la zona.

Los investigadores han detectado estos casos tanto en ejemplares juveniles como en adultos, lo que sugiere que las causas podrían estar actuando de forma continuada sobre la población y no únicamente en una generación concreta. Este patrón refuerza la idea de que podría haber un factor ambiental o genético que persiste en el tiempo y que justifica profundizar en el estudio.

Ranas deformes en Sierra Morelos detalle

Dos especies afectadas dentro del mismo ecosistema

Aunque el trabajo de campo y laboratorio se centra sobre todo en Dryophytes eximius, las anomalías no se limitan a esta especie. Durante los recorridos por Sierra Morelos también se han localizado varios ejemplares de Lithobates montezumae, conocida popularmente como rana de Moctezuma o rana leopardo de Moctezuma, que presentan deformidades similares.

En esta segunda especie, los investigadores han identificado al menos tres individuos con anomalías dentro del parque. De momento, estos casos se han documentado principalmente mediante observación visual, pero su mera presencia en otra especie distinta apunta a que el problema podría no ser exclusivo de una única población ni de un solo linaje genético.

El hecho de que las alteraciones se registren en más de una especie que comparte hábitat y recursos aumenta la preocupación de los especialistas, que plantean la hipótesis de que pueda estar ocurriendo algo en el entorno —ya sea en el agua, el suelo o el aire— que esté afectando de forma más general a la fauna anfibia del lugar.

Los anfibios, recuerdan los científicos, son considerados bioindicadores ambientales de primer orden. Su piel delicada y permeable, su ciclo de vida ligado tanto al medio acuático como al terrestre y su sensibilidad a cambios en la calidad del agua y del suelo los convierten en un termómetro muy fino de la salud de los ecosistemas. Cuando empiezan a aparecer malformaciones de forma recurrente, suele ser una señal de que algo en el entorno no va del todo bien.

En este contexto, los expertos subrayan que todavía es pronto para determinar si las deformidades vistas en Sierra Morelos responden a un fenómeno local y acotado o si, por el contrario, podrían ser la punta del iceberg de un problema más amplio que afecte a otras zonas húmedas del Estado de México o incluso de regiones vecinas.

Análisis del ADN con Ensayo Cometa

Para ir más allá de las fotografías y las observaciones de campo, el equipo ha puesto en marcha un estudio genético basado en la técnica conocida como Ensayo Cometa, que se está aplicando a las ranas desde agosto de 2026. Este procedimiento permite evaluar el estado del ADN en células sanguíneas y detectar si existe daño genotóxico, es decir, alteraciones en el material genético.

El protocolo consiste en obtener pequeñas muestras de sangre directamente en el lugar de muestreo, sin necesidad de trasladar a los animales al laboratorio. Posteriormente, esas muestras se procesan en condiciones controladas para observar si las cadenas de ADN permanecen compactas o si, por el contrario, aparecen fragmentadas, formando una especie de «cola» cuando se someten a un campo eléctrico, lo que recuerda a la silueta de un cometa.

El objetivo principal del estudio es comparar el ADN de ranas con anomalías con el de ejemplares aparentemente sanos que viven en la misma zona. Si se detectan diferencias significativas en el grado de daño genético entre unos y otros, se reforzaría la idea de que las malformaciones visibles son sólo una parte de un problema más profundo que también afecta al interior del organismo.

Según han explicado los responsables de la investigación, el Ensayo Cometa es una herramienta útil para detectar la huella de agentes contaminantes o de radiación sobre el material genético. Aunque por sí solo no identifica qué sustancia o factor concreto está provocando el daño, sí permite saber si las células han sufrido agresiones que podrían relacionarse con determinados tipos de contaminantes presentes en el ambiente.

Los trabajos de laboratorio se han planificado para prolongarse durante varios meses, con la intención de obtener un número suficiente de muestras tanto de individuos deformes como de ranas sin signos externos de anomalías. De esta forma, los investigadores confían en poder extraer conclusiones más sólidas sobre la existencia o no de un patrón de daño genético asociado a las deformidades.

