La expansión de las algas invasoras y la respuesta científica y social

  • Las algas invasoras están generando graves impactos ecológicos y económicos en distintos mares y costas.
  • En Hawái, las tortugas verdes actúan como control biológico frente al alga Chondria tumulosa en los arrecifes de coral.
  • En Andalucía y el Estrecho, la Rugulopteryx okamurae provoca toneladas de arribazones que afectan a pesca, playas y ayuntamientos.
  • Ceuta se consolida como foco internacional de investigación y debate sobre la gestión y posible aprovechamiento de la biomasa de estas algas.

algas invasoras en el mar

Las algas invasoras se han convertido en uno de los frentes más complejos de la lucha contra la degradación de los ecosistemas marinos. En muy pocos años, su avance ha pasado de ser una curiosidad científica a un problema con repercusiones directas sobre la pesca, el turismo y la salud de los hábitats costeros.

Aunque la situación se manifiesta de forma distinta según el lugar, existe un hilo común: grandes masas de biomasa ajena a los ecosistemas locales que desplazan a las especies autóctonas, alteran la estructura de los fondos marinos y obligan a administraciones, científicos y sectores económicos a improvisar soluciones sobre la marcha, como muestra el primer mapa del alga asiática.

Algas invasoras en Hawái: las tortugas marinas como defensa inesperada

En el atolón de Manawai, en el noroeste de Hawái, los investigadores detectaron en 2016 la presencia de Chondria tumulosa, un alga invasora que forma mantos densos sobre los arrecifes de coral. Desde entonces, su expansión ha sido tan agresiva que ya ocupa más de un centenar de kilómetros cuadrados, sofocando al coral vivo y desplazando a la flora y fauna nativas.

La Chondria tumulosa llega a crear capas de hasta seis centímetros de grosor que cubren por completo las colonias de coral, impidiendo que reciban la luz necesaria para la fotosíntesis. Sin la energía que aporta la radiación solar, los pólipos se debilitan, pierden competitividad frente al alga y terminan muriendo, lo que deja tras de sí estructuras calcáreas degradadas y ecosistemas empobrecidos.

En este contexto, un equipo de la Universidad de Hawái en Manoa ha documentado un comportamiento que nadie esperaba con tanta intensidad: las tortugas marinas verdes están consumiendo grandes cantidades de este alga invasora. Grabaciones submarinas realizadas en 2025 muestran a estos reptiles pastando durante casi una hora seguida sobre las alfombras de Chondria tumulosa, con una eficacia que no se había observado en peces ni en erizos locales.

Los análisis de necropsias realizados por especialistas del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos han confirmado el alcance de este hábito alimenticio. En torno al 25% del contenido digestivo analizado en ejemplares de la zona está compuesto por fragmentos de esta alga exótica, lo que indica que no se trata de un consumo puntual, sino de un recurso ya integrado en su dieta.

Las cámaras instaladas en los fondos marinos captaron a hembras de tortuga realizando hasta 18 bocados en menos de dos minutos, arrancando trozos de hasta 15 centímetros de diámetro. Este patrón de alimentación continuada reduce la biomasa disponible de Chondria tumulosa, abre claros sobre el arrecife y permite que el coral reciba de nuevo luz, creando pequeñas ventanas de oportunidad para la recuperación.

algas invasoras en la costa

Además de este papel como «jardineras» del arrecife, las tortugas verdes actúan como recicladoras de nutrientes. Organizaciones dedicadas a la conservación de arrecifes recuerdan que sus excrementos aportan nitrógeno y fósforo al sistema, elementos que contribuyen al crecimiento de los corales y a la productividad global del hábitat, lo que fortalece su capacidad de resistencia frente a otras presiones, como el calentamiento del agua.

Pese a este efecto aparentemente positivo, los especialistas lanzan advertencias claras. La profesora Celia Smith, autora principal del estudio, subraya que la práctica totalidad de las tortugas verdes de la zona anida en Lalo y recorre grandes distancias por todo el archipiélago hawaiano. Esa movilidad podría favorecer, de forma involuntaria, la dispersión de fragmentos viables de Chondria tumulosa, transportados adheridos al caparazón o en el aparato digestivo a otras islas todavía libres de la invasión.

