La ‘bola de la muerte’: la esponja carnívora que intriga a la ciencia

  • La Chondrocladia sp. nov., apodada “bola de la muerte”, es una esponja carnívora esférica con microganchos.
  • Fue observada a 3.601 metros cerca de la isla Montagu (Islas Sandwich del Sur) usando el ROV SuBastian del R/V Falkor (too).
  • El hallazgo se enmarca en Ocean Census (Nippon Foundation–Nekton y Schmidt Ocean Institute), con 30 nuevas especies ya confirmadas.
  • El análisis combina morfología y código de barras de ADN, con menos del 30% de muestras evaluadas por ahora.

Esponja carnívora bola de la muerte

En las frías profundidades del Océano Austral ha aparecido una criatura que parece de otro mundo: una esponja esférica capaz de cazar. Este singular organismo pertenece al género Chondrocladia y ha recibido el apodo de “bola de la muerte” por su forma y estrategia depredadora, una rareza dentro de las esponjas de mar. En lugar de filtrar agua pasivamente, utiliza microganchos para inmovilizar presas diminutas.

El hallazgo se produjo durante una serie de inmersiones científicas en torno a las Islas Sandwich del Sur, un remoto territorio británico en el Atlántico sur cercano a la Antártida. Allí, a 3.601 metros de profundidad y al este de la isla Montagu, los equipos de Ocean Census documentaron por primera vez este sorprendente ejemplar con ayuda de vehículos operados remotamente.

Qué es la ‘bola de la muerte’ y cómo caza

Detalle de esponja carnívora de aguas profundas

La “bola de la muerte” pertenece a la familia Cladorhizidae, que reúne exclusivamente . Este nuevo miembro, identificado provisionalmente como Chondrocladia sp. nov., presenta un cuerpo esférico del que parten brazos adornados con estructuras globulares. La superficie de estos orbes está recubierta de espículas a modo de ganchos microscópicos, perfectos para atrapar pequeños isópodos, anfípodos y otros crustáceos del fondo.

Cuando una presa roza estos apéndices, queda atrapada por los microganchos y es trasladada a zonas de digestión del propio tejido de la esponja. Este mecanismo convierte a la especie en un depredador inmóvil, eficaz en un entorno donde la energía es escasa y desplazarse resulta muy costoso.

Aunque el comportamiento carnívoro de algunas Cladorhizidae se conoce desde los años noventa, su morfología sigue sorprendiendo. En esta especie, las terminaciones esféricas recuerdan a otras “esponjas con orbes” del mismo género, pero el patrón de ganchos y la disposición de los brazos apuntan a una adaptación finísima a la caza en condiciones de gran profundidad.

Dónde se halló y quién está detrás de la expedición

Exploración con ROV en el Océano Austral

La observación tuvo lugar en el punto de inmersión Trench North, al este de Montagu, en la fosa de las Sandwich del Sur. El equipo navegó a bordo del buque de investigación R/V Falkor (too) del Schmidt Ocean Institute y empleó el ROV SuBastian para registrar vídeo en alta definición, cartografiar el fondo y recoger datos en cráteres volcánicos y hábitats abisales próximos. La región forma parte de un archipiélago remoto que, pese a su vínculo con Europa por su estatus británico, apenas había sido muestreado.

El proyecto se integra en Ocean Census, una iniciativa global de The Nippon Foundation y Nekton (Reino Unido), en colaboración con el Schmidt Ocean Institute. Gracias a esta red internacional y a herramientas como el mapeo preciso del lecho marino y la imagen HD, fue posible localizar y documentar organismos nunca antes vistos por ojos humanos.

Desde abril de 2023, la campaña ha acumulado miles de imágenes y horas de vídeo de respiraderos hidrotermales, conos volcánicos y comunidades de aguas frías. Además de la esponja carnívora, el mismo equipo obtuvo las primeras imágenes verificadas de un calamar colosal juvenil, un hito para la biología de grandes cefalópodos.

Por qué este hallazgo es importante

Biodiversidad de aguas profundas en el Océano Austral

La “bola de la muerte” es una pieza más de un rompecabezas mayor: en estas expediciones se han confirmado al menos 30 especies nuevas para la ciencia. En total se han recolectado cerca de 2.000 especímenes pertenecientes a 14 grandes grupos animales, lo que da una idea del caudal de biodiversidad que permanece sin describir en el Océano Austral.

Los ejemplares con rasgos potencialmente inéditos se remiten al Taller de Descubrimiento de Especies del Océano Austral (SSI), una colaboración entre un consorcio internacional de taxónomos y la Universidad de Magallanes en Punta Arenas (Chile). Allí se combinan análisis morfológicos con técnicas genéticas, incluido el código de barras de ADN, para determinar si una muestra corresponde a una especie nueva o a una fase larvaria de taxones ya conocidos.

Los responsables subrayan que la validación avanza con celeridad, pero con rigor. De hecho, menos del 30% de las muestras totales ha sido analizado y ya se han confirmado decenas de novedades taxonómicas. Para la comunidad científica europea y global, esto refuerza la idea de que el Océano Austral sigue infraestudiado y que acelerar su conocimiento es clave para entender ecosistemas fríos y profundos.

Parientes y comparaciones dentro de las esponjas carnívoras

Parientes de la esponja carnívora en Cladorhizidae

La familia Cladorhizidae ha ofrecido ya diseños que parecen salidos de la ciencia ficción. La llamada “esponja arpa” (Chondrocladia lyra) extiende brazos que evocan las cuerdas de un instrumento, y la “árbol de ping-pong” (Chondrocladia lampadiglobus) muestra terminaciones globulares recubiertas de espículas. La nueva “bola de la muerte” comparte el uso de orbes ganchudos, pero destaca por su aspecto esférico dominante y por la disposición de sus apéndices pensada para maximizar el contacto con presas errantes.

Estas convergencias morfológicas apuntan a una presión selectiva común: en la oscuridad abisal, capturar alimento sin desplazarse es ventajoso. El resultado es un abanico de formas que, aunque diferentes a simple vista, comparten la misma lógica: convertir la superficie corporal en trampa.

Entre avances tecnológicos, cooperación internacional y nuevas técnicas de identificación genética, la ciencia comienza a asomarse a un territorio que hasta hace poco era pura incógnita. La “bola de la muerte” se ha convertido en el símbolo de ese esfuerzo: un pequeño depredador que, desde un rincón remoto del Atlántico sur, está ayudando a reescribir lo que sabemos sobre la vida en las profundidades.

Relaciones mutualistas de las esponjas de mar
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