Posibles causas: contaminación, radiación o mutaciones

Por ahora, las causas que podrían estar detrás de las ranas deformes en Sierra Morelos siguen siendo hipótesis en fase de estudio. Entre las líneas de investigación abiertas se encuentran la posible contaminación de cuerpos de agua y suelos por metales pesados, pesticidas u otros compuestos químicos, así como la exposición a niveles elevados de radiación ultravioleta o la presencia de mutaciones que se estén propagando dentro de las poblaciones.

La hipótesis de la contaminación cobra fuerza al tratarse de un parque rodeado por zonas urbanas y áreas con actividad agrícola, donde el uso de productos fitosanitarios y otras sustancias podría llegar, por escorrentía o filtraciones, a los charcos, arroyos y humedales donde se desarrollan los anfibios. En muchos estudios realizados en otras regiones, la presencia de determinados plaguicidas se ha relacionado con malformaciones en ranas y otros organismos acuáticos.

Otra posibilidad considerada es que las anomalías estén vinculadas a la radiación ultravioleta, especialmente en etapas sensibles del desarrollo como la fase de renacuajo. Cambios en la cobertura vegetal, variaciones climáticas o alteraciones en la calidad del agua podrían amplificar los efectos de la radiación sobre los embriones y juveniles, generando daños en el ADN que acaben manifestándose en forma de malformaciones físicas.

No se descarta tampoco que estemos ante mutaciones genéticas que se estén fijando y replicando dentro de la población. En este escenario, un evento inicial —causado o no por agentes externos— podría haber dado lugar a individuos portadores de alteraciones hereditarias, que con el tiempo se extenderían en la población si no suponen una desventaja letal inmediata.

Los investigadores insisten, en cualquier caso, en que aún es pronto para señalar un único responsable. Harán falta análisis complementarios de agua, suelo y posiblemente tejidos, además de la comparación genética entre distintos individuos y especies, para poder acercarse a una explicación más completa de lo que está ocurriendo en este ecosistema protegido.

Un aviso sobre la salud del ecosistema

Más allá del impacto sobre las propias ranas, el fenómeno observado en Sierra Morelos se interpreta como un posible aviso sobre el estado del medio ambiente en la zona. Al ser tan sensibles a los cambios en su entorno, los anfibios suelen ser de los primeros grupos de fauna en mostrar señales de alarma cuando algo se desajusta en el ecosistema.

Si las anomalías detectadas en estas ranas se relacionan finalmente con contaminantes químicos, radiación o alteraciones ambientales persistentes, el problema no se limitaría a unas pocas decenas de individuos deformes. Podría implicar riesgos para otras especies de fauna y flora que comparten hábitat, e incluso para las personas que viven o realizan actividades en las inmediaciones del parque.

Por ahora, los expertos subrayan que la frecuencia de ranas con malformaciones no se considera aún un escenario de emergencia, pero sí lo suficientemente inusual como para mantener un seguimiento cercano. El trabajo de campo continuará en los próximos meses, con nuevos muestreos destinados a identificar más ejemplares afectados y a comprobar si la proporción de individuos con anomalías aumenta, disminuye o se mantiene estable.

La investigación se prolongará, al menos, durante medio año más, según estiman sus responsables. En ese tiempo se espera no sólo obtener resultados del Ensayo Cometa y de otros análisis, sino también perfilar mejor las posibles conexiones entre las deformidades detectadas y los factores ambientales presentes en Sierra Morelos.

Este caso, que ha despertado la curiosidad y la preocupación de la comunidad científica y de la ciudadanía local, se suma a otros episodios documentados en diferentes regiones, donde la aparición de ranas con malformaciones recurrentes ha servido como llamada de atención sobre la influencia humana en los ecosistemas y la necesidad de vigilar de cerca la calidad del entorno.

A medida que avancen los estudios en Sierra Morelos, los resultados podrían aportar pistas valiosas para comprender mejor cómo interactúan la contaminación, la radiación y las mutaciones genéticas en poblaciones de anfibios que viven en áreas protegidas pero sometidas a presiones externas. Lo que hoy son incógnitas y sospechas podría convertirse en una base sólida para tomar decisiones de conservación, mejorar el control de sustancias potencialmente peligrosas y reforzar la protección de unos ecosistemas que, como muestran estas ranas deformes, no son inmunes a los cambios que se producen a su alrededor.


Añadir como fuente preferida en Google