Parecía que el Mar Menor ya tenía suficientes frentes abiertos, pero ahora la ciencia nos pone sobre la mesa una realidad bastante cruda que afecta directamente a su fauna. Un reciente estudio liderado por el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) ha puesto el foco en el cangrejo azul, una especie que se ha expandido con fuerza en la zona, y los resultados no dejan lugar a dudas sobre el estado de salud de este ecosistema.
Resulta que no se ha librado ni uno solo de los ejemplares analizados en la investigación, lo que nos da una pista muy clara de cómo está el patio en cuanto a la contaminación por plásticos. Esta investigación, que ha visto la luz en la revista especializada Regional Studies in Marine Science, confirma que estos residuos han pasado a formar parte del organismo de los crustáceos de forma integral, afectando a la totalidad de la población estudiada.
Impacto en el tejido muscular y el consumo humano
Lo más peliagudo del asunto es que los investigadores no solo han hallado estas partículas en el sistema digestivo, como podría ser habitual, sino también en el tejido muscular del animal. Este detalle no es moco de pavo, ya que esa es precisamente la parte que se destina al consumo humano. La aparición de fibras y fragmentos plásticos en la carne del cangrejo pone en entredicho la calidad comercial del producto y abre un debate necesario sobre los riesgos potenciales para las personas al ingerir estos contaminantes.
Esta circunstancia sugiere que los microplásticos no están de paso por el cuerpo del cangrejo, sino que consiguen alojarse en las partes que finalmente llegan a la mesa. Los científicos advierten que esta situación podría convertirse en una vía directa de exposición para los consumidores, lo que obliga a mirar con lupa la evolución de la pesca en estas aguas tan castigadas por la presión humana.
El papel del molino gástrico en la degradación de plásticos
El estudio destaca una curiosidad biológica que, en este contexto, juega bastante en nuestra contra: el denominado molino gástrico del cangrejo. Esta estructura interna, diseñada de forma natural para triturar el alimento y facilitar la digestión, está haciendo pedazos los fragmentos de plástico más grandes que el animal ingiere. Al procesarlos, genera microplásticos todavía más pequeños, lo que facilita que estas partículas migren del aparato digestivo a otros tejidos del cuerpo.
Este proceso de fragmentación interna complica mucho las cosas, ya que convierte residuos visibles en partículas microscópicas mucho más difíciles de rastrear y eliminar. Los expertos del IEO señalan que esta capacidad de triturar materiales sintéticos es uno de los factores que explica por qué el cangrejo azul presenta una acumulación tan elevada de contaminantes en comparación con otras especies menos activas en su alimentación.
Un bioindicador clave para el Mediterráneo
Lucía Viñas, investigadora del Centro Oceanográfico de Vigo y responsable del trabajo, ha señalado que esta especie es ideal para monitorizar la salud ambiental de nuestras costas. Al ser un animal omnívoro y vivir estrechamente vinculado a los sedimentos, que es donde se deposita la mayor parte de la basura marina, el cangrejo azul funciona como un termómetro perfecto de la presión humana en el ecosistema. Su amplia distribución por todo el litoral mediterráneo facilita enormemente las tareas de seguimiento.
La presencia total de residuos sintéticos en estos crustáceos subraya la urgencia de tomar medidas más contundentes para proteger la biodiversidad de la laguna murciana. Disponer de un sistema de vigilancia constante basado en esta especie permitirá a los científicos entender mejor cómo se mueven los plásticos por la cadena alimentaria y ayudará a diseñar planes más eficaces para mitigar el impacto de los residuos en los recursos pesqueros a largo plazo.
