
La nueva campaña de pesca de anguila en las rías de Vigo y Arousa ya tiene luz verde oficial para este año, con un calendario muy definido y un paquete de restricciones que busca equilibrar la actividad económica de la flota con la protección de una especie en declive. El sector podrá volver a llevar a las lonjas gallegas un producto muy apreciado, aunque solo por un tiempo limitado y bajo una normativa cada vez más estricta.
El Diario Oficial de Galicia ha publicado las autorizaciones de los planes específicos para estas dos rías, en un contexto marcado por el debate sobre el futuro de la anguila en Europa y en España. Mientras se discute su posible catalogación como especie en peligro de extinción, las cofradías de Vigo y Arousa se preparan para una campaña de seis meses en la que cada detalle del esfuerzo pesquero está cuidadosamente regulado.
Fechas, duración y flota autorizada en Vigo y Arousa
El período autorizado para la pesca profesional de anguila en Vigo y Arousa será el mismo en ambas rías: desde el 1 de abril hasta el 30 de septiembre de 2026. Este margen de seis meses se ajusta al marco europeo, que obliga a mantener un mínimo de veda anual con el objetivo de permitir que una parte significativa de la población de anguilas complete su migración hacia las zonas de reproducción en el Atlántico.
Solo podrán participar en la campaña aquellas embarcaciones que ya tengan inscrita en su permiso de explotación la licencia específica para el uso de nasa butrón o nasa dirigida a la anguila. No se trata, por tanto, de una apertura generalizada para toda la flota, sino de un acceso limitado a barcos que ya vienen operando en esta pesquería y cumplen los requisitos técnicos exigidos.
La norma también exige que los tripulantes figuren correctamente enrolados en la embarcación en la que realicen la faena y que permanezcan a bordo durante el desarrollo de la actividad. De este modo se refuerza el control sobre quién participa realmente en la pesquería y se evita la rotación irregular de personal entre barcos.
Un elemento clave del plan autonómico de gestión es la limitación del esfuerzo mediante el tope de 80 nasas por barco. Independientemente de la zona concreta de trabajo o de la ría en la que operen, ninguna embarcación está autorizada a superar ese número máximo de artes, lo que contribuye a contener el volumen potencial de capturas.
En paralelo a estos planes para Vigo y Arousa, el sector recuerda que la campaña se complementa con la apertura estacional en otras rías gallegas, como la de Ferrol, donde la normativa prevé un período específico entre el 1 de junio y el 30 de septiembre. El conjunto de estas aperturas busca compatibilizar la actividad económica con los compromisos de conservación fijados por la Unión Europea.
Horarios de trabajo y veda de fin de semana
Además de las fechas de apertura y cierre, la regulación introduce un control muy detallado de los horarios de trabajo de las artes. En el caso de las nasas para anguila, solo pueden utilizarse durante el día, mientras que las nasas butrón tienen autorización tanto para su uso diurno como nocturno, siempre dentro de las jornadas permitidas.
Sin embargo, hay una condición muy clara que afecta a todo el fin de semana: a partir de las 12.00 horas del sábado queda prohibido calar nasas o mantenerlas en el mar, y las embarcaciones deberán permanecer en puerto hasta las 12.00 horas del lunes siguiente. Este parón obligatorio introduce una ventana fija de descanso para la especie y facilita el control y la vigilancia de la pesquería.
La combinación de limitación de artes, control de horarios y veda de fin de semana responde a la lógica de reducir el esfuerzo global de pesca sobre una población de anguila que lleva años en el punto de mira de las autoridades ambientales europeas. Este tipo de medidas se suman a los vetos totales aplicados en otros contextos, como la angula (las crías), cuya captura está fuertemente restringida en distintos países.
En la práctica, los patrones y marineros deberán planificar sus mareas con bastante precisión, ajustando el calado y la recogida de las nasas al horario permitido. Este margen de maniobra más estrecho añade cierta complejidad operativa, pero según la Administración es necesario para garantizar el cumplimiento de los objetivos de conservación marcados en el plan de gestión gallego de la especie.
Zonas autorizadas en la ría de Vigo
En lo que respecta a la ría de Vigo, la Xunta fija dos ámbitos espaciales diferenciados, con un cambio de zona a mitad de la campaña. La idea es ordenar el esfuerzo y adaptarlo a las características ambientales de cada área, así como a la dinámica de la especie en su tránsito entre aguas continentales y marinas.
