La acidificación oceánica reduce el cerebro de los calamares a la mitad

  • La exposición a niveles de CO2 previstos para el año 2100 reduce el volumen cerebral de los calamares en aproximadamente un 50%.
  • Las regiones del cerebro encargadas de procesar la información visual son las más perjudicadas, con disminuciones de hasta el 62%.
  • Esta reducción cerebral se traduce en una caída drástica de los comportamientos de caza, que puede llegar al 65% en exposiciones agudas.
  • Los científicos apuntan a limitaciones energéticas o daños oxidativos como posibles causas del encogimiento neuronal.

Calamar de arrecife de aleta grande en el océano

Un equipo de investigadores de la Universidad de Acadia (Canadá) ha presentado en la conferencia de la Sociedad de Biología Experimental celebrada en Florencia (Italia) los resultados de un estudio que revela un impacto alarmante de la acidificación de los océanos en los cefalópodos. Según los datos preliminares, los calamares criados en aguas con niveles de CO2 similares a los previstos para finales de siglo sufren una reducción de su volumen cerebral de hasta el 50%, lo que afecta directamente a su capacidad para cazar y sobrevivir.

El trabajo, liderado por el doctor Garett Allen, se centró en el calamar de arrecife de aleta grande (Sepioteuthis lessoniana), una especie considerada uno de los invertebrados más inteligentes del planeta, con una cantidad de neuronas comparable a la de un perro. La acidificación oceánica, provocada por el aumento de CO2 atmosférico, ya se sabía perjudicial para muchas especies marinas, pero este hallazgo descubre un efecto neurológico hasta ahora desconocido que podría poner en jaque a toda la subclase Coleoidea, que incluye también a pulpos y sepias.

Así se llevó a cabo el experimento

Para simular las condiciones futuras, los científicos montaron dos tanques de agua paralelos: uno con el pH actual de los océanos (8,2) y otro con un pH de 7,8, que es el esperado para el año 2100 según los escenarios climáticos más pesimistas. Los calamares recién eclosionados se criaron en estos tanques durante 90 días, y después se extrajeron sus cabezas para analizarlas mediante resonancia magnética de difusión (dMRI).

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Al comparar las imágenes, el equipo se llevó una sorpresa mayúscula. “Enseguida me di cuenta de que sus cerebros eran la mitad de grandes y tuve que revisar el diagnóstico del software”, confesó Allen. La reducción media del volumen cerebral fue del 49% en los ejemplares expuestos a mayor CO2, y no se observó ningún cambio significativo en el tamaño corporal total, lo que descarta que el encogimiento se deba a una menor complexión general.

Cerebro de calamar visto mediante resonancia magnética

Las zonas visuales, las más castigadas

El análisis detallado reveló que las áreas más afectadas son las encargadas de procesar la información visual. Los lóbulos ópticos se redujeron un 52% y los tractos ópticos un 62% en comparación con los calamares del grupo de control. Dado que estos animales dependen casi por completo de la vista para localizar y capturar a sus presas, la consecuencia es inmediata: su comportamiento de caza se desploma.

De hecho, el estudio se suma a una investigación anterior del mismo equipo que ya había documentado una reducción del 65% en los comportamientos de caza tras solo siete días de exposición aguda a altos niveles de CO2, y del 42% tras una exposición crónica de 90 días desde la eclosión. Allen cree que la pérdida de agudeza visual no se debe a un daño en la retina, que parece intacta, sino al encogimiento del lóbulo óptico, que dificulta la interpretación de las imágenes.

Posibles causas y consecuencias futuras

Los investigadores aún no tienen una explicación definitiva para este fenómeno, pero barajan dos hipótesis principales. Por un lado, las limitaciones energéticas dentro del cerebro podrían impedir el correcto funcionamiento de las neuronas; por otro, el estrés oxidativo provocado por el exceso de CO2 podría dañar las células nerviosas. En cualquier caso, el resultado es que el cerebro no logra transmitir la información de manera adecuada, lo que deriva en un comportamiento alimentario anómalo.

Estos hallazgos suponen una llamada de atención sobre el futuro de los cefalópodos, un grupo clave en las cadenas tróficas marinas. Si la acidificación oceánica sigue avanzando al ritmo actual, especies tan inteligentes como los calamares podrían ver mermadas sus capacidades cognitivas y de supervivencia, con efectos en cascada sobre todo el ecosistema. El equipo de Allen continuará investigando para determinar si otros invertebrados marinos sufren daños similares y si existe algún margen de adaptación.


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