La Guardia Civil decomisa 230 kilos de pesca ilegal en la Reserva Marina de La Graciosa

  • Intervenidos 230 kilos de pescado capturado ilegalmente en la Reserva Marina de La Graciosa
  • Embarcación profesional no autorizada, fuera del censo de buques que pueden faenar en la zona
  • Uso de nasas prohibidas, faena nocturna y con luces apagadas para evitar la detección
  • Posibles sanciones de hasta más de 300.000 euros y retirada de licencia según la Ley de Pesca de Canarias

pesca ilegal en Canarias

La actuación más reciente contra la pesca ilegal en Canarias ha tenido como escenario la Reserva Marina de La Graciosa, uno de los espacios marinos más protegidos del archipiélago. En un operativo conjunto, la Guardia Civil ha decomisado un importante volumen de capturas que, según la investigación, procedían de una actividad completamente al margen de la normativa.

En total, los agentes se incautaron de 230 kilogramos de pescado supuestamente extraído de la reserva sin los permisos necesarios y con métodos expresamente vetados. El caso ha vuelto a poner sobre la mesa la preocupación por la presión que supone la pesca furtiva sobre los ecosistemas marinos y sobre la viabilidad de la pesca profesional que sí cumple las reglas.

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Operativo en la Reserva Marina de La Graciosa

El dispositivo fue desarrollado por componentes del Destacamento Marítimo de Fuerteventura, integrado en el Servicio Marítimo Provincial de Las Palmas de la Guardia Civil, en coordinación con personal del servicio de operatividad y seguimiento de la propia Reserva Marina. Este último depende del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) a través de la Secretaría General de Pesca.

Según la información facilitada por el cuerpo, la intervención se produjo tras detectar actividad pesquera irregular en el interior de la Reserva Marina de La Graciosa. Los agentes localizaron e interceptaron una embarcación de lista tercera —es decir, un barco de pesca profesional— que no aparecía en el censo oficial de buques autorizados para trabajar en este enclave.

En el momento de la inspección, la embarcación transportaba una cantidad considerable de pescado que, de acuerdo con las primeras comprobaciones, habría sido capturado mediante nasas, un tipo de arte de trampa cuya utilización está tajantemente prohibida dentro de la reserva. Este hecho fue uno de los elementos clave para activar el correspondiente expediente sancionador.

Las capturas intervenidas fueron atribuidas a la propia Reserva Marina de La Graciosa, un espacio en el que la actividad pesquera está sujeta a controles especialmente estrictos debido a su alto valor ecológico. El decomiso de los 230 kilos de pescado pone de relieve el alcance de la operación y la dimensión del presunto incumplimiento.

Normativa específica y artes de pesca permitidas

La actuación se apoya en la Ley 17/2003 de Pesca de Canarias, que regula la actividad pesquera en aguas de competencia autonómica y fija las condiciones para pescar en áreas protegidas. Esta ley establece que, en zonas como la Reserva Marina de La Graciosa, cualquier actividad extractiva requiere de una autorización expresa y estar sujeta a modalidades muy concretas.

La gestión de la reserva está compartida entre la Secretaría General de Pesca, dependiente del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria del Gobierno de Canarias. Ambas administraciones coordinan los permisos, cupos y técnicas admitidas con el objetivo de compatibilizar la conservación con la pesca profesional y recreativa.

En el ámbito profesional, únicamente se permiten artes tradicionales muy definidas, principalmente basadas en anzuelos dirigidos a especies concretas, con cupos y condiciones de esfuerzo pesquero regulados. Estas técnicas buscan reducir el impacto sobre el fondo marino y sobre las especies que se pretende preservar.

En cuanto a la pesca recreativa, las posibilidades están todavía más acotadas. Solo se autoriza el uso de caña, cordel o curricán, siempre con licencia en vigor y autorizaciones específicas para faenar dentro de la reserva. Cualquier arte de trampa, como las nasas, queda completamente excluida de las modalidades admitidas en este entorno.

Uso de nasas prohibidas y faena nocturna

Las pesquisas realizadas por la Guardia Civil detallan que el patrón de la embarcación investigada calaba nasas en zonas concretas de la Reserva Marina, entre las que destacan áreas como Playa Lambra y Punta La Sonsa. Ambas se ubican dentro del perímetro protegido, donde este tipo de arte está vetado.