Por este motivo, las autoridades trabajan en reforzar el seguimiento mediante técnicas de ADN ambiental para detectar la presencia temprana del alga en nuevas localizaciones. Paralelamente, la recuperación de las poblaciones de tortuga verde, todavía catalogadas como especie en peligro de extinción, adquiere una doble relevancia: proteger a un reptil amenazado y, al mismo tiempo, sostener una de las pocas barreras naturales que hoy frenan el avance de esta plaga en los arrecifes de Hawái.

Rugulopteryx okamurae: una alga invasora que golpea las costas andaluzas

Mientras Hawái libra su batalla en los arrecifes, en el sur de Europa el foco se centra en otra especie exótica: Rugulopteryx okamurae, un alga de origen asiático que se ha asentado con fuerza en el Estrecho de Gibraltar y las costas andaluzas. Fue identificada por primera vez en 2016 a partir de grandes arribazones aparecidos en la costa de Ceuta y, desde entonces, su expansión ha sido constante a ambos lados del Estrecho.

En la actualidad, su presencia se extiende por las cinco provincias litorales de Andalucía (Cádiz, Huelva, Málaga, Granada y Almería), con especial incidencia en el litoral occidental de Málaga y Cádiz. La especie se caracteriza por una capacidad de colonización extraordinaria, una productividad muy elevada y biomasas que, según la propia Junta de Andalucía, no tienen precedente frente a otras algas tanto autóctonas como foráneas, como confirman estudios sobre cómo el alga asiática invade el litoral.

La magnitud de la invasión ha obligado al Gobierno andaluz a declarar la situación de fuerza mayor y extrema necesidad por la masiva llegada de esta alga a las playas, tal y como recoge un acuerdo aprobado a finales de abril de 2026. El documento, publicado en el Boletín Oficial de la comunidad, describe un escenario en el que la proliferación de arribazones ya no es solo un problema ecológico, sino un reto económico y logístico para ayuntamientos y sectores productivos.

Uno de los ámbitos más afectados es la actividad pesquera, especialmente la artesanal y el arrastre. Los bancos de Rugulopteryx okamurae dificultan el acceso de los peces a las redes y, en muchos casos, obligan a los pescadores a izar los aparejos saturados de algas, retirar manualmente la biomasa y reparar los daños en sus herramientas. Este proceso consume tiempo, incrementa los costes de operación y reduce la rentabilidad de las salidas al mar.

Las playas destinadas al baño, por su parte, sufren el impacto de grandes acumulaciones de algas en descomposición, que generan malos olores, lixiviados y una imagen poco atractiva para vecinos y turistas. La fermentación del material puede afectar a la salubridad, al entorno y al paisaje, obligando a redoblar esfuerzos de limpieza precisamente en los meses de mayor afluencia de visitantes.

Solo en el área del Estrecho de Gibraltar, las estimaciones de la Junta apuntan a una producción anual de biomasa en torno a las 100.000 toneladas de peso fresco. Esta cifra da una idea de la presión que soportan los municipios costeros, que deben organizar cuadrillas, maquinaria pesada y transporte continuo hacia vertederos autorizados para evitar que las algas se acumulen sin control.

Un ejemplo ilustrativo se encuentra en la ciudad de Cádiz. Las autoridades locales calculan que, durante el último año, se retiraron unas 2.000 toneladas de algas invasoras en sus playas, con picos especialmente acusados en zonas como La Caleta, donde en un solo día se llegaron a extraer 78.000 kilos de biomasa. En otros municipios del entorno, como Tarifa, la cifra total en un verano ha superado ampliamente las 11.000 toneladas.

Todo ese volumen se traduce en un gasto directo en gestión de residuos. El coste por depósito, incineración o coincineración ronda los 30 euros por tonelada, de modo que solo Cádiz podría enfrentarse a facturas próximas a los 60.000 euros anuales por este concepto. Un capítulo que se suma a los costes de personal, maquinaria y organización de turnos para que las tareas de limpieza no interfieran con la presencia de bañistas.

Para minimizar ese impacto, la Junta ha aprobado la exención del impuesto sobre el depósito de residuos en vertederos y en procesos de incineración cuando se trate de biomasa de Rugulopteryx okamurae. Esta medida, al aplicarse sobre toneladas y toneladas de material retirado, supone un alivio relevante para las cuentas municipales, aunque no resuelve la raíz del problema: la llegada continua de nuevas masas de algas desde el mar.