Entre el 1 de abril y el 28 de junio, las embarcaciones podrán faenar dentro del área comprendida entre la línea de referencia de Punta do Cabo y Punta do Pereiro y la línea de limitación de aguas continentales que va de Punta Muxeira a Punta Ulló. Se trata, en la práctica, de un tramo bien definido que conecta la zona más interior con la frontera administrativa entre aguas interiores y exteriores.
A partir del 30 de junio y hasta el final de la campaña, el 30 de septiembre, la norma desplaza el esfuerzo hacia otra área: la totalidad de la ensenada de San Simón pasa a ser la segunda zona autorizada de trabajo. Este pequeño estuario interior, muy influido por los aportes fluviales, es un entorno especialmente relevante para diferentes fases del ciclo vital de la anguila.
La fijación de estas zonas tiene un doble objetivo: por un lado, reducir la presión pesquera en áreas sensibles en momentos concretos del año; por otro, facilitar la labor de seguimiento y control de la Administración, que puede concentrar inspecciones y monitorización en espacios bien delimitados. Todo ello se engloba en el esquema general del plan de gestión autonómico, diseñado para cumplir con los compromisos del Reglamento europeo sobre la anguila.
Pesca en la ría de Arousa: toda la ría, pero con límites claros
En la ría de Arousa, el enfoque espacial es algo diferente. La normativa permite la pesca de anguila en la totalidad de la ría, siempre y cuando se realice dentro de las áreas previamente autorizadas por la Administración. No hay, por tanto, un doble esquema de zonas como en Vigo, sino un marco algo más amplio pero igualmente acotado.
Las cofradías de Arousa deberán respetar las mismas condiciones de esfuerzo y artes que en Vigo: máximo de 80 nasas por barco, uso diurno de las nasas para anguila, posibilidad de empleo de nasas butrón también de noche y la misma veda de fin de semana. Este patrón homogéneo de normas facilita que la flota que opera en ambas rías trabaje bajo criterios similares.
Esta ría, una de las más productivas de Galicia, concentra un volumen importante de actividad pesquera y marisquera durante todo el año. La inclusión de la anguila en los planes específicos refuerza la idea de gestionar cada recurso con medidas adaptadas a su situación, evitando trasvases de esfuerzo excesivos desde otras pesquerías cuando estas sufren mayores restricciones.
El papel de las cofradías resulta clave en la aplicación práctica de estas normas, tanto en la comunicación a los armadores como en la coordinación con la inspección pesquera. Las organizaciones de base suelen ser, además, las primeras en detectar posibles problemas de sobreexplotación o cambios en la abundancia del recurso, lo que permite ajustar los planes en campañas futuras.
Medidas de protección: tallas mínimas, artes señalizadas y devolución de anguilas plateadas
Junto con las limitaciones de tiempo y espacio, el plan autonómico concreta un conjunto de medidas de protección muy específicas orientadas a reducir tanto la mortalidad directa como la asociada a capturas accidentales. La filosofía de fondo es que cada marea debe ajustarse a unos estándares de selectividad y cuidado de la especie.
Una de las obligaciones más destacadas es la prohibición de que las nasas butrón queden en seco. Mantener estos artes expuestos fuera del agua puede incrementar la mortalidad de las capturas no deseadas, por lo que la norma busca limitar este tipo de situaciones y preservar tanto la anguila como otras especies que puedan entrar en las nasas.
Además, todos los artes deberán estar señalizados mediante una boya, lo que facilita su identificación, el control del número de nasas en el agua y la localización en caso de pérdida. Esta señalización también ayuda a minimizar conflictos con otras actividades, como la navegación recreativa o el marisqueo, que podrían verse afectados por artes sin marcar.
En cuanto a las capturas, las especies deberán encontrarse en su época autorizada de extracción y respetar la talla mínima establecida, lo que en el caso de la anguila implica no comercializar ejemplares por debajo de los 20 centímetros. Esta talla mínima pretende garantizar que una parte de las anguilas haya tenido oportunidad de crecer antes de ser capturada.
Uno de los puntos más sensibles del plan es la obligación de que los marineros eviten la captura de anguilas plateadas, fase en la que el pez se prepara para iniciar su migración reproductora hacia el mar de los Sargazos. Todas las anguilas plateadas que puedan entrar en las nasas deberán ser devueltas al mar, con el objetivo de asegurar que al menos una fracción significativa de la población alcance las zonas de desove.