De acuerdo con la información recabada, las nasas permanecían fondeadas durante varios días antes de ser revisadas, lo que incrementa el número potencial de capturas y el impacto sobre las poblaciones de peces. Esta práctica intensiva resulta especialmente lesiva en un entorno que aspira a actuar como refugio y área de reproducción de numerosas especies.

Otro de los elementos que ha llamado la atención de los investigadores es que la actividad se realizaba de noche y con las luces de navegación apagadas. Esta conducta, además de suponer un riesgo para la seguridad marítima, tiene el claro objetivo de dificultar la detección por parte de los dispositivos de vigilancia.

La suma de estos factores —uso de nasas prohibidas, faena dentro de un espacio protegido, falta de autorización y maniobras para eludir el control— apuntala la calificación de la conducta como un conjunto de infracciones administrativas de carácter grave dentro del régimen sancionador de la Ley de Pesca de Canarias.

Sanciones y vías de actuación administrativa

Tras la intervención, el pescador profesional ha sido denunciado por varias infracciones relacionadas con la normativa pesquera y la protección de espacios marinos. El expediente ha sido remitido a la Viceconsejería de Pesca y Agricultura del Gobierno de Canarias, órgano competente para tramitar la causa y determinar las sanciones concretas.

La Ley 17/2003 de Pesca de Canarias contempla un abanico de multas que va desde los 301 euros hasta más de 300.000 euros, en función de la gravedad de los hechos, la reiteración de la conducta, el volumen de las capturas y el daño ocasionado al recurso pesquero y al ecosistema. En casos especialmente serios, la normativa prevé también la posible retirada de la licencia de pesca.

En este tipo de procedimientos, las autoridades valoran no solo el uso de artes prohibidas, sino también el hecho de operar en un espacio con un régimen de protección reforzado y de hacerlo mediante prácticas diseñadas para esquivar los sistemas de control, como la navegación sin luces en horario nocturno.

Además de las sanciones económicas y administrativas, este tipo de actuaciones sirven como aviso para el resto del sector. El objetivo es frenar conductas que ponen en riesgo tanto la sostenibilidad de los recursos pesqueros como la igualdad de condiciones entre quienes cumplen la normativa y quienes intentan obtener ventajas mediante la pesca furtiva.

Colaboración ciudadana y protección del medio marino

La Guardia Civil ha recordado que mantiene habilitado el correo electrónico sugerencias@guardiacivil.org como canal de comunicación directa con la ciudadanía. A través de esta dirección, cualquier persona puede remitir informaciones o indicios sobre posibles actividades ilícitas relacionadas con la pesca u otros ámbitos que puedan derivar en nuevas investigaciones.

Este tipo de colaboraciones resulta especialmente útil en entornos como la Reserva Marina de La Graciosa, donde no siempre es sencillo detectar las maniobras furtivas debido a la amplitud de la zona y a las estrategias que utilizan algunos infractores para pasar desapercibidos, como faenar en horario nocturno o alejarse de las rutas habituales de vigilancia.

Las reservas marinas y otras áreas protegidas tienen un papel clave en la recuperación de poblaciones de peces y en la conservación de hábitats marinos sensibles. En muchos casos, el buen estado de estos espacios repercute positivamente en las zonas adyacentes, permitiendo una pesca más sostenible a medio y largo plazo.

De ahí que las autoridades insistan en la necesidad de respetar las reglas del juego: las restricciones de artes, las cuotas, los horarios y los perímetros protegidos no son un capricho, sino herramientas para asegurar que la actividad pesquera pueda mantenerse en el tiempo sin agotar los recursos ni deteriorar irreversiblemente el entorno.

Lo ocurrido en La Graciosa ilustra cómo la combinación de vigilancia marítima, aplicación de la normativa y colaboración ciudadana permite atajar prácticas irregulares que, aunque puedan parecer puntuales, tienen un impacto acumulativo nada desdeñable sobre el mar canario y sobre quienes tratan de vivir de él respetando las normas.