
Las aguas del Parque Nacional de Cabrera y de la montaña submarina de Emile Baudot esconden un secreto preocupante: la presencia de tiburones y rayas es mucho menor de lo esperado. Un equipo cientÃfico de Shark Med y la Fundació Save the Med ha rastreado durante dos años el ADN ambiental de estas zonas y los resultados no invitan al optimismo. De las 80 muestras analizadas, solo han aparecido rastros de 13 especies, y ninguna de ellas es un gran tiburón.
El estudio, desarrollado a lo largo de 2024 y 2025, forma parte de un proyecto más amplio financiado por la Unión Europea a través de los fondos Next Generation. Los investigadores Eric Clua y Gabriel Morey presentaron los datos, que confirman la ausencia de especies como el marrajo, el marrajo sardinero, el tiburón blanco o los tiburones martillo. Para la comunidad cientÃfica, esto supone un claro indicador de la extrema escasez de estos depredadores en el Mediterráneo.
Una técnica revolucionaria para detectar vida marina

La metodologÃa empleada se basa en el análisis de ADN ambiental (eDNA). Los animales dejan constantemente restos microscópicos de piel, escamas o fluidos en el agua, y al recoger muestras es posible identificar a qué especie pertenecen sin necesidad de capturarlas. Esta técnica, que ya se ha convertido en una herramienta clave para la biologÃa marina, permite detectar especies muy poco abundantes o difÃciles de observar con métodos tradicionales.
Sin embargo, el ADN ambiental también tiene limitaciones: se degrada rápidamente y solo indica la presencia reciente de los animales en la zona muestreada. Para maximizar su eficacia, el equipo utilizó un robot capaz de filtrar el agua in situ y a distintas profundidades. Las campañas se repitieron periódicamente en doce puntos estratégicos, y aunque las condiciones meteorológicas en Emile Baudot fueron adversas, se obtuvieron alrededor de 80 muestras válidas.
Resultados: pocas especies y ausencia de grandes tiburones

Los análisis revelaron una diversidad extremadamente reducida. Solo se identificaron cinco especies de tiburones: la pintarroja (Scyliorhinus canicula), la tintorera (Prionace glauca), la musola (Mustelus mustelus), la cañabota gris (Hexanchus griseus) y el tiburón zorro (Alopias vulpinus). En cuanto a las rayas, aparecieron ocho especies, entre las que destacan la pastinaca, el águila marina, la raya de San Pedro o la manta.
Las especies más frecuentes fueron la pastinaca, presente en 21 muestras, y la pintarroja, en 17. La mayor diversidad se concentró en la zona entre Cabrera y Mallorca, mientras que en Emile Baudot se detectaron algunas especies valiosas como el tiburón zorro, un hallazgo que refuerza el interés de esta montaña submarina como área de conservación. Pero lo más llamativo fue la total ausencia de rastros genéticos de grandes tiburones como el marrajo dientuso, el marrajo sardinero, el tiburón blanco y los tiburones martillo.
La importancia de Emile Baudot y futuras campañas

El Banco de Emile Baudot, una montaña submarina situada al sur de Baleares, se ha revelado como un punto crÃtico. Sus caracterÃsticas naturales lo convierten en un hábitat potencialmente idóneo para especies de mar abierto, pero los datos muestran una escasez preocupante. Los investigadores insisten en que la ausencia de tiburones en esta zona es un sÃntoma del deterioro ecológico del Mediterráneo y subrayan la urgencia de aplicar medidas de protección estrictas.
El estudio concluye que la diversidad y la abundancia general de elasmobranquios en la zona es baja, y sus autores reclaman una mayor atención para estos depredadores, impulsando la conservación de tiburones en España. Además, Shark Med y Save the Med ya están planificando nuevas campañas que combinarán el ADN ambiental con cámaras submarinas (BRUVs) e inmersiones cientÃficas. El objetivo es ampliar el conocimiento sobre la ecologÃa de estos animales y, con un poco de suerte, detectar próximamente la presencia de grandes tiburones, lo que supondrÃa un indicador positivo de recuperación del ecosistema marino.
Por ahora, los resultados sirven como una llamada de atención. La desaparición de estos depredadores tendrÃa consecuencias imprevisibles para el equilibrio de las cadenas alimentarias marinas. Los cientÃficos mantienen la esperanza de que las medidas de conservación den frutos y que en un futuro no muy lejano las aguas de Cabrera vuelvan a albergar a estos gigantes del océano.