Contexto europeo, mercado y presión sobre la especie
Las estrictas condiciones aplicadas en Vigo y Arousa se enmarcan en una estrategia europea más amplia para tratar de recuperar la población de anguila, que lleva décadas en retroceso. La normativa comunitaria establece periodos mínimos de veda y objetivos concretos, como lograr que un porcentaje relevante de los ejemplares que han crecido en los ríos pueda regresar al océano para reproducirse.
En Galicia, la gestión autonómica intenta compatibilizar esos requisitos con la realidad del sector. El año pasado, alrededor de noventa embarcaciones pudieron capturar anguila en tres rías gallegas, y se subastaron en torno a 38.000 kilos, con especial protagonismo de las lonjas de Arcade y Carril, donde se concentra buena parte de la primera venta.
Los precios reflejan el carácter de producto relativamente escaso: en la campaña anterior la media rondó los 16 euros por kilo en primera venta, y en el inicio del nuevo período las cotizaciones se sitúan en el entorno de los 15,5 euros en Carril y llegan a los 20 euros en Arcade. Estas cifras ponen de manifiesto el valor comercial de la anguila gallega, pero también la presión que puede ejercer el mercado sobre un recurso limitado.
De fondo permanece la obligación de que las medidas autonómicas se ajusten al objetivo comunitario de permitir que, con una alta probabilidad, al menos un 40 % de los ejemplares que han crecido en los ríos inicien el viaje de vuelta al Atlántico. Este umbral, fijado en la normativa europea, actúa como referencia para el diseño de los planes regionales de gestión.
El equilibrio entre el interés económico de las cofradías y la conservación de la especie se ha vuelto cada vez más delicado. Cualquier relajación en los controles puede tener efectos a medio plazo sobre la abundancia de la anguila, mientras que una restricción excesiva sin alternativas claras genera tensiones sostenidas en el tejido económico ligado a esta pesquería.
Un debate político abierto sobre su posible catalogación como especie en peligro
La regulación de la campaña en Vigo y Arousa llega en pleno debate político y técnico sobre el estatus de la anguila en España. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha planteado su inclusión en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, con el máximo grado de protección, lo que podría implicar vetos de mayor alcance a la pesca.
La propuesta ministerial perseguía reconocer la situación crítica de la especie, alineándose con las advertencias de científicos y organismos internacionales que llevan tiempo alertando de la caída de las poblaciones europeas de anguila. Sin embargo, en la reunión de febrero, la iniciativa no obtuvo el respaldo suficiente de las comunidades autónomas, que expresaron reservas sobre el impacto socioeconómico de una protección tan estricta.
En Galicia, el debate tuvo un capítulo propio en el Parlamento autonómico. A finales de marzo, la comisión de pesca aprobó una proposición, con los votos del PP y la abstención de la oposición, para «paralizar» cualquier intento de catalogar a la anguila con el máximo nivel de protección a escala estatal mientras no se evalúen de forma objetiva los resultados de los planes de gestión autonómicos ya en marcha.
El mensaje que lanza la Cámara gallega es que, antes de dar un paso tan drástico como declarar a la anguila en peligro de extinción en el listado estatal, conviene analizar el efecto real de las medidas ya aplicadas por las autonomías. Es decir, comprobar si las vedas, las restricciones de artes y las limitaciones de esfuerzo están siendo suficientes para frenar el declive o si, por el contrario, haría falta un giro más contundente.
Mientras tanto, el grupo de trabajo creado en el seno del Comité de Flora y Fauna Silvestres a nivel estatal para estudiar en profundidad la situación de la anguila sigue sin ofrecer demasiadas pistas públicas sobre sus avances. Entre sus tareas figura valorar posibles medidas adicionales de conservación, incluido un eventual veto a la pesca, así como analizar la eficacia de los distintos planes regionales existentes.
La campaña que ahora se abre en Vigo y Arousa se desarrolla, por tanto, bajo la sombra de un posible endurecimiento futuro de las restricciones. Muchos en el sector perciben este período de seis meses como una especie de prueba de fuego: de su desarrollo y de los datos que se obtengan podría depender en parte el rumbo que adopten las autoridades en los próximos años.
La situación actual deja a la vista un panorama complejo, en el que la pesca de anguila en las rías de Vigo y Arousa continúa siendo una actividad regulada y permitida, pero fuertemente condicionada por objetivos de conservación europeos y por un debate político todavía abierto sobre su nivel de protección. Las estrictas normas recién publicadas en el Diario Oficial de Galicia marcan el día a día de la flota y, al mismo tiempo, se convierten en uno de los principales argumentos de la Xunta para defender que la gestión autonómica puede ser compatible con la supervivencia de la especie.