En la práctica, los servicios de limpieza se ven obligados a operar con camiones de gran capacidad, de unas 13 toneladas, y otros equipos pesados que, por su tamaño, no pueden compartir espacio con los usuarios de las playas. Por eso, la retirada se concentra de madrugada o a primera hora de la mañana, antes de que los bañistas lleguen a la orilla, lo que genera un esfuerzo organizativo adicional para los municipios costeros; servicios que, en ocasiones, han tenido que reforzar recursos locales, como han documentado retiradas en zonas urbanas (retirada en Nueva Andalucía).

En paralelo, la comunidad autónoma aprobó en 2025 un Plan de Gestión frente al alga invasora que define objetivos generales, líneas estratégicas y medidas específicas. El documento incluye desde el seguimiento científico de la invasión hasta la elaboración de protocolos de retirada y transporte de la biomasa, pasando por iniciativas de investigación orientadas a determinar si este material podría tener, en el futuro, aplicaciones útiles como materia prima en distintos sectores.

Ceuta, punto de encuentro internacional sobre la biomasa de algas invasoras

En el corazón del Estrecho de Gibraltar, Ceuta se ha consolidado como referente en el estudio de la Rugulopteryx okamurae. El Instituto de Estudios Ceutíes (IEC) ha impulsado desde hace una década una línea de trabajo centrada en esta especie invasora, que empezó a detectarse en el litoral ceutí a mediados de la década pasada y desde entonces no ha dejado de ganar terreno.

Como parte de esa trayectoria, el IEC ha anunciado la celebración de un segundo taller internacional dedicado a la gestión de la biomasa procedente de esta alga. El encuentro, concebido como un foro multidisciplinar, pretende actualizar el conocimiento acumulado en los últimos años y poner en común las experiencias de diferentes territorios afectados tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico.

El interés científico por la Rugulopteryx okamurae se ha disparado en este periodo, no solo por su expansión, sino por las dudas sobre cómo manejar las enormes cantidades de biomasa que se acumulan en las playas y en los fondos. Los organizadores del taller destacan que el conocimiento sobre la biología, ecología y dinámica de la especie ha avanzado de manera notable, al igual que las técnicas para su retirada, transporte y acopio.

Sin embargo, la gestión sigue enfrentando interrogantes. Una de las grandes cuestiones abiertas tiene que ver con el posible aprovechamiento de la biomasa en aplicaciones comerciales o industriales. Aunque se han planteado hipótesis prometedoras, todavía no se ha logrado escalar ninguna de estas opciones a un nivel que permita absorber volúmenes significativos de alga y convertir un residuo problemático en un recurso estable.

El taller contará con la participación de 54 asistentes entre investigadores, técnicos, gestores públicos y representantes del sector privado. El carácter internacional del encuentro se refleja en la procedencia de los ponentes y participantes: Portugal, Italia, Marruecos, Argelia y España estarán representados, junto con territorios como Canarias, Madeira, Andalucía, Cataluña, Ceuta y Melilla, además de otros países de fuera del entorno europeo. Para facilitar el intercambio, el programa incluye servicio de traducción simultánea.

Impacto ambiental, económico y búsqueda de usos para la biomasa

Los debates que se desarrollarán en Ceuta giran en torno a varias dimensiones del problema. Por un lado, se analizará el impacto ecológico del alga invasora sobre los fondos marinos y los hábitats naturales. La llegada masiva de Rugulopteryx okamurae altera las comunidades bentónicas, cambia la disponibilidad de luz, oxígeno y espacio, y condiciona la presencia de especies clave para la pesca y la biodiversidad.

Por otro lado, estarán muy presentes las repercusiones socioeconómicas en sectores como la pesca y la gestión de playas. Las flotas artesanales y de arrastre, ya tensionadas por otros factores, deben adaptarse a un escenario en el que sus caladeros habituales pueden quedar cubiertos por extensas praderas de alga exótica. Las administraciones locales, a su vez, asumen costes crecientes de limpieza, almacenamiento y tratamiento de los residuos generados.

Ante este panorama, una de las líneas más activas de investigación se centra en la valorización del material vegetal. Se manejan dos grandes bloques de posibles usos. El primero explora el aprovechamiento químico y bioquímico de sus componentes para aplicaciones cosméticas o farmacológicas, analizando compuestos que pudieran tener interés industrial. El segundo se orienta al desarrollo de productos como envases biodegradables o materiales sostenibles a partir de la biomasa procesada.

