La contaminación por mercurio sigue siendo una de las amenazas ambientales más silenciosas y persistentes. Recientes investigaciones han puesto el foco en cómo la degradación de ecosistemas costeros puede liberar este metal acumulado durante décadas, mientras que en otras partes del mundo la exposición directa afecta a comunidades enteras, desde escolares en Perú hasta poblaciones indígenas en Bolivia. Los datos revelan que el mercurio no solo permanece en el medio ambiente, sino que vuelve a circular cuando se alteran los ecosistemas que lo retienen.
Un equipo internacional en el que participa el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), en Girona, ha publicado un estudio en la revista Earth-Science Reviews que analiza el papel de manglares, marismas y praderas marinas como sumideros de mercurio. Estos ecosistemas, conocidos como de carbono azul, acumulan anualmente unas 16 toneladas de mercurio en sus sedimentos, pero cuando se degradan o desaparecen, pueden liberar hasta 26 toneladas cada año. La investigación señala que actividades como el dragado, la pesca de arrastre, la urbanización del litoral, los vertidos de petróleo y fenómenos climáticos como temporales, inundaciones, sequías y olas de calor marinas son los principales factores que comprometen esta función de almacenamiento.
Ecosistemas costeros: sumideros de mercurio en peligro

El estudio, liderado por investigadores de varios países, destaca que los manglares, las marismas y las praderas marinas actúan como filtros naturales que atrapan contaminantes peligrosos, entre ellos metales pesados como el mercurio. Mientras estos ecosistemas se mantienen en buen estado, el mercurio queda inmovilizado en los sedimentos, pero su destrucción puede revertir ese proceso. Òscar Serrano, coautor del trabajo y director del grupo GAME del CEAB-CSIC, subraya que conservar estos espacios es clave para evitar que el mercurio vuelva a entrar en circulación. Las regiones más vulnerables, según el análisis, son Asia oriental, América Latina y el Caribe, África subsahariana y varias islas del Pacífico.
La amenaza en las aulas peruanas
En Perú, un informe del Consejo de Salud Ambiental (CSA) ha revelado que al menos 2.647 estudiantes y personal educativo están expuestos diariamente a niveles peligrosos de metales pesados en 39 escuelas de regiones mineras como Huancavelica, Áncash, Cajamarca, Junín y Lima. Los análisis de suelo muestran concentraciones de arsénico, plomo y mercurio que superan los Estándares de Calidad Ambiental del país. Muchos de estos colegios se construyeron sobre antiguos ingenios de procesamiento de plata y oro, donde se utilizaba cinabrio para extraer mercurio. Nicholas Robins, presidente del CSA, exige evaluaciones adicionales y acciones inmediatas para reducir el riesgo.
El epidemiólogo Enrique Ecos advierte que la exposición prolongada a estos metales, especialmente en niños y mujeres embarazadas, puede causar daños neurológicos irreversibles debido a la bioacumulación. En diciembre de 2023, un tribunal ordenó al gobierno peruano declarar la emergencia ambiental en Huancavelica por la contaminación con mercurio, plomo y arsénico, pero las autoridades aún no han implementado medidas concretas. La situación es especialmente crítica en zonas de alta pobreza, donde la falta de recursos agrava la vulnerabilidad de la población escolar.
Mercurio en la Amazonía boliviana: impactos en la salud

En Bolivia, un estudio interinstitucional realizado en comunidades de la Amazonía ha confirmado una elevada exposición al mercurio procedente de la minería ilegal y peces contaminados. Los análisis de cabello y de peces de la zona revelaron que más del 50% de los habitantes presentan daños hepáticos, más del 30% alteraciones en los glóbulos rojos y un 40% daño genotóxico, es decir, afectación en el ADN. Roger Carvajal, jefe de Biomedicina Experimental del Instituto Seladis, explicó que los síntomas más frecuentes son fatiga, anemia y mareos, aunque la exposición prolongada puede derivar en enfermedades degenerativas y cáncer.
Los investigadores recomiendan eliminar por completo el uso de mercurio en la extracción de oro y sustituirlo por tecnologías alternativas menos contaminantes. El Colegio Médico de Bolivia ha instado al gobierno a impulsar políticas públicas basadas en evidencia científica, ya que el país carece de una instancia que coordine las acciones frente a esta problemática. El estudio constituye una base científica para que las autoridades adopten medidas urgentes que protejan la salud de las comunidades amazónicas y los ecosistemas afectados.
La evidencia acumulada por estas investigaciones muestra que el mercurio no conoce fronteras: desde los sedimentos de manglares en costas lejanas hasta los suelos de escuelas en los Andes o los ríos de la Amazonía, este metal tóxico sigue siendo una amenaza global. La conservación de los ecosistemas costeros, la descontaminación de entornos escolares y la eliminación del mercurio en la minería son pasos necesarios para frenar su impacto. Mientras tanto, los científicos insisten en que la prevención y la restauración de los hábitats naturales son las herramientas más eficaces para evitar que el mercurio vuelva a circular y siga dañando la salud de las personas y el medio ambiente.