También se han puesto sobre la mesa aplicaciones más cercanas al sector agrario, como abonos o sustratos agrícolas. La capacidad de retener humedad y aportar determinados nutrientes podría hacer de estas algas un complemento interesante en suelos degradados o cultivos que requieran mejorar la estructura del terreno. No obstante, los especialistas insisten en la necesidad de evaluar con cautela posibles efectos secundarios y la viabilidad económica a gran escala.

Por el momento, todas estas alternativas se encuentran en fase experimental y de proyecto piloto. No existe todavía una cadena de valor consolidada que permita absorber de forma constante las grandes cantidades de biomasa que llegan a las costas. Esa falta de soluciones consolidadas explica que, por ahora, la prioridad siga siendo contener el impacto inmediato en playas y actividades productivas mediante retiros masivos y gestión de residuos.

El taller abordará, además, cuestiones de gobernanza y coordinación institucional. La gestión de una especie invasora que afecta al dominio público marítimo-terrestre exige una colaboración estrecha entre distintas administraciones, desde los ayuntamientos costeros hasta los gobiernos regionales y estatales, pasando por organismos encargados de medio ambiente, pesca, costas y residuos.

En este espacio tendrán peso también las experiencias internacionales en el tratamiento de especies exóticas. Expertos procedentes de universidades, administraciones y empresas especializadas en valorización de residuos vegetales compartirán casos prácticos, protocolos de retirada, sistemas de transporte y modelos de financiación que puedan servir de referencia para los territorios del Estrecho y otras zonas afectadas de Europa.

Participación ciudadana y divulgación sobre algas invasoras

Una de las novedades del programa en Ceuta es la inclusión de una jornada divulgativa abierta a la ciudadanía, que se celebrará en la Biblioteca Pública del Estado. Esta sesión, prevista para la tarde del 13 de mayo, busca acercar la problemática de las algas invasoras a un público más amplio y poner en valor el papel de la ciencia ciudadana en su detección y seguimiento.

Entre las actividades previstas figura la proyección de un documental sobre la invasión de Rugulopteryx okamurae, con testimonios de expertos y de colectivos directamente afectados. A continuación, se desarrollarán ponencias de carácter divulgativo en las que se explicará, con un lenguaje accesible, cómo se comportan estas especies exóticas, por qué logran expandirse con tanta rapidez y qué consecuencias tienen para las comunidades costeras.

En esta jornada está prevista la participación de especialistas en especies invasoras y ciencia ciudadana, que profundizarán en la importancia de las observaciones realizadas por pescadores, buceadores recreativos, asociaciones vecinales y otros colectivos. Sus avisos pueden aportar datos clave para identificar nuevos focos, detectar cambios en la distribución de la alga y complementar el trabajo de los equipos de investigación.

El programa incluye además intervenciones centradas en el papel de la ciudadanía en la detección precoz y el control de especies exóticas, tanto en el medio marino como en otros ecosistemas. Se abordarán herramientas sencillas, como aplicaciones móviles de registro de avistamientos, protocolos básicos de notificación y buenas prácticas para evitar la propagación involuntaria de organismos invasores.

Por último, se ha invitado a un experto procedente de Colombia para compartir experiencias comparadas con invasiones de algas en otros contextos internacionales. Este intercambio permitirá contrastar la situación del Estrecho con otros escenarios y conocer medidas que se han ensayado en América Latina u otras regiones, algunas de las cuales podrían adaptarse, con cautela, a las particularidades de las costas europeas.

La suma de estos esfuerzos, desde las tortugas verdes que mantienen a raya a la Chondria tumulosa en Hawái hasta los planes de gestión, talleres internacionales y medidas fiscales que afrontan la Rugulopteryx okamurae en Andalucía y Ceuta, dibuja un panorama en el que las algas invasoras se han convertido en un desafío global y persistente. La respuesta combina ciencia, política pública, innovación industrial y participación social, con el objetivo de contener su expansión, reducir los daños ecológicos y económicos y, cuando sea posible, transformar una amenaza en una oportunidad de conocimiento y de nuevos usos sostenibles.

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